Córdona Heróica repudia las palabras de odio hacia los ciudadanos Argentinos. Y solicita a las autoridades tomen medidas para evitar las discriminaciones xenofogas de politicos hacia los ciudadanos.

Desde Cordoba Heroica le decimos ¡Basta! a las discriminaciones xenofogas de politicos argentinos para con sus ciudadanos. Exigimos de las autoridades se dicten leyes condenando palabras y calificativos tales como: "Odio", "Golpista", "Gorila", "Oligarca", "vende patria", "cipayo", "nazi", "fascista", "Buitre", "Destituyente".


EXIGIMOS JUSTICIA POR: Las víctimas mortales de la tragedia del tren de Once: Juan Carlos Alonso; Karina Mariela Altamirano; Jonathan Maximiliano Báez; Dionisia Barros; Claudio F. Belforte; Natalia Benitez; Federico Agustín Bustamante; Micaela Cabrera Machicao; Darío Cellie; Daniel R. Matías Cerricchio; Juan Daniel Cruz; Graciela Beatriz Díaz; Sabrina Florencia Espíndola; Lucía Fernández Chaparro; Florencia Fernández Sugastti; Juan Leonel Frumento; Yolanda Sabrina Galván; Carlos María Garbuio; Alberto David García; Mónica Garzón; Marcela Alejandra Gómez; Ranulfo González Centurión; Verónica González Franco; Claudia Mariel Izzia; Fernando Andrés Lagrotta; Estela Legia (o Lei Jiang Yan); Nayda Tatiana Lezamo; Isabel López; Nancy López; Roberto López Pacheco; Alex Nahuel Martínez; Lucas Menghini Rey; Marina Moreno; Miguel Angel Núñez Vilcapona; Lucas Gabriel Palud Quini; Sofía Peralta; Silvia Gabriela Pereyra; Gloria Cecilia Pinilla León; Tatiana Pontiroli; Esther Sandra Reyes; Braulio Romero; Graciela Romero; María Scidone; Rosa Margarita Tevez; Sonia Torres Rolón; Gloria Alejandra Troncoso; Nicolás Elías Villalba; Pablo Fernando Zanotti; Cristian Zavala; Ana Teresa Zelaya; Ariel Zúñiga. VÍCTIMAS DE UN ESTADO IRRESPONSABLE - ¡JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES POLÍTICOS Y EMPRESARIALES!

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martes, 28 de junio de 2016

MERAS ENMIENDAS

Meras enmiendas electorales. junio 28, 2016 Alberto Medina Méndez - Presidente del Club de la Libertad de Corrientes. Pese a los recientes anuncios, la ansiada reforma política se ha convertido en una eterna asignatura pendiente. Se escucharon durante meses grandilocuentes discursos y una larga nómina de potenciales modificaciones que luego quedaron atascadas, como tantas otras, a mitad de camino. Las mejoras siempre son bienvenidas, aunque ellas sean parciales. Pero se comete un grosero error cuando se desaprovechan tan alevosamente las actuales circunstancias que resultan más que favorables y se elude la posibilidad de ir a fondo con lo realmente imprescindible. Quedarse en lo superficial sin ir por lo profundo constituye una equivocación gigante. Ya se sabe que el patético esquema de boletas de papel es arcaico y vetusto además de un mecanismo inmoral muy conveniente para los estafadores crónicos que siempre pululan en la política doméstica. Por eso era imperioso buscar variantes y adentrarse en el estudio de otras posibilidades que previeran la incorporación de tecnología para darle mayor celeridad. Nadie duda que las “colectoras” o cualquier otro ardid similar, son funcionales a las perversas trampas de la política tradicional. Son demasiados los vicios que conviven dentro del actual régimen. Las normas deben encargarse de poner freno a estos dislates y contribuir de un modo efectivo a otorgarles mayor legitimidad de origen a los candidatos elegidos. Los organismos que fiscalizan lo electoral deben ser independientes, pero no solo desde lo retórico, sino desde lo fáctico. Para ello es preciso precisar los mecanismos que tiendan a evitar que los intereses del gobernante de turno interfieran, de algún modo, en la genuina voluntad ciudadana. Los dirigentes de hoy se han llenado la boca hablando de agilidad, transparencia y equidad, pero han omitido cuestiones demasiado relevantes para que esos términos se conviertan en verdaderos objetivos a cumplir suficientemente creíbles. Lo hecho hasta acá solo muestra tímidamente algo de esto, pero no exhibe una convicción profunda para lograr ese cometido. Hablar de reforma política sin abordar cómo se financian los partidos, las campañas y las elecciones es una falta de respeto a la sociedad toda, una absoluta defraudación a la confianza de la gente. Si estos aspectos “sucios” pero esenciales de la política de este tiempo no se encaran con valentía y determinación solo se seguirá girando en círculos. El Estado de la mano de la corrupción estructural y el silencio cómplice de las corporaciones siguen siendo la principal fuente de recursos para la actividad política. Lo hacen sin explicitarlo abiertamente, en forma disimulada, a escondidas, con todo lo que eso implica. Quienes esperan que las cosas cambien en serio, no pretenden solo un poco de insustancial maquillaje o la implementación de algunos parches, sino que aspiran a transformaciones más trascendentes. Cuando los que asumieron la tarea de hacer los deberes como corresponde, finalmente no lo hacen, terminan pareciéndose demasiado a sus antecesores y eso no es bueno. Todas las propuestas de modificaciones son interesantes pero queda la sensación de que son incompletas e insuficientes. Se precisa mucha más claridad conceptual, un dialogo responsable y un conjunto de propuestas desafiantes que conduzcan los esfuerzos hacia un nuevo sistema superador. No se alcanzará jamás algo definitivo, pero se debe aspirar a un nivel cercano al óptimo para no conformarse con casi cualquier cosa. Se avanza solo en pequeños retoques que además no son consensuados. No sirve de nada hacer modificaciones con mayorías circunstanciales. Los cambios consistentes y que pueden permanecer en el tiempo, son aquellos que gozan de enormes apoyos concretos. No se debe buscar homogeneidad total en la visión, pero si es preciso que lo acordado goce de un colosal beneplácito que asegure cierta continuidad de estas reglas en el futuro. Esto de proponer ideas aisladas, que no han sido debidamente debatidas por la sociedad y que solo fueron escasamente acordadas con una parte del arco político opositor culminan, inexorablemente, en simples apuestas por el corto plazo. Aun si se lograran los acompañamientos parlamentarios necesarios, estas cuestiones no se han madurado del todo aun y por lo tanto son solo un engranaje de una estrategia absolutamente coyuntural. Las reformas serias no se trabajan ni se instrumentan, con esta premura, sino con paciencia e inteligencia. También se diseñan con una dosis mayor de grandeza, mirando fundamentalmente a las próximas generaciones y no a la inmediatez que siempre propone la mediocre política contemporánea. Todo hace pensar que se está desperdiciando otra brillante ocasión para hacerlo todo mucho mejor. Esta es solo otra muestra más de que sigue reinando la improvisación, la infaltable especulación sectorial y por ello los progresos son casi siempre marginales y totalmente inestables. Este camino que recién se empieza a transitar debería hacer una pausa para reconsiderar el esquema central que se ha seleccionado. Es preciso no solo cambiar el sistema electoral vigente sino fundamentalmente el enfoque elegido para que el resultado de este proceso no sea tan insignificante. Existe un importante riesgo de que las desilusiones del pasado, que todas las quejas que la gente tiene en el presente se pasen por alto otra vez y sean nuevamente postergadas para una ocasión mejor que nunca llega. Lamentablemente, todo lo que se ha sabido hasta ahora, muestra que la tan mentada reforma política en las que tantas esperanzas se habían depositado desde la ciudadanía será, al menos por ahora, solamente una interminable lista de meras enmiendas electorales.

