Córdona Heróica repudia las palabras de odio hacia los ciudadanos Argentinos. Y solicita a las autoridades tomen medidas para evitar las discriminaciones xenofogas de politicos hacia los ciudadanos.

Desde Cordoba Heroica le decimos ¡Basta! a las discriminaciones xenofogas de politicos argentinos para con sus ciudadanos. Exigimos de las autoridades se dicten leyes condenando palabras y calificativos tales como: "Odio", "Golpista", "Gorila", "Oligarca", "vende patria", "cipayo", "nazi", "fascista", "Buitre", "Destituyente".


EXIGIMOS JUSTICIA POR: Las víctimas mortales de la tragedia del tren de Once: Juan Carlos Alonso; Karina Mariela Altamirano; Jonathan Maximiliano Báez; Dionisia Barros; Claudio F. Belforte; Natalia Benitez; Federico Agustín Bustamante; Micaela Cabrera Machicao; Darío Cellie; Daniel R. Matías Cerricchio; Juan Daniel Cruz; Graciela Beatriz Díaz; Sabrina Florencia Espíndola; Lucía Fernández Chaparro; Florencia Fernández Sugastti; Juan Leonel Frumento; Yolanda Sabrina Galván; Carlos María Garbuio; Alberto David García; Mónica Garzón; Marcela Alejandra Gómez; Ranulfo González Centurión; Verónica González Franco; Claudia Mariel Izzia; Fernando Andrés Lagrotta; Estela Legia (o Lei Jiang Yan); Nayda Tatiana Lezamo; Isabel López; Nancy López; Roberto López Pacheco; Alex Nahuel Martínez; Lucas Menghini Rey; Marina Moreno; Miguel Angel Núñez Vilcapona; Lucas Gabriel Palud Quini; Sofía Peralta; Silvia Gabriela Pereyra; Gloria Cecilia Pinilla León; Tatiana Pontiroli; Esther Sandra Reyes; Braulio Romero; Graciela Romero; María Scidone; Rosa Margarita Tevez; Sonia Torres Rolón; Gloria Alejandra Troncoso; Nicolás Elías Villalba; Pablo Fernando Zanotti; Cristian Zavala; Ana Teresa Zelaya; Ariel Zúñiga. VÍCTIMAS DE UN ESTADO IRRESPONSABLE - ¡JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES POLÍTICOS Y EMPRESARIALES!

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domingo, 1 de mayo de 2016

DESHONESTIDAD

El umbral de la deshonestidad. Cuando ciertos hechos de corrupción se mediatizan y llegan a oídos de la opinión pública, con sobrados motivos, la gente se escandaliza, se indigna y no puede contener su bronca e impotencia. Esta actitud no es inadecuada en sí misma, de hecho es esperable. Pero vale la pena reflexionar profundamente acerca del verdadero trasfondo de esta reacción ciudadana. Por momentos, diera la sensación de que la corrupción como hecho puntual no es lo que molesta, sino el contexto general, algunos pormenores y, sobre todo, el modo burdo en el que se desarrollan estas canalladas. La gente cree que los gobernantes, en general, son corruptos. Ya no caben dudas al respecto. Esta no es una mera suposición ya que lo afirman los estudios más serios sobre el tema. No solo ocurre así en este país, sino en casi todo el planeta, aunque con visibles matices bastante diferenciados. El ciudadano de a pie intuye que el funcionario de turno, de cualquier jurisdicción y color político, se apropia de los recursos públicos en alguna medida. Supone que algunos roban ofreciendo favores a cambio de dinero, pero también cree que los otros, lo hacen con una disimulada eficacia adueñándose de "monedas" pero bajo una idéntica y equivalente actitud. Ese individuo, alejado de la labor estatal, lo sospecha, pero en realidad no lo sabe con precisión. Algunas señales pueden darle más asidero a sus presunciones, pero no dejan de ser tales porque los elementos concretos que confirmarían su visión no están a mano, ni son contundentes. A la política tradicional este asunto no le preocupa demasiado. Algunos personajes se ofenden por esa exagerada generalización, pero tampoco hacen demasiado para transparentar su propia gestión. Enojarse sirve de poco. En todo caso bien valdría intentar comprender en que se basan esas impresiones subjetivas de la sociedad, y eventualmente, actuar fuertemente sobre ellas, con acciones concretas y no con discursos vacíos. Los dirigentes tampoco hacen mucho al respecto, pero ya no por desidia, negligencia o abulia, sino porque claramente precisan de esa "oscuridad" en la administración de los recursos públicos que les resulta vital y funcional para hacer política a diario financiándose con las arcas del Estado. Es interesante analizar detenidamente ese fenómeno de naturalización yde segmentación de la corrupción. Es increíble como se ha deteriorado progresivamente el estándar moral de la gente, moviéndose en las últimas décadas, en la dirección indeseada y a una gran velocidad. Solo parece intolerable aquella corrupción que resulta obscena, que demuestra su impudicia sin camuflaje alguno, que ofende a la sociedad por la ostensible impunidad y la falta de decoro de sus protagonistas. Pero es importante comprender que las causas de la corrupción pasan por otro lado. Los casos más escandalosos, son solo eso, una versión agravada de lo cotidiano y por eso tal vez fastidien tanto. Lo preocupante es que la sociedad solo condena aquellos actos de corrupción desenfrenada y no a otros de menor cuantía. Cataloga como ladrones solo a los que detentan un gran prontuario y no al resto que, haciendo lo mismo, no han sido aun descubiertos, o que por su significación económica no parecen tan trascendentes. Claro que las proporciones tienen relevancia, pero si alguien mata a una persona de una decena de puñaladas generando una enorme conmoción por el ensañamiento y por su crueldad, eso no convierte automáticamente al homicida que asesina con un solo golpe certero, en un ciudadano inocente. La malicia debe ser cuestionada siempre y no solo cuando alcanza cierta envergadura. Un ladrón es alguien que se adueña de lo ajeno sin su consentimiento. Ese calificativo no puede depender de la cuantía de lo robado, ni de la espectacularidad del suceso, sino de su lineal accionar. La sociedad moderna ha incorporado ciertas costumbres y se ha adaptado mansamente a ellas. Acepta lo inadmisible como si fuera un hábito correcto. La resignación y la sumisión siguen siendo pésimas aliadas y la política lo sabe, por eso se aprovecha de esta complicidad cívica sin piedad. Todos estos hechos de corrupción son solo la punta del ovillo. Bienvenido este instante en el que muchos de esos casos se están conociendo con lujo de detalles, pero es importante ir hasta el fondo, ya no solo para descubrir a los verdaderos "jefes de la banda" y desenmascararlos, sino para empezar a desmontar la maquinaria que permite que esto suceda casi a diario. Desarticular la corrupción no se consigue solo encarcelando a los más renombrados delincuentes. No desaparecerán de la escena este tipo de situaciones tan fácilmente. Mutarán, se reconvertirán, buscarán otros mecanismos, pero finalmente sobrevivirán y entonces vendrán nuevas generaciones de malhechores dispuestos a apoderarse de lo impropio. Para ser eficaces en esta dura batalla contra la indecencia, se debe ir hasta el hueso. Primero es imprescindible comprender la dinámica del Estado, su arbitrariedad y los resquicios que eso genera. La causa originaria no está en el accionar aislado de un conjunto de delincuentes, sino en la existencia y supervivencia de un sistema perversamente inmoral que ha sido diseñado intencionalmente para facilitar estos instrumentos que resultan funcionales a la política en general y, especialmente, a sus intérpretes. Claro que hay que hacer reformas para que esto no vuelva a ocurrir nunca más. Es demasiado evidente que no alcanza con arrestar a unos cuantos, ni mucho menos con horrorizarse frente a ciertos groseros ilícitos. Pero la sociedad también debe asumir su cuota de responsabilidad e intentar hacer su parte, encarar lo necesario y modificar su elemental matriz conceptual. Si la gente considera que quedarse con "un poco" de dinero de los contribuyentes es normal, que esas son las reglas de juego, que así fue siempre y no es tan grave, pues entonces todo seguirá exactamente igual y estos incidentes serán solo una anécdota más sin que esto haya servido para casi nada. No existen dudas de que la política es responsable de lo que sucede pero la sociedad también es parte central de este pérfido mecanismo y tiene en sus manos la llave para lograr un cambio con mayúsculas. Solo debe replantearse el problema, operar sobre sus verdaderas causas y cuestionar activamente su actual visión sobre el umbral de la deshonestidad. Alberto Medina Méndez albertomedinamendez@gmail.com