LAS CLASES SOCIALES

LAS CLASES SOCIALES Posted: 28 Jun 2016 05:43 AM PDT Por Horia Sima A unidad de la nación está permanentemente amenazada por una serie de fuerzas de tendencia centrífuga: los partidos políticos, las corrientes regionalistas y las clases sociales. De todas estas fuerzas susceptibles de convertirse en un peligro para la existencia de la nación, cuando se corrompen y degeneran, las mayores perturbaciones son provocadas por la lucha de clases. La importancia que ha adquirido esta lucha en nuestros días no se debe a la enorme masa obrera que apareció en cada nación como consecuencia del proceso de industrialización del mundo entero, sino especialmente al desplazamiento de su centro de gravedad. La lucha de clase ya no se desarrolla hoy día dentro de las fronteras de un país, sino que es explotada por un movimiento con carácter internacional, el comunismo, cuya meta final. es la dominación de toda la tierra. José Antonio reconoce que la crítica hecha del liberalismo político por el socialismo es justa. El Estado democrático no ampara al ciudadano en el campo de la competencia económica. Este tipo de Estado se contenta con proclamar la libertad del trabajo y de todas las relaciones económicas; pero no se preocupa de la condición particular de cada ciudadano, de su resistencia económica, del capital con el cual entra cada uno en esta lucha. En un Estado demoliberal, el obrero se encuentra en iguales condiciones de trabajo que una persona poseedora de una fortuna inmensa. De esta lucha desigual, el obrero está condenado a salir permanentemente derrotado. En la teoría, el obrero puede emplearse donde le parezca y en las condiciones que él crea aceptables para sus propios intereses; pero en la práctica se convierte en esclavo de aquellos que poseen el capital. El hambre, la falta de medios económicos, le obligan a aceptar el primer empleo que se le ofrece. La libertad de que goza el obrero en el sistema económico capitalista es ilusoria. En realidad, esta libertad no beneficia más que al capitalista. El obrero no tiene recurso alguno para defenderse contra aquellos que poseen los medios de producción. Una retribución justa para su trabajo le está prohibida. Como subraya José Antonio: «El obrero aislado, titular de todos los derechos en el papel, tiene que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalista, por duras que sean» (56). En esta lucha, el Estado demoliberal no interviene. Es una cuestión que no entra dentro de sus atribuciones. El liberalismo político ofrece al obrero derechos y libertades, pero lo abandona a la explotación económica del capitalista. El capitalismo es responsable en las épocas de prosperidad de la proletarización de la nación, y cuando está agotado por alguna crisis, los daños los pagan siempre los obreros. Las fábricas cierran sus puertas, y millones de hombres quedan sin trabajo. Los proletarios bajan así un peldaño más en la escalera social: se convierten en parados. La justicia social se ha convertido en un imperativo de nuestros días. El problema social no se puede ni ignorar ni falsificar. Existe una clase de hombres que viven en la miseria, en la periferia de las grandes ciudades, y están buscando una vida mejor. Una de las soluciones del problema es la indicada por el marxismo. Esta doctrina sostiene que la emancipación económica de la clase obrera no se puede efectuar más que en el plan internacional. La injusticia social desaparecerá del mundo solamente por el esfuerzo común de todas las clases explotadas, de todos los países. Los obreros deberían unirse en un frente común contra un enemigo de clase, el único y lo mismo en todos los países. Para tener éxito en su lucha, ésta tiene que extenderse al mundo entero. El proletariado victorioso edificará entonces, sobre las ruinas de los Estados actuales, el imperio mundial de la justicia social, que el comunismo pretende representar de manera exclusiva. La lucha de clase no es un fenómeno específico de nuestra época. Aparece en el mundo junto con la Historia junto con la organización de la sociedad política. La innovación que aporta el marxismo consiste en sacar la lucha de clase del cuadro nacional y ponerla bajo un mando internacional. Según su doctrina, los obreros del mundo entero estarían enlazados los unos a los otros por intereses mucho más poderosos que aquellos que les unen a sus países. El hecho de pertenecer a una clase sería mucho más importante que el de pertenecer a una nación; el obrero de una nación estaría mucho más cerca, política y espiritualmente, al obrero de otra nación que a su propio connacional de otro origen social. La Humanidad tendría una fisonomía distinta de la que conocemos hasta ahora: en toda la extensión de la tierra estaría constituida por una clase poseedora y la clase de los explotados. Las naciones no serían más que variedades secundarias del género humano. El comunismo provoca una escisión artificial entre lo nacional y lo social. Desplaza la clase social del cuadro de la nación y la trata como si fuera un organismo mucho más importante que las naciones. Procede como si, arrancando el corazón y los pulmones de un organismo biológico, se pretendiese que toda la vida se resume en ellos y que pueden vivir aislados. Bajo el pretexto de introducir un nuevo orden social, de hacer justicia a las víctimas del capitalismo, se atenta a la integridad misma de las naciones. El hombre es reducido al estado de un animal social. El ideal comunista es el de una Humanidad amorfa, en la cual estaría apagado hasta el recuerdo de una vida nacional. Corneliu Codreanu, José Antonio y todos los nacionalistas del mundo eligen otro camino para solucionar el problema obrero. Ellos se oponen con todas sus energías a esta solución abominable, obra de un cerebro demente o satánico. Para realizar la justicia social no es imprescindible hacer volar al aire todas las instituciones del pasado. El camino de las reivindicaciones obreras no pasa obligatoriamente por encima del cadáver de la Patria. Es tan absurdo -decíamos en otro trabajo- como si se pretendiese que prendiendo fuego a una casa se arreglase una puerta o una ventana estropeada. La injusticia social indica el mal funcionamiento del organismo nacional. Es suficiente restablecer su buen funcionamiento para que la injusticia social desaparezca. La mejoría del nivel de vida de la clase obrera se puede realizar perfectamente respetando los límites nacionales. Nada nos obliga a sacrificar la Patria. Es absurdo que, a causa de un grupo de individuos anárquicos e irresponsables que detentan los medios de producción y rehusan hacer justicia al obrero, aniquilemos los esfuerzos milenarios de un pueblo. La Patria está por encima de las reivindicaciones sociales. Ella representa el sentido histórico de la existencia del hombre. Una revolución social no puede venir desde fuera. Ella debe efectuarse sobre la plataforma de la nación. Sólo la nación tiene el derecho de hacer revoluciones. Cuando interviene una fuerza extranjera en una acción revolucionaria, se atacan los derechos de la nación y se es infiel a la misma revolución; y los que se sirven de dicha fuerza para destruir el orden interno no son más que traidores de la Patria. Los partidos comunistas, que están a las órdenes de una potencia extranjera, no son partidos nacionales. Por eso, un Estado consciente de su misión sólo puede tratarlos como a un ejército extranjero invasor del territorio nacional. «No permitimos a nadie -dice Corneliu Codreanu respecto a este asunto- que levante sobre la tierra rumana otra bandera que la de nuestra historia nacional. Por grande que sea la razón de la clase obrera, no le es lícito levantarse por encima y contra las fronteras de nuestro país. No admitirá nadie que por tu pan arrases y entregues en manos de una nación extranjera de banqueros y usureros, todo lo que fue ahorrado por los esfuerzos dos veces milenarios de una estirpe de trabajadores y de valientes. Tu justicia dentro de la justicia de la estirpe. No se admite que para tu justicia destruyas la justicia de tu nación» (57). Comentando la revolución de Asturias, del mes de octubre de 1934, José Antonio subraya que su gravedad reside especialmente en la intervención de una potencia extranjera. Los soldados que han ahogado aquella revolución no han defendido el orden burgués, como afirmaban los partidos conservadores, sino las permanencias de España, amenazadas por el marxismo. Admira el valor de los mineros de Asturias y deplora al mismo tiempo que se han dejado engañar por los agentes de la internacional comunista: «No empleéis vuestro magnífico coraje en luchas estériles. Haced que os depare, además de la justicia y el pan, una Patria digna de vuestros padres y de vuestros hijos» (58). La lucha obrera para un porvenir mejor es legitima cuando se mantiene dentro del cuadro nacional. Todo el que se asocia con una potencia extranjera -no importa el motivo de su lucha- infringe la disciplina nacional y la reacción de un Estado consciente de su misión es inevitable. Pero esta norma debe regir para todas las clases sociales. La clase poseedora es igualmente antinacional cuando invoca a la Patria, a la tradición, a la autoridad, al interés nacional, sólo para defender su propio interés de clase, prolongando un régimen social injusto. Atrincherándose al amparo de la autoridad del Estado, en posiciones económicas privilegiadas, la clase adinerada impulsa a las masas a caer en el pecado de rebelarse contra su propia Patria. Esta clase tiene una gran responsabilidad en la orientación extranacional de las fuerzas obreras. Cuando los dirigentes de un Estado hacen un llamamiento a los sentimientos patrióticos del obrero para respetar el régimen de solidaridad nacional, no se pueden sustraer ellos mismos de este deber. La Patria no puede tener significados distintos según las diversas clases de ciudadanos que la constituyen. Corneliu Codreanu condena aquella clase de obreros que en nombre de la justicia social se levantan contra su propia Patria, pero con la misma vehemencia se dirige también contra todos los que abusan del poder que detentan en el Estado para mantener una organización económica injusta: «Pero tampoco admitiremos que al amparo de las fórmulas tricolores -refiriéndose a la bandera nacional- se instale una clase oligárquica y tiránica a costa de los obreros de todas las categorías y les despelleje literalmente, pregonando sin cesar los nombres de Patria -a la que no quiere-, de Dios -en el que no cree-, de la Iglesia -en la que no entra nunca - y del Ejército -al que envía a la guerra sin armas» (59). José Antonio niega a los partidos burguesesconservadores el derecho a erigirse en defensores de los valores espirituales de la Patria cuando al amparo de grandes palabras encubren intereses de clase: «Las derechas invocan. grandes cosas: la patria, la tradición, la autoridad ... ; pero tampoco, son auténticamente nacionales... Si las derechas, (donde todos estos privilegios militan) tuvieran un verdadero sentido de la solidaridad nacional, a estas horas ya estarían compartiendo, mediante el sacrificio de sus ventajas materiales, la dura vida de todo el pueblo. Entonces sí que tendrían autoridad moral para erigirse en defensores de los grandes valores espirituales. Pero mientras defienden con uñas y dientes el interés de clase, su patriotismo suena a palabrería; serán tan materialistas como los representantes del marxismo» (60). La clase capitalista -especialmente los poseedores del gran capital financiero- dañan también a la nación, de otra forma. Su tendencia es desplazar el centro de gravedad de sus negocios fuera de las fronteras del país. «El gran capitalismo es internacional -dice José Antonio-; «cuando recibe un golpe en un país, cubre las pérdidas con lo que en otros países gana» (61). Al no poseer una residencia fija, el gran capital no puede tener apego a ninguna nación. El capital financiero no tiene Patria. Emigra de un país a otro y crea constantemente a su favor una red de intereses que se sobreponen a los intereses de los distintos países. «Llega el momento -afirma Corneliu Codreanu- en el cual los partidos políticos no representan más la nación, sino los intereses de la finanza internacional (62). A semejanza del comunismo, el gran capital rompe el cuadro de la nación, creando estructuras supranacionales y antinacionales. Advirtiendo el doble peligro que representa para los intereses de la nación el gran capital financiero, José Antonio preconiza una serie de reformas destinadas a reintegrarlo al control del Estado nacional. Sus adversarios, pertenecientes a los partidos burgueses-conservadores, lo atacan de una manera cobarde. Lo acusan de tendencias bolcheviques. Corneliu Codreanu sufrió las mismas invectivas por parte de los partidos políticos, porque pedía que el país se asentase sobre una base socialeconómica más justa (63). José Antonio da a sus calumniadores una réplica magistral. Primero se pregunta ¿qué es el bolchevismo? Es una actitud materialista frente a la vida. En último análisis, el bolchevismo significa la materialización de la vida, la extirpación en el alma de los pueblos de todo lo que representa un residuo espiritual: Religión, Patria, Familia. El antibolchevismo no puede ser más que la posición desde la cual se mira el mundo bajo el signo de lo espiritual Bolchevique -concluye José Antonio- «lo es todo el que aspira a lograr ventajas materiales para sí y para los suyos, caiga lo que caiga; antibolchevique es el que está dispuesto a privarse de goces materiales para sostener valores de calidad espiritual (64). Los representantes del mundo capitalista, que encuentran su suprema satisfacción en la acumulación de fortunas superfluas, son los partidarios de la interpretación materialista del mundo y, como tales, los compañeros de los bolcheviques y verdaderos bolcheviques. «Y con un bolcheviquismo de espantoso refinamiento: el bolcheviquismo de los privilegiados» (65). El estado nacionalsindicalista se apoyará sobre el trabajo y derrumbará el mito de oro que sofoca a España y a los españoles. Corneliu Codreanu ostenta la misma reacción frente al bolcheviquismo disfrazado bajo otras formas de materialismo: «No negamos, y no negaremos nunca, la necesidad de la materia en el mundo, pero negamos y negaremos siempre su derecho al dominio absoluto. Atacábamos, pues, a una mentalidad en la cual el becerro de oro era considerado como el centro y el sentido de la vida. La única fuerza moral, en los primeros tiempos de nuestra acción, la hemos encontrado en nuestra fe, inquebrantable, en que solamente apoyándonos en la armonía originaria de la vida -subordinación de la materia al espíritu- venceremos las adversidades y llegaremos a la victoria en contra de las fuerzas satánicas, coligadas para destrozarnos» (66). La tajante réplica de José Antonio no es una polémica baladí. Se refiere a una situación real. El criterio recomendado por él para diagnosticar la infección bolchevique dentro del organismo nacional conserva su intacta validez en la actualidad. El mundo occidental se halla tan intoxicado por el marxismo, que no se da cuenta que ha llegado a pensar en categorías marxistas; no se da cuenta de que ha consentido que toda la lucha se desarrolle en el plano ideológico del adversario. Al materialismo marxista no se le opone hoy día una actitud espiritual, sino que se le contesta con otra afirmación materialista de principios, con otra clase de materialismo. Si se hiciera una encuesta entre los hombres políticos del Occidente, preguntándoles en qué residen las divergencias entre el Este y el Oeste, la mayoría no dudaría en afirmar que en la base de aquéllas se halla la distinción de estructura económica entre los dos bloques: la sociedad de tipo capitalista se enfrenta con la sociedad de tipo comunista. Este juicio tiene sus orígenes en la dialéctica materialista de la Historia. Quien afirma que la lucha se da entre el capitalismo y el comunismo, acepta implícitamente la tesis marxista, que explica todos los acontecimientos históricos por los cambios que se efectúan en el sistema de producción de la sociedad. El Occidente se distinguiría en su constitución política del bloque comunista sólo porque la forma de producción es otra. Las diferencias de orden político son provocadas por la infraestructura económica distinta de estos países. No son las libertades humanas que se enfrentan con la esclavitud, no es la Iglesia que se enfrenta con los que quieren arrancar a Dios de las almas, no son los pueblos que se enfrentan con el imperialismo soviético, sino que toda la lucha se reduce a un conflicto entre dos sistemas económicos. Nos hallamos delante de una formidable operación de desvío ideológico en favor del comunismo. Contentándose con la explicación servida por el enemigo, el Occidente se expone a los más grandes peligros, porque pierde de vista la parte esencial de la lucha en que se ha comprometido. Los objetivos del comunismo son mucho más profundos que la implantación de un nuevo orden económicosocial. La lucha entre los dos sistemas económicos constituye sólo una faceta, una cortina de humo detrás de la cual se ocultan intenciones mucho más terribles. Lo que realmente debe preocuparnos en el comunismo es el impulso satánico de esta revolución. El Estado soviético es una proyección total del mal en la Historia. Nada de lo que hoy día forma los fundamentos de la vida humana quedaría en pie, en la eventualidad de una victoria comunista total en el mundo. Todos los valores multimilenarios que han asegurado hasta ahora el equilibrio en la sociedad humana -la Religión, la Nación, la Propiedad, la Familia, el Derecho, la Moral, la Persona humana-, todos están destinados a desaparecer asesinados por los partidarios de la ideología marxista. Los verdaderos anticomunistas no se sitúan sobre una posición materialista, no hacen el juego a los adversarios declarándose los defensores de un sistema económico contra otro sistema económico. «Nosotros somos también anticomunistas -dice José Antonio-, pero no porque nos arredre la transformación de un orden económico en que hay tantos desheredados, sino porque el comunismo es la negación del sentido occidental, cristiano y español de la existencia» (67). Corneliu Codreanu también ve en el comunismo, ante todo, una calamidad de orden moral y espiritual: «El triunfo del comunismo en Rumania significaría: supresión de la Monarquía, disolución de la Familia, desaparición de la propiedad privada y la pérdida de la libertad. Significaría nuestro despojo de todo lo que forma el patrimonio moral de la Humanidad y, al mismo tiempo, la pérdida de todos los bienes materiales» (68). El marxismo no es un sistema económico-social. Es la negación total del hombre. Tiende a la extirpación del alma humana, de los más profundos y sacros vestigios de espiritualidad y de vida libre. José Antonio ha presentado en expresiones estremecedoras la vida de infierno que prepara el comunismo a la Humanidad: «Si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un nuevo orden en lo económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo. Es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la Historia; es la sustitución violenta de la Religión por la irreligiosidad; la sustitución de la Patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por clases, y no la agrupación de los hombres de todas las clases dentro de la Patria común a todos ellos; es la sustitución de la libertad individual por la sujeción férrea a un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como un hormiguero, sino que regula también, implacablemente, nuestro descanso. Es todo esto. Es la venida impetuosa de un orden destructor de la civilización occidental y cristiana; es la señal de clausura de una civilización que nosotros, educados en sus valores esenciales, nos resistimos a dar por caducada» (69). Para evitar la caída de la nación bajo el dominio del comunismo, no es suficiente proclamarse uno anticomunista, aunque quisiéramos comprender bajo esta denominación lo que es justo que se entienda: la lucha por la defensa de la civilización cristiana. Frente a una creencia, a una mística, que ha logrado convertirse en el polo de atracción de las masas obreras, no se puede oponer una negación. El ideal comunista sólo puede ser combatido con éxito oponiéndole otro ideal, otra creencia, otra mística que sobrepuje en intensidad a la mística comunista. Sólo un movimiento político dotado con una fuerza de atracción superior a la agitación