FUTURO DEL MACRISMO

Por Ezequiel Gatto “El discurso del macrismo no es el de la tecnocracia tradicional sino el de la nuevas tecnologías digitales, de la comunicación y la información, las del capitalismo afectivo”. Uno de los ejes discursivos que el macrismo/duranbarbismo supo disponer con éxito y que, a mi entender, acabó siendo decisivo en las elecciones presidenciales de 2015 fue el manejo de las temporalidades históricas. En su propio nombre (Pro) que indica en latín aquello que “tiende a algo en el futuro, que se mueve hacia adelante”, en la invitación inscripta en “Cambiemos”, la alianza gobernante se configuró desplegada hacia el futuro y no aludiendo a rasgos propios adquiridos (lo Radical de la Unión Cívica; la definición de peronista, etc). Respecto a los adversarios electorales, dicha estrategia fue utilizada en un sentido que, cuando funciona, es altamente eficaz en la desestructuración del rival político: la condena del otro por “ser parte pasado”. Una y otra vez el macrismo refiere y refirió a no atarse a “recetas del pasado”, a superar las “formas de la política del s. XX” y, en palabras que pueden leerse en el portal de Presidencia de la Nación a la necesidad de “tener un estado del s.XXI”. Quizá la última estrella, ya en tiempos de gestión y no de campaña electoral, de esa estrategia de temporalización política sea la de haber nombrado como “pesada herencia” los doce años de gobierno kirchnerista. El pesado pasado. Gracias a esos recursos el macrismo logró algo que también el kirchnerismo, en sus primeros años, supo construir con mucha eficacia: presentarse como una novedad. Y para esa presentación es forzoso destinar el casillero del pasado al otro. En ese sentido, el macrismo como discurso tuvo un éxito relativo en convertir al kirchnerismo en un anacronismo, en una existencia sin derecho, una excrecencia temporal. Éxito porque lo desplazó del gobierno; y relativo porque la impresión es que el kirchnerismo, aunque aún no esté claro cómo, será un monto de energía, discursos y símbolos que no se esfumará sino que insistirá en la configuración política de aquello que se enfrente al macrismo. Como sea, el macrismo está obsesionado con el futuro. Invoca el sustantivo con tanta frecuencia que ya parece una adicción. Con seguridad porque no tiene mucho pasado propio para ostentar (y porque ese territorio está destinado a la ya mencionada “pesada herencia”, algo así como la Tierra con Mal) y porque sus medidas, actualísimas, presentes, no le permiten enunciarse en términos demasiado auspiciosos. Cuanto mucho, parafraseando a Scott Fiztgerald, podrían decir que “el presente es una empresa de demolición”. Sin embargo, parece haber más cosas en ese futuro que un simple eludir los otros tiempos sociales. Fragmentos de proyectos, futuros deseables, utopías de gerentes. No por nada una de las primeras medidas de gobierno, deudora de ese discurso, fue instituir el Ministerio de Modernización (una expresión que en sí misma invoca una relación con el futuro), punta de lanza (y patovica) de la estrategia de reorganización nacional que ya lleva producidas decenas de miles despidos. En el sitio web del nuevo Ministerio se lee una promesa: “El Estado al servicio de la gente. Un Estado inteligente con servidores públicos capacitados para brindarle más y mejores servicios a los ciudadanos. Esto es el Siglo XXI y en eso trabajaremos día y noche”. Como puede verse, allí aparece la idea del anacronismo nuevamente. Argentina habría sido un país desfasado en el tiempo, un país atrasado respecto a un reloj mundial que, en algún sitio (¿dónde?) daría la hora exacta, la hora verdadera, la hora de la absoluta contemporaneidad. El aspecto interesante en términos de futuridad es que no se trata tanto de un futuro que no se conoce sino de un presente en otro sitio (allí donde sí, efectivamente, vivirían en el s.XXI) que debería convertirse en el presente aquí. “El modelo es India”, dijo Michetti que dice Macri, que también le declaró su amor a Obama. Como los teléfonos y las aplicaciones, el problema del futuro, para el macrismo, es un problema de actualización. De los tecnócratas a los cibernéticos Muchos se ríen de Macri cuando habla -es decir, divulga- tecnología, de valijas que sirven para dialogar, de médicos-robots. Algunos recuerdan a Menem y su cohete estratoférico a Japón. Yo, en cambio, lo escucho, o le creo, hasta preocuparme. Le creo a Macri porque, a diferencia de la vieja derecha, conservadora/tradicionalista/ castrense, esta nueva expresión, educada en universidades privadas mucho más que en iglesias y cuarteles, y en el extranjero mucho más que cualquier otro sector social argentino hasta hoy, tiene una esperanza y una estrategia en la que la innovación tecnológica es una pieza fundamental de sus imaginarios de futuro. Y no es la carrera, o mejor el trote rezagado, espacial del menemismo: eso era casi un epílogo a los sueños de la Guerra Fría. La fe presente en la tecnología, que un libro reciente ha bautizado como “el solucionismo tecnológico”. En esta línea hay que leer al jefe de Gabinete Marcos Peña, cuando asegura que “el tema central no es la discusión sobre si es un Estado más grande o más chico, sino que funcione, brinde respuestas, que vaya mejorando acorde a las posibilidades de la tecnología tanto a nivel nacional, como en las provincias y los municipios”. Peña no está “mintiendo”. Para él, como para cualquier derivación del pensamiento gerencial, que las cosas funcionen quiere decir que respondan (vale aclarar, a preguntas que por lo general se decantan en “sí/no” o en “aquí/allá”) y que esa respuesta se vehiculice tecnológicamente. El Estado eficiente, el estado soñado por esta gente, es un Estado que no está para ser motivo de conflictos, botín de discusiones y tensiones políticas. En este pasaje, no deberíamos minusvalorar el desplazamiento, en lo simbólico, de un Poder ejecutivo argentino encarnado, en sus momentos democráticos, casi exclusivamente por abogados (con la salvedad del radical Arturo Illia, quien era médico) a un ingeniero, mucho más preocupado por los procesos y su eficacia, por los flujos y su control que por los agentes concretos que participan de dichos procesos y, sobre todo, por la dimensión discursiva de la polémica o, al menos, la consideración terapeútica de la enfermedad y la cura. Afín, pero diverso, a las tradiciones militares, el ingeniero se inclina por las órdenes claras y la obediencia, por la eficiencia. En otros términos, el Estado es un estado tecnológico-administrativo que debe responder eficazmente. Si las viejas fuerzas tenían “programas de Estado”, el macrismo concibe al “Estado como un programa” al modo en que los cibernéticos y las ciencias de la información han venido haciendo desde, al menos, los años setentas. En definitiva, eso dicen cuando dicen, como el ministro de Modernización Andrés Ibarra, que “estamos en el s. XXI”: que ha llegado el turno del gobierno de los gerenciadores cibernetizados. Pareciera extraño, porque las campañas del macrismo son “emotivistas e individualizadas”, algo que en principio pareciera contra la idea que se tiene de un gobierno de las tecnologías. Sin embargo, esa es la gran diferencia con las tecnocracias tradicionales (vale decir, las que se forjaron en condiciones de la segunda revolución industrial, hecha de automotrices, metalurgia y desarrollo tecnológico y que se inscribieron en las grandes organizaciones del trabajo, esas empresas elefantíasicas). Ahí también se inscribe la distancia entre el neoliberalismo menemista, todavía apegado a la “frialdad” de las tecnologías espaciales, y el neo-neoliberalismo macrista, cuya punta de lanza está en la proximidad que brindan las redes sociales como protocolo comunicativo “cálido” y de regulación social. El discurso del macrismo no es el de la tecnocracia tradicional sino el de la nuevas tecnologías digitales, de la comunicación y la información, las del capitalismo afectivo. El filósofo argentino Gustavo Varela ha dicho recientemente que, en el horizonte del macrismo, está convertir al gobierno en una aplicación. Podemos ver con sorna el recurso a gurúes orientales y retóricas del entusiasmo propio de un pastor evangelista. Sin embargo, allí están, son eficaces y dan cuenta de una idea que incorpora a las técnicas de gobierno las hipótesis de la regulación ya no piramidal sino reticular de las poblaciones. No es casual que esos discursos, por así decir, vitalistas, que invocan la paz y los ritmos de la naturaleza, aparezcan en este preciso instante como recursos políticos. Lograr reproducir la lógica de la vida a partir de matrices tecnológicas en la gran ilusión de la avanzada cibernética: duplicar para gobernar. Desde una célula a los datos biométricos, todo tiene que ver con todo. La incorporación reciente de un “gerente de felicidad” consuma un proceso que comenzó en Califronia, allá por los años sesentas, por el cual la figura del empresario y la del guía espiritual se han ido acercando hasta fusionarse y que se continuó en el descubrimiento publicitario de que vender no tenía que limitarse a ofrecer un producto enumerando sus características y las razones por las cuales debía ser adquirido sino que bien podía ampliarse a la estructuración de una experiencia subjetiva, que resaltara emociones y encuentros con otros. Cuando el capitalismo comprendió que consumir era algo que se hacía individualmente pero que requería condiciones colectivas, toda su infraestructura (empresarial, organizativa y discursiva) se modificó irreversiblemente. Hoy ese discurso, que nos acompaña hace décadas desde televisores, radios, computadores, paradas de subte y vía pública, ha logrado poner a su primer presidente. Un capitalismo sin humanos Porque, hay que aceptarlo, los ricos, además de no pedir permiso, también tienen utopías. El sueño del capitalismo de gerentes cibernéticos es el de un fluir sin roces, sin obstáculos de ningún tipo. Que los procesos coincidan con la información, que la información sea puro valor. En ese sentido, los humanos son un problema para este capitalismo de costo cero. Por eso, mucho más que con explotarlo, el capital sueña con desprenderse del trabajo. Esa es su utopía; lo explota porque no puede desprenderse. Cuando Macri y su troupe habla de crear “trabajo genuino” lo que está diciendo es que se trata de generar condiciones para que el trabajo sea al menor costo posible. La genuinidad se alcanza en el momento en que los procesos de valorización del capital se liberan finalmente de las tensiones. Por eso Macri invoca al médico-robot, cúspide de los imaginarios de eficacia y esclavitud automatizada, y a las valijas para dialogar, objetivación de una comunicación sin malentendidos ni disidencias. Cuando Macri