comunista puede reintegrar a los obreros en el seno de la Patria. Todo el problema de la lucha anticomunista en un país libre se reduce en el fondo a lo siguiente: encontrar una fórmula política dinámica que arranque a los obreros del ambiente marxista y les convierta en militantes de la nación. «La única solución -afirma José Antonio- es que estas fuerzas proletarias pierdan su orientación internacional o extranacional y se conviertan en una fuerza nacional que se sienta solidaria de los destinos nacionales» (70). Los antiguos partidos políticos no tienen fuerza para reintegrar a las masas obreras en la nación, porque ellos mismos defienden intereses de clase. Mediante este egoísmo de clase alimentan los conflictos sociales y provocan la deserción de los obreros del frente nacional. Al asalto marxista, ellos no pueden oponer otra cosa que una actitud de inmovilidad política, funesta no sólo para los partidos, sino para la nación entera. No son capaces de una movilización de las energías nacionales contra el comunismo, porque no están iluminados por una gran fe. Les falta el ímpetu y la generosidad. Sólo los movimientos nacionales pueden oponer a la aspiración revolucionaria del comunismo otra aspiración revolucionaria capaz de llenar la grieta operada en el edificio de la nación. Sólo ellos pueden realizar la síntesis entre lo social y lo nacional, porque sólo ellos se dirigen al país desde el centro de interés de la nación entera. Un movimiento no representa intereses subalternos; no une su destino a una clase o a un grupo de individuos; abraza los intereses de todas las clases sociales. Los dos fundadores tratan el problema obrero desde un punto de vista superior a la lucha de clases. Para ellos lo social no es más que un aspecto de lo nacional. La separación entre las dos nociones es artificial. Siendo las clases sociales subdivisiones de la nación, las dificultades de convivencia entre ellas se eliminan buscando la solución en función de las necesidades del organismo entero. La lucha de clases modifica completamente su carácter si se enfoca desde la perspectiva de la nación. La nación no tiene ningún interés en que una parte de sus miembros vivan en la miseria, ya que -dice Corneliu Codreanu- «la nación encuentra apoyo igual entre los ricos y los pobres» (71). La elevación del nivel de vida de la población no es sólo una cuestión de justicia social. Es una cuestión nacional. Sólo cuando se salva a las masas de la miseria y de la ignorancia, el genio de un pueblo se puede desarrollar en su plenitud. Su base de creación se ensancha abarcando también las filas anónimas de la población. El interés de la nación es que desaparezca la plaga de los sufrimientos materiales. La pobreza constituye un peso muerto en la lucha diaria que sostiene la nación para realizar su destino. Una nación azotada siempre por el hambre y por faltas materiales es una nación encadenada. No se puede emancipar de las necesidades cotidianas para consagrar sus energías a la cultura y a la historia. La justicia social es un derecho del individuo, derivado de la mera pertenencia a una comunidad política. Las aspiraciones de los obreros se integran en la aspiración total de la Patria. «El bienestar de cada uno -dice José Antonio- de los que integran el pueblo no es interés individual, sino interés colectivo, que la comunidad ha de asumir como suyo hasta el fondo, decisivamente. Ningún interés particular justo es ajeno al interés de la comunidad» (72). José Antonio y Corneliu Codreanu piden que sea sobrepasada la lucha de clases en nombre de una realidad que abarca los intereses de todos. Tanto la clase obrera como la clase adinerada son culpables ante la nación, porque los unos como los otros tienen la tendencia a subordinar la nación a sus intereses de clase. Pero la nación tiene sus fines propios, independientes de los fines individuales, independientes de los fines de partido y de los fines de las clases que la constituyen. Todas estas categorías sociales deben dar primacía a los intereses de la nación, que, a su vez, les tomará a todos bajo su protección. Ella cuida de los intereses de todos como si se tratara de sus propios intereses. Debe cesar la rivalidad entre el patrono y el obrero para dejar sitio a su cooperación en el conjunto de la producción nacional. De la absurda lucha entre el patrono y el obrero no puede aprovecharse más que el comunismo. Los patronos serán desposeídos de sus bienes y los obreros serán despojados de su libertad para ser rebajados a esclavos del capitalismo de Estado, tal como ha ocurrido en todos los países que han caído bajo la dominación comunista. ¿Cómo pueden ser convencidas las clases sociales para que renuncien a sus egoísmos y se integren en la comunidad nacional? La tarea no es fácil. Sus intereses representan algo vivo, concreto, palpable, mientras que la nación representa algo muy lejano, una imagen vaga, que sale fuera de las preocupaciones comunes de la vida. El impulso para la confraternidad sólo puede venir cuando se actualiza el destino histórico de la nación Sólo cuando se proyecta sobre la pantalla de la conciencia nacional una gran misión histórica, las clases se desprenden de su egoísmo, y tanto el rico como el pobre están dispuestos a hacer sacrificios por la Patria. Al impulso destructivo del marxismo hay que oponer el impulso creador de la nación. Para atraerse a las masas populares hay que infundirles el sentido nacional de la existencia bajo una forma accesible a su comprensión y a su imaginación. Sólo la visión del destino nacional puede salvar la integridad de la Patria. A las masas se les debe insuflar el gusto de las grandes realizaciones históricas. Entonces serán fieles a la Patria, entonces olvidarán sus sufrimientos y serán capaces de sacrificios ilimitados. Las masas no exigen lo imposible de sus dirigentes. Sólo piden que su esfuerzo tenga un sentido, que sea realizado en provecho de la comunidad nacional. Lo social y lo nacional no pueden fusionarse más que bajo el techo de la Patria espiritual. La aspiración total de la nación debe convertirse en la aspiración de la clase obrera. Solamente por el empeño de la nación entera en una empresa colectiva se puede superar la lucha de clases. «Contra la anti-España roja sólo una gran empresa nacional puede vigorizarnos y unirnos. Una empresa nacional de todos los españoles. Si no la hallamos -que sí la hallaremos, nosotros ya sabemos cuál es-, nos veremos todos perdidos» (73). «No cabe convivencia fecunda, sino a la sombra de una política... que sirva únicamente al destino integrador y supremo de España» (74). Supongamos ahora que mediante un feliz conjunto de circunstancias lográramos organizar una base humana de existencia para el pueblo entero. Esta conquista de orden económico y social no defiende a una nación del peligro de su desintegración. La justicia social no crea automáticamente buenos ciudadanos y buenos patriotas. El motivo es bien conocido y se relaciona con la psicología del hombre. Las necesidades materiales del hombre tienden a aumentar infinitamente. Nunca se dará por satisfecho con lo que posee. Siempre verá injusticias cuando compare su situación material con la de las personas mejor situadas que él. En vano buscaremos la paz social sólo en la satisfacción de las necesidades materiales, por generosa que sea la actitud de la nación hacia el individuo. Para que la justicia social no se transforme en una fuente continua de descontentos, debe ser realizada con vistas a un fin más alto: La armonía total en el seno de una nación «no puede surgir sino de la comunidad de ideales», dice Corneliu Codreanu (77). La pasión de poseer se aplaca y el alma se serena cuando la vida del hombre está anclada en una realidad que pueda disminuir el interés por los bienes materiales. José Antonio sintetiza esta posición en la siguiente proposición: «Por eso la Falange no quiere ni la Patria con hambre ni la hartura sin Patria: quiere inseparable la Patria, el pan y la justicia» (78). Es un grave error creer que el obrero sólo tiene por aspiración la de ser bien retribuido. No se le puede integrar en el Estado ni se le puede conquistar para la nación, por excelentes que sean las condiciones materiales que se le ofrezcan. Esto no basta para satisfacer sus aspiraciones. En Francia, en Italia, en otros países, los obreros gozan de un alto nivel de vida. Viven como pequeños burgueses; tienen unos salarios superiores a los funcionarios del Estado y, sin embargo, su adhesión al partido comunista continúa siendo elevada. ¿Cómo se explica este fenómeno? Ahora no es la miseria la que empuja a los obreros hacia el comunismo. ¿Qué es entonces? ¿Qué les determina a perpetuar su enemistad hacia la nación? El obrero quiere algo más que un trozo de pan. Quiere salir de la categoría de paria de la sociedad y ser considerado como un ciudadano igual a los demás ciudadanos. Quiere convertirse en un miembro respetado de la comunidad política y en esta calidad, que se le resuelva también la cuestión de su existencia material. La falta de consideración con que es tratado por las demás clases sociales le hiere más profundamente que la falta de un pan mejor. Para el obrero, el Estado representa un instrumento de represión social, que defiende los intereses de la clase explotadora. El obrero quiere que el Estado se convierta en una casa abierta para todos, en la cual pueda ser recibido con su parte de responsabilidad, de derechos y de beneficios. «Hay que tratar la cuestión profundamente y con toda sinceridad -dice José Antonio- para que la obra total del Estado sea también obra de la clase proletaria. Lo que no se puede hacer es tener a la clase proletaria fuera del poder» (79). Corneliu Codreanu pide que el obrero sea elevado a la dignidad de ciudadano: «El Movimiento Legionario dará a los obreros algo más que un programa, algo más que un pan más blanco, algo más que una cama mejor. Dará a los obreros el derecho de sentirse dueños de su país, igual que los demás rumanos. El obrero andará con paso de amo, no de esclavo, en las calles llenas de luces y de lujo, donde hoy no se atreve a alzar su mirada. Por primera vez sentirá el gozo, el orgullo de ser amo, de ser el amo de su país» (80). Fragmento de "Dos Movimientos Nacionales#