divulga los beneficios de la Inteligencia Artificial no lo hace sólo en términos de “una tecnología al servicio de la gente” sino de una tecnología que logre dar el último salto hacia la liberación final del capitalismo respecto al trabajo humano. Reírse en este punto de Macri, considerarlo un idiota soñador, es perder de vista que para él y los suyos la inteligencia artificial, la automatización, la minimización de la presencia humana responden a la fantasía empresarial de que controlar privadamente las máquinas permitiría, por fin, olvidarse del trabajo. El famoso desempleo tecnológico del que habló Jeremy Rifkin a principios de los noventas sería el primer paso (o el segundo) en un camino que debería desembocar en el empleo poshumano. Desde el punto de vista del trabajo, el gerente quiere convertir a la humanidad toda en una masa de supernumerarios, algo que la literatura ciberpunk vio con maestría a principios de los años ochentas, cuando desarrolló una narrativa que vinculaba grandes empresas y vidas lujosas en un entorno social signado por la supervivencia de las mayorías ligada a las más diversas actividades criminales o marginales. Tal como afirman Fred Moten y Stephano Harney en su reciente libro “Undercommons”, el gerente duerme sobre un colchón financiero desde el que sueña un mundo puro, es decir, de logística sin humanos. Porque ser gerente es asumir esa tarea de maquinización, ya no industrial sino digital (y, rpo ende, a la velocidad de la luz), de desmonte y alisado. Como en las tierras destinadas a la soja. O, en términos laborales, de adelgazamiento, de eliminación de grasas, de reducción al mínimo del costo laboral. El pensamiento gerencial devenido política de gobierno, configura un capítulo más, pero extremo, de la disputa entre someter la administración de las cosas a la riqueza de la vida y reducir la riqueza de la vida a la administración de las cosas. El futuro tiene que ser de la pura logística. ¿Qué se imaginan estos tipos? Supongamos, por un instante, que aciertan el pleno. Supongamos que Macri mira el país y se parece un poquito más al de sus sueños. ¿Qué sería ese país? ¿Qué imágenes de futuro maneja el macrismo, además del propio enriquecimiento? O, mejor dicho, ¿qué mundo futuro proyectan estos ricos de hoy, fascinados por las tecnologías de la información, la comunicación y la vida? El 22 de noviembre, con la victoria ya consumada, Macri arremetió con su primer discurso como presidente. Fue, como tantos otros, sencillo, simplista y emotivo. Para quienes nos oponemos a sus políticas y los modos de vivir que encarna y propone, suele ser un espanto de la retórica política. Para millones que lo votaron, es un motor de producción fantástica, de invitación a aventuras livianas, de tranquilidad y alegría. En fin, nada que una publicidad comercial no encierre en sí misma. Nadie puede oponerse a expresiones tan abstractas como libertad, alegría, justicia. Su vaguedad está pensada (y esto, remarquemos, no es privativo del macrismo) para poder ser apropiadas fácil, placentera e individualmente. Sin embargo, nadie escapa de las condiciones y determinaciones. Es sólo cuestión de mirar la trama y no el dibujo. Esa noche, casi al comienzo del discurso, Macri produjo una imagen muy significativa, a la que jamás había recurrido antes. Luego de decir "Quiero agradecer en nombre de todos los argentinos a mi secretaria Anita que era la secretaria de mi madre y me cuida desde los 5 años", Ana Moschini, jubilada que todavía trabaja para Macri, subió al escenario y fue abrazada y besada por el presidente electo. Relatada por el niño bien, convocada por él, besada y despedida, esa señora atenta, servicial, eficaz y cariñosa que había acompañado a Alicia Blanco Villegas, la madre de Mauricio, durante años y que se había dedicado a cuidar al pequeño Macri parecía encarnar el mundo ideal de Macri. Un mundo donde los subordinados amen a los jefes, les presten servicios y sepan retirarse de la escena sin hacer mucha alharaca. Un mundo que tiene ribetes del orden paternalista rural, de complicidades personales y sólidas diferencias de clase, que gobernó estas tierras hasta 1916, justo cuando los subordinados dejaron de amar a los jefes y de retirarse a tiempo de las escenas. Pero el macrismo, salvo en esa evocación, casi inspiradora, no es un tradicionalismo. No es nostálgico ni conservador. Su futuro no está en el pasado. No puede cantar “vamos a volver”, aunque no sean pocos los que estén volviendo. Está en lo que el propio Macri, en sus arrebatos de lo que Armand Matelart llama profetismo empresarial, define como “Desarrollismo del s. XXI”, buscando diferenciarse, así, de un desarrollismo clásico y del neodesarrollismo, una categoría que, al menos durante unos años, le fue imputada al kirchnerismo. Es decir, llegada de inversiones extranjeras, que permitan la introducción de ”las tecnologías más avanzadas del momento” y la conformación de una “red de proveedores locales” en sectores que no han formado parte de la matriz industrial del s.XX (automóviles, química, plásticos) sino que van a ciencia aplicada, biotecnologías, agronegocios y polo tecnológico. Al respecto, Eduardo Basualdo afirma que “no hay representación de firmas industriales extranjeras, lo que preanuncia la profundización de la “reprimarización” de la economía”. Es una tendencia que se ve reforzada por el informe que Basualdo y su grupo publicaron a mediados de febrero de este año, según el cual la mayoría de las cámaras empresariales que tienen representaciones en el gobierno están ligadas a la producción agropecuaria y los agronegocios. En definitiva: un modelo que, intensificando rasgos ya presentes, bien podría definirse como agroexportador tecnologizado, de “gauchos con bombachas que manejan drones” (Macri dixit), donde se radicalicen las matrices que, en palabras del empresario Gustavo Grobocopatel, lleven a “la gestión de la producción a replicar las lógicas de la vida”. Poner la vida a producir, pero ya no sólo ni principalmente la vida social (esa vida en segunda instancia) sino la vida en su sentido biológico más directo. La utopía del macrismo es la del encuentro entre una técnica cibernética y un territorio biotecnologizado. Al respecto, Héctor Huergo, director de Clarín Rural parece haber precisado los contornos de tal sueño cuando dijo: “no me parece que el futuro de la Argentina pase por una expansión prusiana de la frontera agrícola, porque igual ese crecimiento se va a acabar, es limitado. Yo creo en la tecnología y la tecnología es poner pisos, escalonar, acercarse a la productividad, y con la pampa húmeda tenemos mucho y muy divertido para hacer (…)”. Ese parece ser el “supermercado del mundo” (no el granero, porque elabora alimentos más allá de los granos y porque incorporaría cadenas de valor) que se propone vender alimentos a escala mundial. Para eso, como buen supermercado, necesita destruir las condiciones laborales mínimamente consolidadas para dar paso a un mercado de trabajo que tienda a la absoluta informalidad y a la multiplicación de figuras contractuales cada vez más beneficiosas para la apropiación capitalista de lo producido. Gerentes, elaboradores, cajeros y repositores, todo gobernado con esa mezcla de retórica de la fiesta y prácticas terrorista, que tanto se han visto en los call centers, esos espacios paradigmáticos, incluso fundacionales, de una economía digital donde las operaciones de control sobre la fuerza de trabajo son llevadas a grados tales que producen cuadros psicopatológicos severos. Justo de allí, en ese campo-supermercado-call center, brotan los medios para cumplir el sueño de la Argentina potencia que soñaron los Padres de la Fundación (...Libertad). Al “dejar pasar, dejar hacer” se sumó, desde hace unas décadas, el “dejar caer”. “El neoliberalismo, como toda religión, suele prometer a sus fieles un futuro social promisorio si se aplican sus recomendaciones de liberalización del mercado. La ‘teoría del derrame’ pregona ante las mayorías populares que el escandaloso enriquecimiento de una minoría social es la condición necesaria para agrandar y mejorar la torta de la riqueza nacional”, explica el economista Andres Asiain. Y, de nuevo Huergo, el director de Clarín Rural que fue trotskista de juventud, lo subraya con pasión y sin titubeos: “que no redistribuya el Estado a través de los impuestos, ya que la mejor redistribución (aunque intelectualmente nos pueda gustar otra cosa) es el desarrollo hacia el lujo. Es inclusiva “. Inclusión sin igualdad, sin atisbo alguno de igualdad, parece ser el mejor de los mundos posibles del neoliberalismo. Para ser más precisos: Inclusión con desigualdad. Porque, a diferencia incluso del primer liberalismo, para el cual la promesa del progreso económico debía desembocar en una mejora de las oportunidades para todos los individuos, la utopía material de este neo-neoliberalismo libertario es el de un desnivel crónico de la desigualdad, la consolidación del lujo como condición para la redistribución es otro modo de proponer el derrame. En otros términos, un golpe de mano que vendría a afirmar que si los ricos no piden permiso es porque los ricos son el sujeto de la historia. La teoría del derrame tiene dos características: una, garantizar en el presente la concentración de recursos económicos a través de transferencias de ingresos desde sectores asalariados o autónomos hacia sectores propietarios; segundo, suponer, o afirmar públicamente, que la tendencia natural de esa concentración será revertirse luego en inversiones productivas. El futuro de la concentración actual sería el desarrollo económico. Este axioma supone varias cosas, pero sobre todo, 1) que los beneficiarios directos e indirectos de esa concentración invertirán en actividades productivas y no, por ejemplo, en operaciones financieras de gran porte a escala global. Es decir, que el derrame tiene efectos productivos y no especulativos; y 2) que para que la economía funcione es inevitable que una casta de privilegiados se mantenga inamovible en su punta. En eso estamos: en un proceso de acumulación originaria, casi como el que Marx situó en los inicios del capitalismo (y que para el pensador Sandro Mezzadra no cesa de repetirse, una y otra vez), por el cual se produjo una expropiación de sectores campesinos a manos de agentes burgueses que desembocó en la proletarización de aquellos, disponibles desde entonces como mano de obra asalariada. Desde el punto de vista del macrismo, en eso estamos: en la producción de una elite de millonarios desde la cual, gracias a sus consumos, se propicie e incentive la producción laboral. Un mercado interno que funcione como Anita, aquella nana de Mauricio. Y eso hasta que Anita pueda ser reemplazada por un robot.

sábado, 30 de abril de 2016

CONDENA SOCIAL

CONDENA SOCIAL. No son escraches. Se llama “condena social”. Y no sólo es un derecho; es, sobre todo, un deber ciudadano por Alesia Miguens • Entre todas las calamidades que padecemos los argentinos, hay una particularmente perjudicial: confundir y mezclar todo, desde la Biblia y el Calefón, hasta el escrache con la condena social. Amén de lo patético que resulta, grave es constatar lo que obviamente padecemos por vivir a las antípodas de la claridad intelectual y los valores que deben guiar a una sociedad sana, civilizada, madura y desarrollada. Pero reacciones como las que tuvieron los ciudadanos frente a las OBSCENAS e IMPUNES apariciones en público tanto en la cancha de Boca como en el avión, del maoísta Zannini nak&pop anti-capitalista K viaja a Miami en Business Class por aerolínea imperialista, ¡dan esperanza! Veamos. ESCRACHE fue lo que hicieron en la casa de Prat Gay y Patricia Bullrich. ESCACHE fue lo que hizo la pseudo-periodista de C5N @gabycarchak mostrando y dando a conocer la dirección del Juez Bonadío. ESCRACHE fue lo que le hicieron al Director de la Biblioteca Nacional. ESCRACHES fueron los que se cansaron de hacer Kretina Kits-chner y todo su banda a los ciudadanos, abuelitos, empleados inmobiliarios, miembros del poder judicial, políticos opositores, periodistas, medios de comunicación, etc. ESCRACHES fueron los Juicios Públicos, los escupitajos en el Cabildo, Llorapaloza, etc. Lo ocurrido a Zannini, como a Kicillof en el Buquebus, nada tiene que ver con eso. Aclaremos algo de una vez. “El ESCRACHE es una metodología PLANEADA y PREMEDITADA de HOSTIGAMIENTO y AMEDRENTAMIENTO”. “La CONDENA SOCIAL es el REPUDIO ESPONTÁNEO de una sociedad frente a quienes cometieron actos aberrantes contra las Instituciones y la sana vida social”. Y está enraizada muy profundamente en el inconsciente colectivo mundial. Les contaré cuán vieja y profunda es. De dónde viene. Y qué significa. “Ostracismo”. Ostracismo, del griego ‘ostrakismós’, significa “destierro por ostracismo”. Era un mecanismo de AUTODEFENSA popular que permitía excluir de la comunidad, durante diez años o de forma permanente, a las PERSONAS NOCIVAS para las INSTITUCIONES y la SOCIEDAD. Del ostracismo deriva el título de “Persona Non Grata”, tan bien ganado POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA por Nerona Kits-chner en la Universidad de HARVARD, y fraternalmente en Oxford, Cambridge, Yale, etc. Para los griegos, la PEOR CONDENA que podía recibir un hombre era ser ostraquizado. “Muerte Civil’’. En la Antigua Grecia, la muerte civil era una sanción que provocaba considerar muerta en vida o inexistente a la persona sancionada. En las legislaciones que terminaron adoptándola dada la presión social, la muerte civil suponía la pérdida general de los derechos civiles, de potestad, patrimoniales, políticos y públicos subjetivos. Y podía ser una pena accesoria a la condena a prisión perpetua, susceptible a nuevas sanciones del derecho penal. Subsistió en muchos países hasta el siglo XX. Desgraciadamente, con el tiempo diversas legislaciones la fueron eliminando, entre otras razones porque sus efectos eran padecidos NO SÓLO por el muerto civil, sino también por su cónyuge, hijos y familiares. Aunque la mismísima Biblia, Éxodo 34:6-7, dice: “Dios de ningún modo tendrá por inocente al malvado; la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, Él castiga hasta la tercera y cuarta generación”… Y ni hablemos de los hijos de Coré… “Damnatio Memoriae”. La alocución latina damnatio memoriae significa ‘condena de la memoria‘. La damnatio es lo contrario de la apoteosis, el derecho del emperador fallecido a obtener la deificación y recibir honores públicos. Se introdujo en Roma después de la muerte de Julio César y consistía en condenar el recuerdo de un ENEMIGO del Estado. Cuando el Senado Romano, por reclamo ciudadano, decretaba oficialmente la damnatio memoriae, se procedía a eliminar todo cuanto recordara al condenado. Las estatuas eran destruidas junto con toda representación física de su imagen. Monumentos. Inscripciones. Pinturas. Monedas, todo era eliminado. Se denomina: “abolitio nominis” (borrar su nombre de las inscripciones)… Bajar el cuadro… Sus leyes y decisiones eran abrogadas o se consideraban como emitidas por su sucesor. Similar suerte corrían las obras que había construido si escapaban a la destrucción. E incluso quedaba prohibido pronunciar y usar su nombre. Algunos de los emperadores romanos condenados a damnatio memoriae fueron: Calígula, Nerón, Domiciano, Cómodo. Maximino el Tracio y Filipo el Árabe. Estas prácticas las encontramos en todas las culturas y continuaron consciente o inconscientemente, legal o socialmente, a través de todas las épocas en todo el mundo. El Papa Esteban VI aplicó damnatio memoriae a su antecesor, el Papa Formoso, durante el “Sínodo del cadáver”. Declaró inválidos todos sus decretos y ordenaciones, le cortó los tres dedos de la mano con la que impartía la bendición y arrojaron su cadáver al Tíber decretando que debía ser considerado como si jamás hubiera ejercido el pontificado. Marino Faliero, dux de Venecia, fue procesado y ejecutado por haber intentado concentrar todo el poder, instalándose como “príncipe de Venecia” y eliminar la República. Tras su ejecución, fue condenado a damnatio memoriae, su imagen fue pintada de negro con la inscripción: “Hic est locus Marini Falieri decapitati pro criminibus” (Éste es el sitio de Marino Faliero, decapitado por sus crímenes). En nuestro país, después del ‘55, se prohibió escribir el nombre de Perón en documentos oficiales, pasando a denominarlo “El Tirano Depuesto”. Las provincias, edificios públicos y demás lugares bautizados Perón y/o Eva Perón fueron re-bautizados. Cosa que espero ocurra prontamente con todo lo bautizado ANTI-CONSTITUCIONALMENTE con el nombre de Nefasto y Kretina. Sin olvidar a los Ceaușescu, Gadafi y Mubārak, entre millones de casos más a través de toda la historia de la humanidad. Ahora bien, cuando hartazgos semejantes surgen espontánea y colectivamente en una sociedad, jamás tienen vuelta atrás. Y no siendo un tema menor, el deber moral indicaría tener la honestidad intelectual para dejar de lado simplificaciones, reconocer y tratar de entender qué significa. Venimos de 12 años de TRAGEDIAS individuales y colectivas en TODOS los órdenes de nuestras vidas. Actos comunes se transformaron en trágicos y heroicos. Campagnolli y otros. El horror del ASESINATO del Fiscal NISMAN. Y todo eso QUEDÓ GRABADO en la CONCIENCIA COLECTIVA. Si no se quiere a ciudadanos CONDENANDO SOCIALMENTE a malditos corruptos, asesinos, pichones de tiranos y COLABORACIONISTAS políticos, periodistas, artistas, empresarios y sindicalistas incluidos; por el robo, destrozo, violencia y sodomización que ejercieron durante 12 años vomitando odio a mansalva a su paso y dividiendo a la sociedad, quizás su pecado MÁS IMPERDONABLE. Tendría que “caerles la ficha” y dejar de PROVOCAR a una MUY CANSADA sociedad, que contrariamente a lo que algunos pretenden, está madurando muy aceleradamente. Y para finalizar, una de las más extraordinarias historias de CONDENA SOCIAL: Cuando vivía en Francia, mi hija iba a un colegio internacional, el cual tenía además de las normales clases en francés, secciones de todos los países donde se impartía la misma currícula de origen, razón por la cual tenía compañeros de todo el mundo. Se hizo amiga de unas noruegas y en una oportunidad les pregunté a las madres si la historia que leerán a continuación era un mito urbano o era cierta. Me contaron que, además de cierta, estaban muy orgullosos de ella. Acá la historia: Un político había cometido una estafa contra el Estado haciéndose de cierta suma de dinero. Por supuesto, nada que ver con los descomunales robos y estafas a los que nos acostumbraron décadas de gobiernos peronistas. El fraude al Estado en cuestión fue de un par de millones de dólares. Se detectó, lo acusaron, fue destituido de inmediato de su cargo y enfrentó un juicio. Pero como buen noruego prolijo, la justicia no pudo comprobar fehacientemente su delito y, aunque todos sabían que era culpable, tuvieron que dejarlo libre, apartándolo, sin embargo, “in aeternum” de la vida política. Pensando en haberse salido con la suya, y no necesitando trabajar más, supuso seguir normalmente con su vida disfrutando del dinero mal habido. Lo que NO calculó fue la reacción de la que fue capaz una sociedad madura y responsable. Ejerciendo DELIBERADAMENTE su DERECHO de CONDENA SOCIAL, muerte civil, ostracismo y damnatio memoriae, toda la sociedad comenzó a comportarse como si él y su familia NO EXISTIERAN. La gente no los volvió a saludar más por la calle, ni en ningún lugar donde llegaban. No les respondían, ni siquiera los miraban. Los expulsaron del club que frecuentaban. Las mesas de los restaurantes siempre estaban reservadas. Cuando querían comprar algo en algún negocio, nunca tenían ni sus talles ni sus números. En los mercados, sus tarjetas nunca eran aceptadas, ni “podían” hacerles los envíos. El recolector de residuos no les retiró más la basura de su casa. El cartero no les entregó más la correspondencia. Por increíble que nos parezca, el farmacéutico jamás tenía los medicamentos que necesitaban. Y el médico y el dentista de toda la vida siempre estaban ocupados cuando llamaban o pedían cita. Ni hablar de la peluquería. Y quizás lo más duro y efectivo: Ningún niño siguió siendo amigo de sus hijos. No los saludaron más. En el colegio, ninguno se sentó más a su lado. Nadie volvió a jugar con ellos en los recreos. Ni fueron invitados a cumpleaños. Y les avisaron que para el año siguiente no les renovarían la matrícula. La lista de exquisiteces noruegas, claro, sigue hasta el infinito… Se salvó de ir a prisión y pudo conservar el dinero que le había robado al Estado. Pero no pudo conservar una vida normal para disfrutarlo en medio de la sociedad a la que había estafado. Lo INSOPORTABLE de la CONDENA SOCIAL terminó siendo más grave que cualquier condena judicial y provocó que se cambiaran el nombre y se mudaran al extranjero. Ante una pregunta mía, respondieron que no hubo ciudadano, político, periodista o intelectual que CONDENARA a la SOCIEDAD por este comportamiento, todo lo contrario. Ni por el actuar con los niños, como se CONDENÓ acá por los pobres próximos corruptitos hijos de Kicillof. Quedé anonadada y maravillada. Pensé: ¡cuánto tenemos que aprender los argentinos! Esos que en lugar de dar SU opinión, lo que sería absolutamente pertinente, se permiten juzgarnos y CONDENARNOS implacablemente dándonos lecciones absolutistas de moral… ¿Qué dirían de los Noruegos? ¿Que son mal educados, incultos, incivilizados, antidemocráticos? ¿Quieren de verdad apaciguar, sanar la GRIETA y la sociedad? Muy simple. Restituyan los valores, la ética, la justicia y la moral RECUPERANDO Y CONFISCANDO TODO LO ROBADO. CONDENEN a PRISIÓN COMÚN Y PERPETUA a todos y cada uno de los más ENORMES TRAIDORES que la Patria jamás ha vomitado. Y mientras tanto, dejen de criticar a la sociedad por CONDENAR lo que la Justicia NO condena. Y de pedirle la altura que NO tienen quienes la deberían tener. Porque la CONDENA SOCIAL es la ÚNICA alternativa que tiene una sociedad, frente a la IMPUNIDAD que significa la FALTA DE JUSTICIA. Alesia Miguens Elisa Carrió lo acusó junto a Gils Carbó por “encubrimiento agravado” en la causa por lavado contra Báez. Piden su destitución al Consejo. http://www.perfil.com/politica/Doble-denuncia-contra-el-juez-Casanello-por-la-causa-de-la-ruta-del-dinero-K-20130523-0039.html Zannini en Boca-River 25-4-16: https://www.youtube.com/watch?v=XnpcT7MfTS8 Allegados a Zannini golpearon a un hincha de Boca que lo insultó en la cancha: http://www.infobae.com/2016/04/26/1807072-allegados-carlos-zannini-golpearon-un-hincha-boca-que-lo-insulto-la-cancha Videos: En viaje a Miami, Zannini fue escrachado: “Lo tenemos que bajar” http://www.perfil.com/politica/Video–En-viaje-a-Miami-Zannini-fue-escrachado-Lo-tenemos-que-bajar-20160425-0055.html Boudou abucheado en San Lorenzo: https://www.youtube.com/watch?v=15rkMmkRdrs “¡Ladrón, ladrón!” Los insultos a Boudou dentro de los tribunales: https://www.youtube.com/watch?v=BadKf6gi-lQ Así fue el escrache a Axel Kicillof: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vZF72aSigT0 Le tiran huevos a Cristina Kirchner: https://www.youtube.com/watch?v=TcjSBZflgqg