lunes, 27 de junio de 2016

FUTURA ASILADA ?

KRETINA ESTA A PUNTO DE PEDIR ASILO POLÍTICO EN CHILE Gente carlos belgrano Alarosada Hoy a las 22:40 Para francisco scolaro Eduardo Bordones politicag@googlegroups.com tica poli osvaldo buscaya y 357 más... Texto del mensaje Amigos: El cerco probatorio, las escuchas telefónicas, y los inminentes "arrepentidos" -Baez & Lopez- con mas los entrecruzamientos de las cuentas externas, como destino final de las mas de cien rutas del dinero K, ya han convencido a la ex Presidente, para armar sus maletas. El único efectivo disponible al que puede echarle mano, es una cuenta Vip que, tendría en la casa matriz del Banco Edwards, en Santiago, registrada a su nombre, y en orden reciproca de su hija Florencia. Por una suma aproximada de siete millones de euros. En Comodoro Py y en la Rosada, todos estos alcahuetes de turno, son de la idea que, sera lo mejor para todos, incluyendo a Mauricio. Ya que de esa forma, se evitarían conatos de corridas pseudo populares, en defensa de su libertad. La salida esta preparada, para cualquier momento, aunque sus uniros referentes de confianza, esto es, Zannini & Ulloa, ignoran como asesorarla, respecto del "físico" que, aun guarda en su chalet de Rio Gallegos y en la cripta de Nestor. Pero al fin de cuentas, sabiendo que, carece de otra escapatoria factible a otro destino, se dispone a incomodar a su intima amiga Bachelet, quien registra el indice mas bajo y oprobioso desde que es Mandataria. Otros destinos como Creta y Gibraltar, donde también tiene muchos depósitos, fueron denegados por Cameron, la pasada semana, antes del referéndum. Su lógica de profugarse, no esta exenta de riesgos, pero tampoco es muy desacertada, toda vez que su próxima estadía trasandina, solo podría complicarse, en la hipótesis que, Sebastian Piñera retorne a La Moneda en 2019. Y ademas porque la futurologia, en política ha dejado de existir. En resumidas cuentas, todos los interesados, ergo el Gobierno y la rémora peronista, estarán mas desahogados sin esta Golfa, en un Presidio Femenino, a los gritos, en camisón y despeinada. Y a todo evento, porque en el universo social Argentino, como dicen los adolescentes: "ella ya fue". E incluso en su reducido aparato cognitivo, es de la idea que su eventual "retorno", podría revestir un "acting" épico. Nadie sabe ni puede suponer con certeza que sucederá en Argentina, en los próximos sesenta días. Un sismo de grado 9,5 esta sacudiendo el mundo financiero internacional por el "Brexit" de Londres. Y todo, incluyendo a lo mas remoto e inimaginable, puede suceder un día de estos. Tan solo un pequeño e insignificante detalle, me provoca cierta dosis de somnolencia. ¿Que harán con todos los que se encuentran cercanos a "defeccionar" ?. Porque si esta "viuda negra" se esfuma ¿de que les servirá arrepentirse a quienes piensan hacerlo?. La interpretación la deposito en manos de los Lectores. Junto al "soplo" que KRETINA ESTA A PUNTO DE PEDIR ASILO POLÍTICO EN CHILE. Cordialmente Carlos Belgrano.- alarosadatodos@gmail.com

domingo, 26 de junio de 2016

EL ATRILERO: MERAS ENMIENDAS ELECTORALES

EL ATRILERO: MERAS ENMIENDAS ELECTORALES: MERAS ENMIENDAS ELECTORALES Pese a los recientes anuncios, la ansiada reforma política se ha convertido en una eterna asignatura pendient...

APRENDAN A GOBERNAR

DENUNCIA DE LA CORRUPCIÓN La pregunta del millón: ¿Se 'banca' Macri un 'Lava Jato'? Está muy bien investigar la abundante y profunda corrupción kirchnerista. Es obvio que, por ahora, todo el esfuerzo del macrismo se dirige a intentar llevar a prisión a Cristina Fernández de Kirchner, pero hay un riesgo por delante: que la lucha contra la corrupción obtenga energía propia y gane autonomía. En ese caso, ¿qué harían el macrismo y sus aliados? Una espada de 2 filos es la cuestión del arrepentido, y hay otra cuestión a tener en cuenta que es parte del código peronista: ¿los de la política confesarían igual que un aterrado playboy fallido como Leonardo Fariña? La respuesta a este interrogante queda para otro día. Por ahora, algunas reflexiones previas. Por ahora todo va contra la corrupción K pero no olvidar la Ley de Murphy (no López Murphy, cofundador del PRO): Lo que va, vuelve... y hay que estar preparado. "Dicen que el presidente Carlos Menem, en el inicio de su primer mandato, le solía decir a su ministro Gustavo Beliz: “Adelante, no aflojes en la lucha contra los que le roban al Estado”. Comentario gracioso para algunos, claro. Eran tiempos en los que el riojano denunciaba el caso Yacyretá como “el monumento a la corrupción” (a propósito, muchos de aquellos proveedores de la obra han continuado y multiplicado sus contratos). No duró mucho Beliz, tampoco aquella monserga de Menem, y todos saben aproximadamente cómo acabó la historia de ese gobierno. Dicen que el presidente Nestor Kirchner, también en el inicio de su gestión, se jactaba de la transparencia de su gobierno. Curiosamente, contaba en ese principio con Gustavo Beliz de ministro, al que había convocado por una pátina de inviolabilidad moral que le otorgaban las encuestas (hasta lo acompañaba, incluso, un equipo de presuntos titanes en pugna contra la venalidad pública). Tampoco duró mucho Beliz, obvio. Más tarde, dicen, Cristina habría de repetir catilinarias semejantes contra la corrupción, después de haberse sorprendido por la herencia inmanejable que le dejó el difunto. “Acá se corta todo”, le atribuyen en su vehemencia. No tuvo la tijera y ya todos saben cómo acabó la historia de su gobierno. Dicen que Mauricio Macri, desde que empezó su gobierno, se encargó de avisarles a casi todos sus ministros que sería impiadoso con aquellos que sorprendiera en actos delictivos, que estaba en el cargo para luchar contra la corrupción. Para algunos cercanos, esa recomendación pasional proviene de un cambio espiritual del personaje, casi religioso, de conclusiones surgidas en sus reflexiones budistas que suelen cambiar ciertos hábitos de vida. Al menos, parte de ese nuevo empeño no responde a una anterior historia empresaria, su actuación boquense, ni a su jefatura municipal. En este caso, la historia empezó hace poco, nadie sabe cómo acaba. El tema de la corrupción, asignatura incumplida de muchos gobiernos, promueve desde la venidera ley del arrepentido (dedicada en exclusividad a este rubro) un abanico de alternativas imprevisibles. Casi como ocurre en Brasil o como ocurrió en Italia. (...)". Roberto García, Perfil. Acerca de estas cuestiones escribió Claudio M. Chiaruttini para su editorial dominical en "Sin Saco y Sin Corbata" (Concepto FM). Aquí algunos de sus conceptos: > "(...) Sólo la debilidad intrínseca que inoculó al Gobierno de Mauricio Macri la escasa diferencia obtenida en el balotaje y el accionar erróneo inicial del macrismo en muchas áreas hizo dudar de que la Justicia, tarde o temprano, iba a hacer estallar la estructura, el “relato” y el prestigio que aún conservaba el Frente para la Victoria en un tercio del electorado. Pero todo llega y las características de cómo fue atrapado José López pusieron el semáforo en “verde” para que los engranajes judiciales se activaran. (...)". > "(...) Para el macrismo la tarea tiene cuatro desafíos: (1) Mostrar éxitos en la gestión, (2) Institucionalizar y potenciar “Cambiemos”, (3) Despegarse de la lentitud que tiene la Justicia para punir a los funcionarios kirchneristas y (4) Circunscribir la corriente de “transparencia”, “justicia” y “persecución a la corrupción” al universo de funcionarios y políticos kirchneristas. Está claro que el “segundo semestre” comenzará el año que viene, que la inflación del 25% será de 40%, piso; que falta bajar más la inflación y reducir mucho más el déficit fiscal; para que “lluevan” inversiones y que consumo sea la variable de crecimiento, no la inversión privada o del Estado. Esa, es otra agenda titánica, como la que tuvo que enfrentar el Gabinete Económico cuando asumió el 10 de Diciembre. Por eso, así como tuvieron éxito con la primera, hay confianza de que cumpla la segunda. (...)". > "(...) Institucionalizar “Cambiemos” no será fácil. Hace 2 semanas que Elisa Carrió ha controlado sus declaraciones (aunque ahora apunta hacia Sergio Massa). El motivo es obvio: Desde el escandaloso arresto de José López, la Justicia ha avanzado en las denuncias más calientes y el avance en la lucha contra la corrupción, que era la prioridad de la agenda de la legisladora, está cumpliéndose, como le reclamaba por lo bajo a Mauricio Macri. (...)". > "(...) Pero la lucha contra la corrupción kirchnerista puede generar un grave problema para el gobierno de Mauricio Macri, como fue el “Lava Jato” tanto para el Partido de los Trabajadores, como para su verdugo, Michel Temer y sus seguidores; dado que las denuncias de casos de depredación de las arcas públicas durante la “Década Ganada” va a terminar por alcanzar a empresarios de primer orden, algunos “amigos” del PRO y a intendentes, gobernadores o legisladores radicales, peronistas o massistas. La pregunta “¿Hasta dónde?” comienza a circular en ciertos grupos de poder, que fueron cómplices de la corrupción kirchnerista, como antes fueron de la corrupción duhaldista, o de la corrupción menemista o de la corrupción sciolistas y, si tienen la oportunidad, lo serán de la corrupción macrista, que lamentablemente habrá. Brasil, económica e institucionalmente hablando, está siendo minado por el “Lava Jato”. ¿Aguanta la Argentina un “Lava Jato” donde caigan presos grandes empresarios y políticos de pesos, de esos que son llamados “Dueños de la Argentina”, en vez de “valijeros”, abogados más o menos truchos, traficantes de efedrina y recién llegados al “Club de la Obra Pública”? ¿Se animará Mauricio Macri a soltarle la mano a algún familiar o amigo que caiga en una causa por corrupción? Faltan respuestas. (...)". > "(...) El kirchnerismo propone dos ejes de batalla discursiva: 1. El macrismo es tan corrupto como el kirchnerismo. Y como el macrismo no es perseguido, el kirchnerismo no debería ser perseguido. 2. "(...) Se usan las causas de corrupción para “tapar” los efectos del ajuste, comparando 2% de caída del PBI con los 51 muertos de la Tragedia de Once, la inflación del 40% con los 8.000 millones de pesos de Impuestos a los Combustibles que no pagó Cristóbal López, los supuestos 250.000 despidos con la “Causa Hotesur”, el aumento de 1,7 millones de pobres e indigentes con el escándalo de José López o el aumento de 23.000 millones de dólares de endeudamiento con el tráfico de efedrina. Más allá que los ejes que intentan imponer los kirchneristas para discutir con el macrismo, su posición implica que el kirchnerismo asume como natural y propio los casos de corrupción. Así, los beneficiados por la caja del Estado durante los últimos 12 años rechazan cualquier autocrítica, cualquier intento de mancillar a sus líderes o cualquier otra opción que no sea transitar la ruta de la necedad y la falacia para la discusión política. (...)". > "(...) Si bien el mandato del voto macrista tuvo un alto componente de lucha contra la corrupción kirchnerista, el eje principal del sufragio a “Cambiemos” fue económico, en realidad, “normalizar” las variables macro y micro económicas. El Ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, acaba de reconocer que 75% del “trabajo sucio” ya fue hecho, quizás, exagerando un poco, pero no deja de confirmar que queda un poco más de “trabajo sucio” por hacer el año que viene, justo cuando se debe realizar un votación que es clave para el futuro del macrismo en el poder. En ese marco, el Brexit introdujo un “cisne negro” en la economía mundial y en la agenda económica del Gobierno de Mauricio Macri. Varios economistas cercanos al massismo ya han anticipado catástrofes diversas; la rama liberal que critica al macrismo levanta banderas de ruptura con el Mercosur y advertencias sobre un auge proteccionista que se desataría a escala mundial; los heterodoxos vuelven a soñar con el fin del capitalismo y la globalización y los desarrollistas temen por el ingreso de inversiones. (...)". > "(...) Pero entre especulaciones, una cosa es real: cuando el PRO asumió en Diciembre pensó que la salida de la recesión vendría por la inversión extranjera; ahora apuestan al consumo. La agenda que se fijaron hace seis meses, cambió y se pudo cumplir en parte. Ahora, la agenda que se había fijado para el segundo semestre, se volvió a modificar, con resultado incierto. En el fondo, eso es gobernar: planificar a futuro y ajustarse a la realidad. Y si el macrismo quiere quedarse 8 años en la Casa Rosada, tendrá que adaptarse a los desafíos que hay en el mundo judicial, en el mundo político y los que vienen del mundo económico. Durante 8 años en el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri y el PRO aplicaron el mecanismo “ensayo - error –verificación - rectificación – ratificación”, una y otra vez. Una vez que llegaron a la Casa Rosada, repiten el mismo esquema. Ya es un habitus en el ejercicio del poder. Pero el costo político, social y de imagen positiva es muy alto. Por eso, ante un nuevo “cisne negro”, quizás, sólo quizás, el macrismo debería comenzar a modificar esta forma de gobernar. En el fondo, a gobernar, también se aprende."