LOS LAURELES

Impunidad vs Gobernabilidad "El porvenir es de Dios, pero el pasado es de la historia. Dios ya no puede influir en la historia, en cambio el hombre aún puede escribirla y transfigurarla". Juste Dion El viernes 29 -¡justo el día del ñoqui?- y para no arruinar el fin de semana de sus afiliados, los grandes jerarcas gremiales anticiparon su propia fiesta en el centro porteño, y se juntaron en el palco todos aquéllos que, hasta hace unos días, no sólo estaban desperdigados sino hasta fuertemente enemistados; Moyano y Yasky, o Micheli y Caló, eran irreconciliables, pero parece que no tanto; sólo Luis Barrionuevo mostró coherencia y se negó a participar de la payasada. Son varias las lecturas posibles, pero creo que hay una en particular que merece el podio: el proceso de rearmado del PJ hizo caso omiso de la rama sindical y ésta necesitaba recordarle su condición de "columna vertebral del movimiento", como alguna fue calificada; obviamente, también intentó demostrar poder de calle frente al Gobierno, pero no tuvo éxito. No niego que el momento económico está generando presión de las bases sobre las cabezas pero, para juntar esa cantidad de gente, se requirió de la colaboración de entidades tan disímiles como la CGT Azopardo, la CGT ex-Balcarce, ATE, CTA, minúsculos movimientos trostkistas y algunos mariscales destacados de la derrota, como Lancha Scioli y Anímal Fernández; ambos, mostrando sus caras de piedra por televisión y declarando su indignación frente a la inflación y los despidos, le hicieron un impagable favor a Macri. De todas maneras, y pese a la natural tendencia a magnificar sus actos que padecen -entre otros- los gremialistas, lo real fue que la concurrencia resultó notoriamente inferior a las marchas ciudadanas que pusieron fin al kirchnerismo o testimoniaron su repudio al asesinato de Nisman. La gran derrotada fue, sin dudas y una vez más, Cristina Kirchner: su invento, La Cámpora, pretendía sumarse para reeditar el "entrismo" fracasado de los 70's, y no tuvo cabida. Insisto en que el periodismo idiota es el único pulmotor que mantiene viva, políticamente hablando, a la actual jefa de la asociación ilícita que saqueó al país durante doce años y medio; ya no tiene "propia tropa" en cantidad suficiente para asegurarle algún rol en el futuro nacional, como no sea carcelario. Pero, volviendo al tema de la situación social, ya muy complicada por el estallido de las bombas que dejó el régimen nefasto como herencia, me parece que el Gobierno debería entender que, por lo menos por algunos meses más, sólo podrá agravarse. Hoy, los tres temas que más preocupan a la sociedad son la pérdida del trabajo, la inflación y la corrupción; en la medida en que los dos primeros requerirán, como sabemos, un plazo mayor para encarrilarse, se debe aumentar al máximo la velocidad de las investigaciones y los procesos que complican al kirchnerismo, y el papel de acelerador le cabe sólo al Consejo de la Magistratura, que controla a los jueces, y cuya mayoría hoy está en manos de Cambiemos. En el caso que tiene tan a mal traer a Lázaro Bóvedas Báez y su familia, es cierto que se han localizado, Fiscal Marijuán mediante, una gigantesca cantidad de bienes, y que éstos representan una fortuna tan grande como injustificable; pero estamos hablando de monedas, como son las propiedades en el país y en el extranjero atribuidas a Scioli, De Vido y tantos otros, en comparación con los siderales montos que faltan de las arcas públicas. Esas cifras, en billetes de € 500 que tanto adoraba el fundador de la banda, representan miles de millones de dólares, que no se encontrarán en el mausoleo ni con retroexcavadoras, sobre todo por el tiempo que los jueces Tortuga Casanello -nos sigue mareando la perdiz- y Rafecas concedieron a los delincuentes para ocultarlos, luego que su colega Bonadío allanara las oficinas de los Kirchner y se llevara montañas de papeles que aún siguen empaquetados; por ejemplo, ¿alguien ha averiguado si estaban en algunos de los contenedores que Patotín Moreno llevó a Angola, el segundo productor de diamantes del mundo y uno de los países más corruptos, en ocasión de la visita de la aleteadora y ordeñadora ex Presidente? Otras preguntas permitirían acercar a muchos a un futuro carcelario. ¿Se ha investigado a la sociedad australiana que, para "comprar" el 25% de YPF a Repsol, constituyeron los Eskenazi para don Néstor (q.e.p.d.)? ¿Cómo fue el "negocio" de bonos argentinos entre Kirchner y Chávez para pagarle al FMI? ¿Resulta difícil comprobar que España y Portugal estaban dispuestos a pagar a quien se llevara el material ferroviario, ya que estaba construido con elementos fuertemente contaminantes, y que Avioncito Jaime "compró"? ¿Cuánto vale, para una compañía petrolera, que confesó haber pagado coimas en la Argentina, extender por cuarenta años la concesión de uno de los mayores yacimientos del país, Cerro Dragón?; hicieron lo propio Skanska, con los gasoductos construidos en la década relatada, y Embraer, con los aviones de Aerolíneas. ¿Cuándo conoceremos las cláusulas innecesariamente confidenciales del contrato entre YPF y Chevron?; ¿y los detalles de las compras del gasoil teóricamente venezolano o los cargamentos de gas licuado? La sociedad estará dispuesta a sacrificarse y esperar tiempos mejores sólo si percibe que la impunidad se terminó en la Argentina. Y acabar con ella no solamente se vincula a Cristina, Máximo y su banda de gangsters sino a los empresarios que fueron cómplices necesarios, a los funcionarios actuales y futuros que resulten cuestionados, a los sindicalistas enriquecidos como modernos cresos a fuerza de saquear los tesoros de sus gremios, a los jueces que se valieron de sus cargos para vender protección a los ladrones y no pueden explicar sus fortunas, a quienes resultaron eslabones indispensables para el crecimiento exponencial del narcotráfico. La ciudadanía, ya enterada de la expoliación monstruosa que ha sufrido, que condena al 30% de los habitantes a la pobreza y a la miseria, que permite que mueran niños desnutridos en el país de la abundancia, que paga impuestos como en Bélgica y recibe servicios como en Sudán, está pidiendo a gritos justicia frente a tantos padecimientos causados por el latrocinio, como lo demuestran los injustificables escraches al Chino Zannini (¡no se combate a los caníbales comiéndoselos!). Si el Estado, en sus tres poderes, no se hace cargo de ese reclamo la misma gobernabilidad se verá afectada gravemente, y volveremos a las épocas del "¡que se vayan todos!"; peor aún: habremos perdido, otra vez, una histórica oportunidad de cambiar nuestro destino de decadencia y fracaso. Puede resultar una etapa dolorosa y costosa, como fue para Italia o está resultando en Brasil, pero el saneamiento moral de la República requiere que la atravesemos porque, como dijo Homero en La Ilíada, "Como son muchas las clases de muertes que penden sobre los mortales, vayamos". Ahora los argentinos podemos convertirnos en héroes y reverdecer los laureles que, alguna vez, supimos conseguir; ruego a Dios que así lo hagamos. Bs.As., 1° May 16 Enrique Guillermo Avogadro Abogado