sábado, 25 de junio de 2016

PANORAMA

Panorama político nacional de los últimos siete días Entre el “brexit” y General Rodríguez Con la atención casi plenamente absorbida por la información político-policial, los bolsos revoleados y el súbito incremento de la productividad laboral de los jueces federales la opinión pública corre el riesgo de que el bosque de lo urgente le impida apreciar el árbol de lo importante. Importante es observar, por ejemplo, lo que ocurre y ocurrirá en Europa y el mundo (también los mercados emergentes, también en la Argentina) a raíz del referéndum en el que el Reino Unido decidió eyectarse de la Unión Europea. Verdad y consecuencia Si bien los protocolos europeos prevén un período de hasta dos años (que excepcionalmente pueden estirarse) para consumar un divorcio como el que decidieron los votantes británicos el 23 de junio, los actores políticos y económicos –y los ciudadanos, en general- tienden a anticiparse a lo previsible (y, a menudo, a precipitarlo por esa vía). Muchos observadores consideran que las repercusiones de esa separación pueden tener consecuencias comparables a la de 2008. En principio, subrayan el peligro que corre el papel de Londres como centro financiero de Europa y la vaticinable reducción del comercio entre el Reino Unido y Europa. Algunas cifras parecen avalar ese dramatismo: el Reino Unido (cuarto en el ranking de países por sus importaciones) consume el 16 por ciento de los bienes que exporta la Unión Europea. Simultáneamente, exporta a la UE por 183.000 millones de dólares, casi el triple de lo que a Estados Unidos. Dejar de ser miembro de la UE implica afrontar fuertes incrementos de los costes de exportación a ese destino, que es su principal destino comercial, ya que ser parte de la Unión Europea no sólo da derecho a los ciudadanos de sus países miembros a circular libremente dentro de la comunidad, sino también otorga ese derecho a los bienes, servicios y capitales, pues la UE funciona como un mercado único. Esaas facilidades se evaporan, el comercio se obstruye. Lo razonable sería pensar que, más allá del divorcio, la UE y el Reino Unido comprenderán que se necesitan y encontrarán una vía de resolver la cuestión (tal vez con un acuerdo de libre comercio), pero roto el vínculo, restaurar las quebraduras puede ser difícil cuando hay tantos intereses involucrados y cuando están de por medio las decisiones de elites políticas que no siempre atienden bien las necesidades de sus representados y a menudo las interpretan de manera simplista o demagógica. Lo que parece evidente es que las consecuencias del voto británico por abandonar la UE no se limitarán a la relación entre Londres y Bruselas. La onda expansiva va más allá. Los otros divorcios Hacia dentro del Reino Unido, en principio: Escocia, que busca su autonomía plena, procurará insistir con la búsqueda de separación para no perder la condición de miembro de la UE. En Escocia, la postura pro-permanencia en la UE resultó ampliamente triunfante. Londres afronta otro divorcio. Y quizás haya pujos similares de parte de Irlanda. El gobierno inglés está con la cabeza revuelta: el premier conservador David Cameron (partero del referéndum que sacó al Reino Unido de la UE) ha renunciado, aspira irse en octubre y tiene su partido dividido, con un fuerte sector interno hostil que apoyo la opción rupturista. El laborismo, que partidariamente se inclinó por permanecer en la UE, tiene un líder izquierdista que demoró su propia definición. Y en el firmamento político aparece una corriente marcadamente aislacionista y hostil a los inmigrantes que gana espacio, el Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) que, bajo la dirección de Nigel Farage, había obtenido más de cuatro millones de votos en las elecciones generales de 2015 y que fue una de las fuerzas motrices del voto por la salida. La situación crítica del Reino Unido y el triunfo del “brexit” repercutirá probablemente en las elecciones españolas de la próxima semana donde, con lenguaje de izquierda, la coalición entre Podemos e Izquierda Unida expresa la contestación al establishment europeo que en el Reino Unido tuvo una voz de derecha, como la tiene en Francia con Marine Le Pen y el Frente Nacional, o la tuvo en Austria un mes atrás, donde los partidos tradicionales quedaron atrás de una opción verde ambientalista y otra nacionalista conservadora con rasgos que la aproximan al UKIP británico y al Frente Nacional francés. Los países Bajos tienen su propia, vigorosa versión de esa corriente, que un establishment mediático que parece tener una sola palabra para muchas cosas diversas define como “populista”. Tecnocracia y patria Como telón de fondo de la confusión que agita a Europa hay tensiones que surgen de la pretensión tecnoburocrática de homogeneizar lo heterogéneo por la vía fría de normativas y protocolos. Si el camino continentalista de la unidad responde a la lógica de la progresiva integración de los pueblos y a la física de la integración productiva, ese camino no parece posible transitarlo arrollando identidades. De Gaulle, un hombre nacido en el siglo XIX, concebía la lógica de la unidad que parece tan clara en este siglo, pero la planteaba como unidad “de las patrias”. Europa de las patrias, decía. En el fondo de esa idea se encuentra la posibilidad de adaptarse a la integración con la flexibilidad, los ritmos y los instrumentos que los socios definan desde sus propias soberanías. Es, por otra parte, más sencillo disimular las dificultades en tiempos de bonanza que en tiempos de rigor. El descontento que se canaliza por las disonancias ideológicas de distintos signo se nota en la situación del desempleo y en la pérdida de ingresos y en la caída de la condición social. La desocupación en Europa afecta a jóvenes, a obreros industriales y a amplios sectores de clase media, formados como profesionales. Sin ser el país con porcentajes más altos de desempleo, Gran Bretaña exhibía a fines del año último casi dos millones de desocupados. Los expertos calculan que por cada desocupado hay que contabilizar cuatro afectados (cónyuge, hijos, padres, hermanos, etc.). España irá a las urnas la semana próxima con una cifra de desocupados (5.400.000) que pone al país al tope del ranking por porcentajes (23,8 por ciento, cinco puntos más que Grecia). Francia tiene 10,8 por ciento de desempleo, un punto por encima de la media de la Unión Europea. Un paisaje difícil, del que estén alejados países como Alemania y sus vecinos austríacos, con menos de cinco puntos. Italia, donde la última semana triunfó en Roma y otras ciudades otra versión de la protesta (el movimiento Cinco Estrellas, orientado por un cómico aideológico), tiene un 12,5 por ciento de desocupados. Las repercusiones del “brexit” británico tienen, como se ve, condiciones propias de expansión, a las que se suma la conmoción de las decenas de miles de emigrantes forzosos que toman a Europa como territorio de refugio. Vuelo a la calidad y revoleo de bolsos En momentos de conmoción, dicen los expertos, las inversiones “vuelan hacia la calidad”, es decir, buscan puertos seguros aunque la rentabilidad no sea elevada (y hasta si es negativa). Alemania, primer país exportador del mundo, ha sido uno de los lugares adonde vuelan los capitales que buscan calidad. Llegaban allí incluso con tasas negativas. No es improbable que muchos de esos capitales ansiosos de seguridad empiecen ahora a buscar otros destinos. ¿Puede Argentina beneficiarse de esa incipiente estampida de inversiones, suscitada por la crisis que se avizora en el Viejo Continente? Hay algunos funcionarios que sueñan con eso, porque –dicen- si el país no puede aún, por cierto, ofrecer las seguridades de mercados establecidos y sólidos durante años, puede sí aparecer como una muy buena opción en la ecuación seguridad/rentabilidad, porque emerge como un mercado con grandes posibilidades y en la línea de largada de un proceso de reformas. Otros observadores, en cambio, suponen que durante un período de nerviosismo de algunos meses, la confusión creada por el brexit demorará el flujo de inversiones que se estimaba inminente en condiciones de mayor tranquilidad. La verdad es que Argentina tiene mucho para ofrecer. Sin excluir algunos entretenimientos. Los rasgos funambulescos de las correrías de José López por General Rodríguez -su acaudalada visita nocturna a un convento despoblado pero dotado de modernas cámaras de seguridad y de bóvedas expectantes- constituyen, por ejemplo, una tentación para audiencias atraídas por la peripecia y el esperpento. El riesgo reside en que lo grotesco termine encubriendo lo sustancial y “el reality” sustituya a la realidad. La corrupción como sistema Porque el tema que subyace – corrupción, impunidad, estado de la Justicia y las instituciones- tiene mucho que ver con la posibilidad de atraer o repeler la voluntad de invertir. Provisto del casco y el chaleco que últimamente lo caracterizan en las fotografías, el ex secretario de Obras Públicas que dispuso durante años la suerte de miles de millones de pesos del Estado y fue capturado in fraganti tratando de ocultar más de cien, es ofrecido como emblema de la corrupción. Para algunos, como su personificación excepcional, casi exclusiva: la golondrina que no hace verano. Conviene no extraviarse en esa interpretación ni en las que, menos singulares pero igualmente simplificadoras, vienen teñidas de faccionalismo (pretenden identificar la corrupción con una determinada corriente partidaria) o de indiscriminación (culpan genéricamente a “la política”). Por cierto, tampoco las autoincriminatorias y esencialistas, que culpan de la corrupción a presuntos defectos esenciales de “los argentinos”. La corrupción no es un fenómeno exclusivamente local, ni la Argentina tiene niveles de corrupción a los de otros países que no deberían arriesgarse atirar la primera piedra. Los problemas complejos no se satisfacen con respuestas elementales tipo “muerto el perro se acabó la rabia”. La corrupción es un problema sistémico, que requiere un tratamiento firme pero no recetas presuntamente mágicas y prácticamente chapuceras. Lo que sí parece evidente es que en la fuente del problema está la debilidad del sistema institucional del país - particularmente en materia de justicia- y la fragilidad del sistema político. Las instituciones públicas del país no han acompañado el proceso de reconversión del mundo, que desde fines del siglo pasado asiste a un fenómeno de integración económica transnacional acompañado por la competencia mundial entre empresas, sistemas nacionales y fuerzas laborales. Justicia ciega En ese proceso de integración, el país no puede aprovechar a pleno sus beneficios y recibir con fluidez los capitales que necesita para desplegar su desarrollo, porque sus instituciones son débiles. Prácticamente la totalidad de los inversores extranjeros en el país constituyen domicilio, a los efectos legales, en caso de litigio, en sedes foráneas (habitualmente Nueva York, o capitales europeas). Se trata de un juicio sobre la credibilidad y efectividad de la justicia local, otra expresión del riesgo-país. Se duda de que la Justicia argentina esté en capacidad de hacer cumplir los contratos. El espectáculo de fallos de la Corte Suprema incumplidos por el Estado Nacional o por estados provinciales (Santa Cruz nunca obedeció, por caso, la reiterada disposición de la Corte de reponer en sus funciones al exprocurador general, Eduardo Sosa, desplazado por Néstor Kirchner) contribuye a confirmar aquel diagnóstico, tanto como la inacción de jueces federales que retienen durante años denuncias por irregularidades de funcionarios públicos en ejercicio o precipitan los trámites para absolverlos sin investigación suficiente. Y sólo parecen actuar presionados por los acontecimientos, por los cambios políticos o por reclamos perentorios de la opinión pública. Un sistema político que no tiene institucionalmente reglado y garantizado su sistema de financiamiento básico y se desliza por el plano inclinado del financiamiento gris o negro y un sistema judicial aquejado por espasmos de acción e inmovilidad que consagran impunidades e incumplimiento de reglas están en la base de la corrupción. Se observa ahora que el asunto puede alcanzar un nivel superior de decadencia cuando se cruza con un plan sistemático de aprovechamiento de esas condiciones desde el centro del Estado. Llegado ese límite, se vuelve indispensable desarticular el sistema corrupto, pues éste se convierte en límite infanqueable para el desarrollo y la inserción en el mundo, que requiere transparencia, reglas de juego, eliminación de los mecanismos y refugios de impunidad que limitan la competencia pareja, capacidad de acción legal y práctica frente a la amenaza del delito organizado y el dinero negro. Ningún capital serio volaría al país buscando calidad en esas condiciones. El episodio de General Rodríguez, por eso, es apenas un capítulo pintoresco pero menor en el crucial proceso de reestructuración que afronta la Argentina, sin duda con el respaldo de la opinión pública y el empeño de los principales socios internacionales. Se esperan capítulos más densos. Jorge Raventos

LAS NOCHES TRISTES......