EL AJUSTE MALDITO

EL AJUSTE MALDITO Previsible protesta sindical pero ¿es el comienzo o el final? Jornada de protesta sindical previsible, ¿o acaso no hay un ajuste en marcha? La cuestión es si es el inicio de otras movilizaciones o se cumple la previsión gubernamental de que abril es el mes tope de la inflación y habrá mejora en el 2do. semestre. No debería sorprender que en medio de un ajuste de la economía ocurran reclamos sindicales: ocurrieron inevitables despidos en el sector público -y eso que no se avanzó sobre el sobrepeso manifiesto de bolsones de la Administración estatal, apenas se cortaron algunos contratos recientes- y previsibles cortes en el sector privado -obvia consecuencia de la caída del consumo, la herramienta elegida por la Administración Macri para bajar la inflación elevadísima 2016-. Por supuesto que hay responsabilidad del Ejecutivo Nacional porque en el combate contra la inflación ha exhibido dudas y contramarchas, igual que en la política cambiaria y hasta en el programa monetario, que sigue sin difundirse. El 'think tank' Pensar era un embuste y el PRO nunca se preparó convenientemente para el desafío gubernamental, quedando obligado a improvisar desde el poder: algunas cuestiones le salen mejor, otras mas o menos, y algunas mal. ¿Qué es esa locura de seguir aumentando el precio de las naftas? ¿Qué hace 'Pancho' Cabrera para desacelerar los precios o para lograr inversiones? ¿Por qué no se puede eliminar el impuesto al trabajo en el marco de una veloz reforma tributaria? En el interín, la imagen positiva de Mauricio Macri es menos positiva que antes. De todos modos, cualquiera conocía la situación de agotamiento extremo que dejó Cristina Fernández de Kirchner a la economía, apostando a que ocurriera precisamente el ajuste a cargo de su sucesor, herencia explosiva adrede. Y mucho se hablaba de la grave distorsión de precios relativos que habría que reordenarse luego de 12 años de desastre. Nada es gratis y los sindicalistas lo saben, por eso tampoco han sido incendiarios. Más bien 'marcaron' los límites, enviaron mensajes y dirimieron liderazgos hacia adentro del llamado 'movimiento obrero organizado'. Por un lado, hay una realidad que los K intentaron desconocer pero eso es imposible: el sindicalismo representa al 50% de los recursos humanos. Luego, la movilización sigue siendo de 'aparato' porque hay un evidente deterioro de la credibilidad de los acaudalados jefes sindicales ante sus bases, aún cuando en jornadas como la del viernes 29/04 aprovechen para recuperar la memoria de un pasado que a veces intentan olvidar. Ninguno de los diarios más conocidos pusieron a sus plumas políticas gravitantes a analizar el día después de la convocatoria sindical, con la excepción de Página/12: un poco porque el sindicalista Víctor Santa María es el actual propietario del matutino, y otro tanto porque el kirchnerismo ahora precisa exhibirse menos solitario, apostando a integrar un arco opositor que Cristina Fernández de Kirchner llamó "Frente Ciudadano". Ni Raúl Alfonsín ni Fernando De la Rúa comprendieron la importancia de impedir la unidad sindical. Carlos Menem lo entendió en el inicio de su Administración, cuando Lorenzo Miguel pretendía cogobernar. Néstor Kirchner y Cristina Fernández tuvieron idas y vueltas: comenzaron con un triunvirato cegetista y la reivindicación de la CTA, pasaron a todo el poder a Hugo Moyano pero sobre el final de la vida de Néstor había rupturas evidentes que terminaron de ocurrir cuando Cristina era viuda, y gracias a la división pudo completar su tiempo en el poder. ¿Cuál es la estrategia de Mauricio Macri? No precisa explicitarla pero sí es importante que la tenga. Al respecto, cabe destacar que 'el Momo' Venegas, de los trabajadores rurales, no participó de la movilización; y que Luis Barrionuevo tampoco, en teoría porque los K 'infiltraron' una convocatoria que no les pertenecía ya que ellos provocaron gran parte de la emergencia socioeconómica. La cuestión de fondo en 'el día después' es si la economía está llegando al 'piso' de la recesión imprescindible para bajar la inflación o queda mucho aún por delante: de eso dependerá si habrá escenas similares o peores en lo que queda de 2016, o no. Hay una realidad que conocen economistas, empresarios y políticos pero es antipático expresarlo en público: el reacomodamiento de precios relativos incluye una depreciación de algunos salarios. Existe un lado positivo de la movilización sindical: la Administración Macri y sus entusiastas en las redes sociales ahora saben que 'el tiempo de gracia' ha terminado formalmente, y que hay que 'ponerse las pilas' porque si la foto del 29/04 fuese la película de 2017, le pinta mal a Cambiemos. Tendrán que exhibir resultados de gestión y con cierta premura. Interesante el 'semblanteo' de Oberdán Rocamora para JorgeAsísDigital: "Por impericia estructural, el Tercer Gobierno Radical (en adelante el TGR) construye un dilema innecesario. Si en Diputados se aprueba la Ley de Despidos, y el Presidente Mauricio Macri, El Panameño, comete el error de vetarla, se pondrá prematuramente enfrente de la clase trabajadora. Litigios seguros. En cambio, si Macri no la veta, en la estampita queda doblado. En mala posición. Con la certeza humillante de haber perdido la pulseada inútil. Pudo haberse evitado. Consta que la dirigencia sindical se excedió en muestras de excelente voluntad. Hicieron colas para celebrar al Presidente. Se aproximaron, incluso, a la sobreactuación. Pudo notarse en los gestos de Hugo Moyano, El Charol. En acompañamientos gráficos, sonrisas y ternuras. Sin embargo el TGR confundió la amabilidad con blandura. Capacidad explícita para el diálogo con mera capitulación. Mientras tanto se disparaban los precios, se escapaban las tarifas, se abreviaban los atributos consumistas del salario y se producían despidos por doquier. (...)". Lucrecia Bullrich en el diario La Nación, intentó un relato de lo que ocurrió: "(...) En menos de una hora y ante un marco imponente -los organizadores calcularon la concurrencia en más de 300.000 personas y la Policía Federal en 80.000, aunque fuentes independientes la ubicaron cerca de los 150.000-, Micheli, Yasky, Caló y Moyano, en ese orden, desgranaron los reclamos que motivaron la movilización: los despidos, la inflación, la universalización de las asignaciones familiares, el 82% móvil para los jubilados y el rechazo al protocolo antipiquetes. Ésos fueron los puntos del documento que leyó Juan Carlos Schmid apenas empezó el acto. A cada consigna le siguieron aplausos y ráfagas de bombo. La euforia aumentó con los discursos. Micheli, el más enérgico de los cuatro, le habló directamente a Macri. "Si veta la ley, si no nos escucha, va a haber paro nacional. Vamos a seguir luchando", bramó en el cierre de su discurso. Desde la mesa ubicada detrás del palco, reservada sólo para gremialistas y sin una sola silla para dirigentes políticos, Moyano, Caló y Yasky lo aplaudieron con ganas. Más gráfico fue Yasky. "Si pretende vetar la ley, que el Presidente sepa que este acto va a ser una miniatura al lado del que vamos a organizar. Que sepa que vamos a salir a las calles a luchar", alertó. (...)". Mario Wainfeld, en Página/12, inició un debate que no comparte Urgente24 sobre el récord de participantes. Cuando Moyano le quiso plantar bandera a Néstor Kirchner, convocó a una movilización en la 9 de Julio que fue comparable a la de horas atrás: "(...) “¿Cuántos somos?” es la pregunta consabida en cualquier acto. El interés cuantitativo se complementa con uno histórico: “¿desde cuándo no se vive una convocatoria con todas las vertientes del movimiento obrero?”. La división de la CTA ocurrió en la etapa kirchnerista. La coexistencia de dos CGT no es pura novedad. La suma de cuatro expresa una fragmentación excesiva, que no se corresponde con representación de sectores. Todas las vertientes del peronismo, las centrales autónomas, expresiones de la izquierda... La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) que aspira a representar a la enorme cantidad de informales también cubre varias cuadras. El mapa de la clase trabajadora es otro, distinto a los '90 o a los años dorados (1945-1975). De cualquier forma, para dar con una convocatoria comparable en contextos muy diferentes habría que remontarse al apogeo de Saúl Ubaldini, durante la presidencia de Raúl Alfonsín y el primer tramo de Carlos Menem. Los ochenta, los primeros noventa. Insinuamos que no se congrega un abanico tan amplio desde hace un cuarto de siglo: se aceptan debates y disquisiciones. (...)". En el diario El Día, citando a la agencia Noticias Argentinas, sin embargo se comparte el punto de vista de Wainfeld: "En el acto más importante del sindicalismo de la última década, se congregaron en un mismo escenario Hugo Moyano (CGT Azopardo), Pablo Micheli (CTA Autónoma), Antonio Caló (CGT Alsina) y Hugo Yasky (CTA de los Argentinos,) para reclamarle al Gobierno por mejoras salariales, la eliminación del impuesto a las Ganancias, los despidos y un aumento extra de haberes para jubilados en un documento consensuado previamente. Mientras Moyano y Caló destacaron la “unidad” del movimiento obrero, tras las diferencias que los distanciaron durante la gestión kirchnerista, Yasky reflejó sus coincidencias con Micheli y trascendió que a fin de año la CTA también estaría unificada. “Esto no es en contra de nadie, es a favor de los trabajadores. Y el que se ponga en contra de los trabajadores, sí lo vamos a enfrentar”, señaló Moyano quien denunció que el Gobierno nacional “toma medidas para proteger a un sector de la sociedad en forma inmediata y tarda demasiado para proteger” a los mas vulnerables, que son “los que sufren las crisis”. Moyano, el último orador, precisó que “al que se ponga enfrente de los trabajadores, lo vamos a enfrentar” y remarcó que la “unidad” del movimiento obrero “tiene que servir para defender a los trabajadores, no para hacer política”. (...)". Carlos Galván, en el diario Clarín, recuerda algo que a muchos les pasó desapercibido: entre la CGT y el Club Atlético Independiente + la tesorería de AFA, Moyano ya eligió el fútbol (una disidencia de Urgente24: el candidato de Moyano a jefe de la CGT es Schmid, así el transporte seguiría liderando): ​"Camioneros fue, lejos, la organización que más gente movilizó ayer: según el sindicato, llevó al acto a 56.000 trabajadores. El gremio puso toda la carne en el asador como una forma de recordarle su gigantesco poderío a la administración macrista, pero también por una razón oculta y acaso de carácter sentimental: puede que la de ayer haya sido la despedida de Hugo Moyano a la lucha en las calles. Las tres vertientes de las CGT marchan de manera acelerada a una reunificación, que debe concretarse el 22 de agosto. El camionero anunció que no buscará un cuarto mandato consecutivo como jefe de la central sindical, aunque se reservará una acción de oro en la disputa por su sucesión. Es más: en Camioneros consideran que hoy son lo que antes fue la UOM: el gremio con mayor volumen político y poder de fuego de todo el universo sindical. El rumor ayer en el acto es que entre todos los sectores gremiales ya se habría descartado que la próxima conducción cegetista esté compuesta por un triunvirato, como se hablaba. Ahora se dice que existe consenso para que el próximo jefe de la CGT sea Héctor Daer, dirigente de Sanidad, miembro del poderoso grupo de los "Gordos" y diputado por el massista Frente Renovador. De segundo, Moyano buscaría imponer a su hijo Pablo, actual dos de Camioneros. (...)". Volvamos a Jorge Asis: "(...) Faltan, en adelante, las fantasmales inversiones. Distan de ser automáticas porque se continúa en estado de observación. En sala intermedia. Puede llegar antes, según nuestras fuentes, un blanqueo generoso, con garantías. Un verdadero jubileo para los compatriotas que guardan, en diversos canutos, las llaves de la recuperación de la economía devastada que necesita movimientos. A los efectos de rescatar, también, la plata negra del resguardo defensivo, que no sirve para nada. Y transformarla en un valor blanco, ofensivamente concreto. Para comprar una casa o instalar maquinarias o crear una pizzería. Por La Ley de Despidos, que impulsa la oposición, el TGR pierde, sobre todo, la iniciativa (y también, por supuesto, pierde el control de la calle). Induce a los suyos, para colmo, a ensayar argumentos de defensa que descalifican a quienes pretenden razonablemente resguardar las fuentes de trabajo. Los que se resisten a ser arrastrados por el pragmatismo sin ideas que les impone la receta de la resignación. Le dicen desde el TGR a los trabajadores que semejante ley, al contrario, los va a perjudicar. Porque desalienta a los dichosos inversores fantasmales que no aparecen, en definitiva, por ninguna parte. Y no precisamente por culpa de los obreros que deciden ocupar la calle vacante, convertida en el escenario de la protesta para las diversas franquicias del peronismo, junto a sectas de la izquierda esclarecida."

Pacificación Nacional Definitiva: LA CORRUPCIÓN DE LA JUSTICIA ES LO PEOR

Pacificación Nacional Definitiva: LA CORRUPCIÓN DE LA JUSTICIA ES LO PEOR: Para los argentinos el término corrupción forma parte de su vocabulario habitual. Es más, el mismo, en el imaginario colectivo nacional...

viernes, 29 de abril de 2016

VERDADERA IDENTIDAD

VERDADERA IDENTIDAD ¿Para qué buscás? ¿Por qué no agradecés lo que tenés? Suelen hacernos estas preguntas cuando contamos que buscamos nuestra verdadera identidad de origen. A pesar de aclarar que no fuimos adoptados sino anotados como hijos propios, apropiados, aunque la palabra no guste. Se hicieron las cosas mal. Y las mentiras, los Pactos de Silencio, la incertidumbre sobre cuáles serían nuestros verdaderos orígenes sin certeza de la fecha de nacimiento, ni el lugar donde nacimos, a veces mirándonos al espejo y preguntarnos el por qué de nuestros rasgos, nos duele. La mentira duele. Más si se trata de nuestras vidas. La tv nos muestra novelas o comedias como La Leona o Educando a Nina donde situaciones muy similares a las nuestras les ocurre a los personajes principales. Claro, son necesarias para justificar el argumento y el personaje que expresa dolor, angustia, sorpresa, estado de shock emocional son importantes para interesar al espectador. Pero cuanto esto sucede en la vida real y queremos buscar nuestra verdad personal las reacciones son negativas, crearnos culpa de situaciones que no provocamos y la indiferencia de muchos. Lo malo es cuando el Estado es quien se muestra indiferente. Como que en la ficción todo está permitido, aceptado, naturalizado pero, en la vida real los valores son otros. Los artículos 7 y 8 de la Convención sobre los Derechos del Niño ponen en cabeza del Estado el deber de prestar la asistencia y protección apropiadas a fin de restablecer rápidamente la identidad de todo niño que hubiera sido privado ilegalmente de algunos de los elementos de su identidad o de todos ellos. Es decir, no puede desentenderse además de no haber tomado las medidas para evitar que esto sucediera. Porque nosotros fuimos niños. Somos el producto de una práctica social de muchos años, donde se sabía que estaba mal pero se hacía igual: recibir un bebé y anotarlo como propio. Y eso no es adoptar. La Secretaría de DDHH de la Nación nos ha excluído siempre como si ignorara la Convención de los Derechos del Niño o la Constitución Nacional. En el Congreso Nacional desde el 2003 ingresan proyectos de ley que jamás incluyen en la agenda y terminan en el archivo. La realidad supera la ficción, solemos decir. En la ficción las historias se resuelven, en la vida real no, y nos duele la mentira personal y la indiferencia del Estado, los proyectos que no se tratan y las manipulaciones políticas. No juzgamos a nadie, no tienen que restituirnos, simplemente pedimos que el Estado cumpla con su deber y que todo aquel que desee buscar su verdadera identidad de origen pueda hacerlo, siempre en un marco de confidencialidad y respeto a todas las partes involucradas. Hablamos de valores como lo son la dignidad y el respeto. Hablamos de nuestras vidas. Graciela Palma Arizaga (Ciudadana sin Identidad) DNI (con datos falsos) 16.496.527 palmagraciela@gmail.com