LAS NOCHES TRISTES DE TRES TIGRES "Hay un tiempo para vivir y otro para morir". Eclesiastés Resulta curiosa, salvando algunas diferencias no menores, la similitud en los finales de los tres regímenes populistas más importantes de la región en los últimos años, comenzando por las atribuciones de la derrota a la prensa libre. Nicolás Maduro está acorralado por una inédita crisis que está hambreando y, literalmente, matando a la población de Venezuela, mientras intenta perdurar convirtiéndose en un dictador sostenido sólo por las armas de sus fuerzas de seguridad, todas cómplices del narcotráfico. Dilma Rousseff ve, cada día, como los jueces de Brasil mandan a la cárcel a sus principales colaboradores, mientras espera ser destituida al concluir el período de la suspensión que le fuera impuesta. Y Cristina Elisabet Fernández ya ha ingresado a la cloaca máxima de la historia argentina. Esta semana fue la peor en el calvario que el kirchnerismo está recorriendo desde el 10 de diciembre, y en el camino va dejando jirones de personajes nefastos, familias y maletas llenas de dinero, mientras ya no hay nombre alguno para llevar como bandera a la victoria; pero aún será más terrible aquélla en la que la ex Presidente sea conducida, finalmente, a la cárcel que merece. En estos días, además de los episodios protagonizados por López e Ibar Pérez Corradi, que ya han hecho saltar al ¿Frente para la Qué? en mil pedazos, las páginas de los diarios llenan columnas y columnas de pseudo empresarios y ex funcionarios llamados a prestar declaración indagatoria, ya procesados y algunos presos, y antes de diciembre empezarán los juicios orales que tienen como acusados a Ricardo Jaime, otra vez, y a Amado Boudou. Hace varios años que sostengo en estas notas dominicales que los Kirchner, tan afectos al poder como al dinero ajeno, jamás habrían permitido a Anímal Fernández quedarse con un negocio tan lucrativo como el narcotráfico, que tanto se ha expandido desde que llegaran del lejano sur para saquear al país y dejarlo arruinado; el ex Jefe de Gabinete nunca pasó de ser el gerente de aquellos verdaderos jefes. De Cristina se puede pensar cualquier cosa y seguramente no habrá calificativo exagerado, pero no se puede decir que sea idiota, o que ignore cómo se hace política entre nosotros; su finado marido fue su profesor y ella, sin duda, aprendió muy bien. Por eso, creer que cometió un error suicida con la designación de ese nefasto personaje -La Morsa- como candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en desmedro de otros kirchneristas un poco más potables, como Julián Domínguez, me parece una simpleza. Pese a ignorar cuáles fueron las cuentas que intentó pagar la noble viuda o qué órdenes de los carteles internacionales de la droga se vio obligada a obedecer, estoy convencido que sabía lo que hacía, y por qué. Llama la atención la conducta de los jueces federales y de sus superiores, los camaristas y miembros de los tribunales orales que, a pesar de haberse decidido a actuar, una reciente actitud que han asumido en defensa propia después de haber cajoneado por años las causas que ahora aceleran sin piedad, aún parecen depender de confesiones de arrepentidos, de antiguas revelaciones periodísticas, de la denuncia de un jornalero, de la aparición de filmaciones o de los servicios de inteligencia extranjeros para la detención de prófugos para seguir adelante con las investigaciones. El Juez Claudio Bonadío tiene en sus manos la causa que más cerca está de dar a la sociedad la certeza de que la impunidad se ha terminado, "enriquecimiento ilícito", y debiera ser la de más rápida resolución, ya que las declaraciones juradas presentadas por Cristina y sus hijos constituyen un verdadero escándalo; ni siquiera los contadores que la AFIP de Echegaray mandó al sur para dibujar las inconsistencias pudieron hacer encajar sus tremendos incrementos patrimoniales. Y no estamos hablando de aquellos bienes que figuran como propiedad de sus testaferros ni, menos aún, el dinero sucio depositado en paraísos fiscales, cambiado por diamantes en Angola, oculto en valijas o enterrado en bóvedas sacramentales. Como en ese delito la carga de la prueba está invertida (art. 268, Código Penal), serán los Kirchner quienes deberán explicar cómo hicieron para amasar semejante fortuna -reitero- blanca y registrada. El repugnante ex Juez Norberto Oyarbide, ahora bailantero, cerró sin investigar causas similares por períodos anteriores, que podrán ser reabiertas si la Corte Suprema aplica la teoría de la sentencia írrita, tan bien planteada por Federico Morgenstern y Guillermo Orce, en un esencial libro prologado por Alejandro Carrió y Carlos Rosenkrantz, éste recién incorporado al máximo Tribunal. Volviendo a la actualidad política, se percibe que todos los proyectos de insurgencia que pretendía motorizar la emperatriz de Calafate para desestabilizar al Gobierno de Macri y soñar con volver al poder en 2019 se han derrumbado y las bancadas adictas en el Congreso se presentan cada día más menguadas; es que, en un régimen que se disfrazó de izquierda para tener impunidad, los episodios recién conocidos han sumido en el desconcierto y la vergüenza hasta a los más ingenuos y crédulos de sus seguidores. Hay un aspecto que, como sociedad, debemos tomar en cuenta rápidamente. En general, de la "noble viuda" para abajo, todos los imputados por causas de corrupción han utilizado a sus respectivos funcionarios dependientes para descargar sobre ellos toda la responsabilidad; el mismo jueves, el inefable ex Ministro y actual Diputado Julio De Vido se defendió diciendo que López, Jaime y otros de sus secretarios de Estado imputados actuaban libremente, sin que él se enterara y por fuera de su autoridad. Olvidaron todos así que la gran mayoría de los presos políticos, militares, policías y civiles que aún hoy se pudren en las cárceles comunes por haber luchado contra la subversión en los 70's, han sido detenidos -y, en algunos casos, condenados- utilizando la teoría de la responsabilidad "funcional", es decir, no por sido acusados de matar o torturar personalmente sino por ser quienes ejercían el mando sobre quienes habrían podido cometer esos delitos. La Justicia debe terminar, entonces, con su mirada tuerta y su tradicional esquizofrenia: si esa teoría sirve para unos, debe serlo para todos y, si es inaplicable, debe liberar ya mismo a quienes hoy mantiene en sus mazmorras hasta que les llega la muerte, como ya ha sucedido con casi cuatrocientos, sin los derechos ni los beneficios de los que gozan todos los demás internos del sistema penitenciario. La noche triste de Cristina no ha hecho más que comenzar y no habrá estrella que la guíe en su largo derrotero por el desierto. Al final, desde Comodoro Py llegará a Ezeiza, donde seguramente volverá a ver a los muchos parientes, amigos y cómplices que poblarán las celdas vecinas. Bs.As., 26 Jun 16 Enrique Guillermo Avogadro Abogado Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401/02 Cel. en Argentina (+54911) o (15) 4473 4003 Cel. en Brasil (+5521) 8128 7896 E.mail: ega1@avogadro.com.ar

ENTRE LAS RATAS Y LA BELLA DURMIENTE

ENTRE LAS RATAS Y LA BELLA DURMIENTE Malú Kikuchi (25/6/2016) Dicen que cuando el barco se hunde, las ratas lo abandonan. La pregunta pertinente es si las ratas se salvan abandonado el barco cuando este se hunde. La lógica diría que no, que no se salvan. Aún así, lo abandonan. Cuando el gobierno de Macri asumió el 10/12/2015, el FPV tenía 98 diputados sobre los 257 de la cámara (Télam). Hoy tiene 70. En 6 meses ha perdido 28 diputados. Empezó Diego Bossio con otros 11 colegas que se sumaron a 6 diputados peronistas disidentes, y el nuevo bloque de 18, le quitó la 1° mayoría al FPV. Eso sucedió el 3/2/2016 y comenzó la sangría. Con el correr de los días y de los acontecimientos, se fueron del FVP 6 diputados santiagueños, al distanciarse de los K el senador Gerardo Zamora y su mujer, la gobernadora Ester Ledesma Abdala. José Aperovich, ex amo y señor de Tucumán, declaró que el “kirchnerismo se terminó”. Su sucesor, Juan Manzur, a pesar de estar procesado, opinó igual. Maurice Closs, ex gobernador de Misiones y 2 diputados más, formaron el bloque “Misiones” y también se separó la senadora misionera Sandra Giménez, que formó un bloque unipersonal. El 23/6/16, el movimiento Evita, en total 6 diputados liderados por Remo Carlotto, hijo de la “abuelita” Estela, se separaron del bloque del FPV. Y es sólo el comienzo. Volviendo al principio, hay ratas que esperan saben nadar. Un antiguo cuento de hadas, de esos que tenían asegurado un final feliz, hablaba de una princesa que al pincharse un dedo con el huso de un telar, embrujada, durmió 100 años, y con ella todo el palacio, hasta que el beso del príncipe la despertó. En la Argentina, se necesitaron sólo 12 años y medio. Como la ciudadanía ya es adulta, se le cuenta la verdad. El beso del príncipe se permutó por un ex secretario de obras públicas de los K, revoleando casi US$ 9 millones por el muro de un convento, en una esclarecedora madrugada. La bella durmiente era la Justicia, profundamente dormida, acunado su sueño por un inactivo poder judicial. Despertó brutalmente. Y ahora jueces y algunos fiscales corren en defensa propia. Corren tanto que es difícil seguir sus indagatorios, procesamientos y actividades varias. El pueblo vigila de cerca y el tiempo urge al grito de ¡basta de impunidad! Procesados: Cristina, Báez, De Vido, Jaime, Schiavi, Pérz Gadin, Chueco, Boudou, Aníbal Fernández, Axel Kicillof, Abal Medina, Capitancich, Capaccioli, Guillermo Moreno, Manzur, Vanoli, Sbatella, Gollán, Sebastián Gramajo, Echegaray y más. Télama aclara que ya son 30. Y esto recién empieza. Resultados: antes de López (14/6) hablar de una ley para arrepentidos (de la corrupción estatal), era inverosímil en cualquiera de las dos cámaras. Después de López, el 23/6 se trató el proyecto de ley en diputados, obtuvo por el SI 194 votos y 5 por el NO, con varias ausencias del FPV. Ya tiene media sanción. Antes de López, imposible tratar una ley sobre “extinción de dominio” para funcionarios. Se votó en diputados el 23/6, 135 por el SI y 50 por el NO. Se votó el permiso de allanamiento de las propiedades de De Vido, aunque ya no quede nada, le dieron tiempo suficiente para borrar cualquier prueba. . En esta Argentina demasiado emocionante, a partir del acto demencial, inexplicable, pero absolutamente indiscutible de José López, todo se agita, se conmueve, se moviliza, se agiliza, se sacude, se precipita y los hechos se suceden sin detenerse, ni dar tiempo para respirar.. Entre la frase hecha o el proverbio sobre las ratas y el cuento de hadas infantil, la canción inolvidable y descriptiva de María Elena Walsh, “El mundo del revés”, no sería disparatado terminar agradeciéndole a José López, la evidencia del atroz asalto que sufrió el país en tiempos K. Qué paradoja, ¡cuántos milagros se le deben a José López!

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