jueves, 28 de abril de 2016

EL BLINDADO MACRI

Macri y un blindaje mediático inédito by Hernán Andrés Kruse Jamás un presidente argentino elegido democráticamente tuvo a su favor un blindaje mediático de tal magnitud como Mauricio Macri. A partir del 10 de diciembre, los grandes medios escritos y televisivos han puesto todos sus recursos, que son poderosísimos, a disposición de un dirigente político que es el emblema de la derecha no peronista, que cree a pie juntillas en la sabiduría de los mercados, que está convencido de que el Estado es una bestia antediluviana que debe reducirse a la mínima expresión. Macri es un dirigente político que cree que la economía debe marchar por sí misma, que el mundo se reduce a Estados Unidos y Europa Occidental, que la libertad de empresa está por encima de la libertad de prensa, que sólo el kirchnerismo es corrupto, que ha sido tocado por la varita mágica para torcer definitivamente el curso de la historia. Macri es un dirigente que reduce todo a estadísticas, cálculos y porcentajes. Para él las personas de carne y hueso no cuentan, son ceros a la izquierda, son la nada misma. Reduce los despidos a un asunto estadístico, cuando en realidad se trata de un drama profundamente humano. Cuando utiliza el helicóptero para recorrer las zonas afectadas por las inundaciones, sólo se limita a rogar al cielo para que no sigan las precipitaciones. El desastre humanitario que implican las inundaciones no le llega al corazón. Estamos en presencia de uno de los presidentes más cínicos y perversos de nuestra historia. Cada vez que aparece en televisión se limita a tomarle el pelo a la sociedad. Porque eso es lo que viene haciendo desde que asumió. Le encanta subestimar intelectualmente a los argentinos, al igual que la perversa que ejerce la vicepresidencia de la Nación. Este “personaje”, aunque cueste creerlo, ganó el ballotage el 22 de noviembre pasado. Su asunción fue transmitida en vivo y en directo durante todo el día por todos los canales de cable. Fueron cadenas nacionales sucesivas que no se cansaron de rendirle pleitesía al flamante matrimonio presidencial. A partir de entonces, los periodistas del Trece, de TN, de Canal 26 y de América, pasaron a ser voceros de Mauricio Macri. Luis Majul llegó a compararlo con Nelson Mandela, con el líder que fue capaz de unir a blancos y negros de un país devastado por el apartheid. El mensaje de estos medios fue el siguiente: “terminó una de las etapas más negras de nuestra historia y comienza otra etapa que, si el flamante presidente hace las cosas relativamente bien, puede significar para la Argentina el ingreso en una nueva era histórica”. Pero muy pronto los periodistas militantes de Cambiemos (el mencionado Majul, Pablo Vilouta, Luis Novaresio, Santiago del Moro, Alejandro Fantino, Jorge Asís, Nelson Castro, Morales Solá y Jorge Lanata, entre tantos otros) se dieron cuenta de que había muy poco que rescatar de la presidencia de Macri. Entonces comenzaron a tapar todos los desaguisados del presidente haciendo cadena nacional continuada con la supuesta corrupción kirchnerista. La “ruta del dinero K” pasó a ocupar el centro del “análisis profesional” de estos periodistas. Un tal Fariña, cuyo único mérito en su vida fue estar brevemente casado con una diosa de la farándula, vomitó durante varias horas ante la Justicia y a partir de ese momento estalló el “affaire Báez”. Todos los canales mencionados comenzaron a poner en la pantalla las peripecias de Lázaro Báez, un oscuro empleado bancario a comienzos de los noventa que dos décadas más tarde aparece como dueño de media Patagonia. Por supuesto que hay que investigarlo, como sucedería con un personaje de estas características en cualquier democracia civilizada del mundo. Pero de ahí a montar una operación política tendiente a tapar la triste realidad actual media un abismo. Lo que está aconteciendo ahora en el sur argentino es sencillamente desopilante. ¿Alguien con algo de sensatez puede suponer que Báez, si realmente robó miles de millones de dólares, iba a esconder semejante montaña de dinero bajo tierra y en Santa Cruz? Porque eso es, precisamente, lo que el poder mediático anti k quiere hacer creer al pueblo argentino. Ver por televisión gigantescas retroexcavadoras tratando de encontrar el tesoro escondido realmente provoca vergüenza ajena. Al igual que ver al grotesco Marijuán, que más que actuar como fiscal pretende emular a Elliot Ness. Lo que se pretende no es hacer Justicia sino tapar lo que está haciendo el gobierno de Cambiemos y, fundamentalmente, la corrupción que amenaza con sepultar al propio presidente de la nación. ¡Oh casualidad!, desde hace varias semanas que nada se dice respecto de los Panama Papers. Se trata de un escándalo de corrupción a nivel planetario que ya costó, por ejemplo, la cabeza del primer ministro de Islandia. Según la información filtrada varios personajes de la política mundial, entre ellos varios presidentes en ejercicio, son dueños de empresas off shore localizadas en paraísos fiscales. Los especialistas coinciden en que nadie tiene una empresa de esta índole en algún paraíso fiscal para realizar tareas de beneficencia. Por el contrario, estas empresas se montan fundamentalmente para evadir impuestos y/o lavar dinero. Se trata de delitos, de acciones reñidas con la legalidad. En consecuencia, quien es dueño de una empresa off shore es un delincuente, se trate de un privado o de un presidente. Pues bien, el nombre del presidente de la Argentina figura en los Panamá Papers. Junto a su padre es dueño de varias empresas fantasmas, lo que obliga a decir que Mauricio Macri es lisa y llanamente un delincuente. También lo es su padre, por supuesto. La reacción del gobierno nacional posterior a la difusión de los Panama Papers no ha hecho más que confirmar la culpabilidad del presidente de la nación. Tampoco se habla del dólar a futuro, una especulación relacionada con una futura devaluación del peso en relación con el dólar que habría beneficiado a funcionarios macristas. Claro que en este caso habrían tenido complicidad importantes funcionarios kirchneristas. Pero los periodistas militantes macristas no se limitan a ocultar la corrupción del gobierno de Macri. También presentan como positivas las medidas económicas que ha tomado el presidente a partir del 10 de diciembre. En este sentido el periodista Antonio Laje se lleva las palmas. Todas las mañanas, utiliza la pantalla de América para felicitar al gobierno por su política económica. Y lo hace sin ponerse colorado. Porque él sabe perfectamente cuál es el objetivo central del gobierno de Cambiemos: gobernar para los grupos económicos concentrados, es decir, para la oligarquía. Apenas se sentó en el sillón de Rivadavia Macri ordenó el levantamiento del cepo al dólar. Laje presentó esta medida como si se tratara de un acto fundacional, de la piedra basal para la construcción de un nuevo país. Fue tan solo el primer paso dado por el gobierno de Cambiemos para atraer a las inversiones foráneas. Luego el equipo económico supuestamente liderado por el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, no tuvo piedad con el bolsillo de los trabajadores al imponer una devaluación del orden del 40%. Las consecuencias fueron las esperadas: más inflación y menor consumo; enfriamiento de la economía, en suma. Al poco tiempo llegó lo más temido: tarifazos y despidos. Con el pretexto de eliminar subsidios el gobierno nacional autorizó la suba de agua, luz y gas, con el único objetivo de hacer más ricos a quienes tienen a su cargo la administración de estos servicios que son vitales para la sociedad. Como los sueldos se mantienen estables, no hay que ser un economista para darse cuenta del feroz impacto al bolsillo que vienen sufriendo los trabajadores desde que Macri es presidente. Sin embargo, el gobierno ni se mosquea. Hace unos días, en Tucumán, la Vicepresidente de la Nación le dijo a un grupo de comerciantes y empresarios que debían aguantar unos cinco años para que el país se encarrile. Claro, total los sacrificios quedan, como siempre, a cargo de los sectores más débiles de la sociedad: los trabajadores y los jubilados. Laje y otros colegas suyos nada dicen al respecto. Otro escándalo que fue presentado por los periodistas militantes machistas como un éxito fenomenal del gobierno nacional ha sido el acuerdo con los fondos buitre. Estos fondos no son otra cosa que bandas de delincuentes internacionales, tal el caso de Paul Singer, que lucran, emulando a los caranchos, con los países que cayeron en default. Lucran con las tragedias populares, en suma. El presidente Kirchner y su sucesora pusieron en práctica un plan de desendeudamiento que resultó exitoso ya que el 93% de los acreedores externos aceptaron los canjes de deuda de 2005 y 2010 y que significaron una importante quita de la deuda del país. Hubo un 7% que se quedó al margen, entre ellos Singer. Son estos acreedores los que obligaron al gobierno de Macri a pagarles en los últimos días casi diez mil millones de dólares, lo que constituye una afrenta para la nación soberana. Sin embargo, los periodistas militantes macristas celebraron el pago aduciendo algo inverosímil: que con este acto de sumisión la Argentina comenzará a recibir un aluvión de inversiones extranjeras, lo que permitirá la creación de innumerables puestos de trabajo. Se trata, obviamente, de una mentira fenomenal que, sin embargo, ha sido recepcionada favorablemente por un importante sector de la sociedad. Para los periodistas militantes macristas todo marcha viento en popa. La situación es muy difícil, pontifican, no por culpa de Macri sino por responsabilidad exclusiva de la presidente maldita: Cristina Fernández de Kirchner. Macri y sus funcionarios son conscientes de los sacrificios que está haciendo el pueblo (no ellos, por supuesto) pero vale la pena ya que, en el largo plazo, la Argentina estará mucho mejor. Claro que, como muy bien lo señaló Lord Keynes, en el largo plazo estaremos todos muertos. Hernán Andrés Kruse

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