Córdona Heróica repudia las palabras de odio hacia los ciudadanos Argentinos. Y solicita a las autoridades tomen medidas para evitar las discriminaciones xenofogas de politicos hacia los ciudadanos.

Desde Cordoba Heroica le decimos ¡Basta! a las discriminaciones xenofogas de politicos argentinos para con sus ciudadanos. Exigimos de las autoridades se dicten leyes condenando palabras y calificativos tales como: "Odio", "Golpista", "Gorila", "Oligarca", "vende patria", "cipayo", "nazi", "fascista".


EXIGIMOS JUSTICIA POR: Las víctimas mortales de la tragedia del tren de Once: Juan Carlos Alonso; Karina Mariela Altamirano; Jonathan Maximiliano Báez; Dionisia Barros; Claudio F. Belforte; Natalia Benitez; Federico Agustín Bustamante; Micaela Cabrera Machicao; Darío Cellie; Daniel R. Matías Cerricchio; Juan Daniel Cruz; Graciela Beatriz Díaz; Sabrina Florencia Espíndola; Lucía Fernández Chaparro; Florencia Fernández Sugastti; Juan Leonel Frumento; Yolanda Sabrina Galván; Carlos María Garbuio; Alberto David García; Mónica Garzón; Marcela Alejandra Gómez; Ranulfo González Centurión; Verónica González Franco; Claudia Mariel Izzia; Fernando Andrés Lagrotta; Estela Legia (o Lei Jiang Yan); Nayda Tatiana Lezamo; Isabel López; Nancy López; Roberto López Pacheco; Alex Nahuel Martínez; Lucas Menghini Rey; Marina Moreno; Miguel Angel Núñez Vilcapona; Lucas Gabriel Palud Quini; Sofía Peralta; Silvia Gabriela Pereyra; Gloria Cecilia Pinilla León; Tatiana Pontiroli; Esther Sandra Reyes; Braulio Romero; Graciela Romero; María Scidone; Rosa Margarita Tevez; Sonia Torres Rolón; Gloria Alejandra Troncoso; Nicolás Elías Villalba; Pablo Fernando Zanotti; Cristian Zavala; Ana Teresa Zelaya; Ariel Zúñiga. VÍCTIMAS DE UN ESTADO IRRESPONSABLE - ¡JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES POLÍTICOS Y EMPRESARIALES!

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miércoles, 16 de abril de 2014

NARKOKIRCHNERISMO

El kirchnerismo y sus vínculos con el narcotráfico por Christian Sanz Sorprenden en estos días las revelaciones de los vínculos del kirchnerismo y las drogas. Sin embargo, no se trata de nada nuevo. En los últimos meses, diferentes informes periodísticos —y algún que otro expediente judicial— revelaron puntuales vínculos de funcionarios del kirchnerismo con el tópico narcotráfico. No solo aparecen funcionarios oficiales relacionados con el tráfico de estupefacientes, sino que además existe una suerte de metodología concreta para desactivar los controles sobre ese flagelo. El menos avispado podría pensar que se trata apenas de una suma de coincidencias, que no tienen relación entre sí. Sin embargo, no es así: el kirchnerismo ha acumulado a lo largo de una década innumerable cantidad de elementos que revelan que existe un vínculo directo entre la fortuna de ciertos referentes K y el negocio oscuro de los narcóticos. En estos días, es el comentario usual de ciertos periodistas "de investigación" y hasta abundan informes a ese respecto. Sin ir más lejos, Jorge Lanata presentó varios reportes a través de su programa Periodismo Para Todos. Hoy parece sencillo hablar del tema, pero ¿qué ocurría en los albores del kirchnerismo? En esos días, casi en soledad, quien escribe estas líneas comenzó su prédica sobre la relación de los Kirchner y sus funcionarios con el comercio de estupefacientes y el posterior lavado de éste. Había demasiados elementos como para desconocer la cuestión: los vínculos de Néstor y Cristina con la firma Conarpesa, vinculada al narcotráfico a España; la relación de ambos con Eduardo Caffaro, narcolavador relacionado con el cartel de Juárez; la "sociedad" de los K con Cristóbal López, sospechado por la DEA de estar conectado al mismo negocio; etc. Docenas de etcéteras. Entonces, los medios de comunicación se mostraban embelesados con el actual gobierno y omitían reparar en esos y otros detalles, como el poco apego de los Kirchner a las reglas de la democracia, su curioso interés por el dinero y la persecución al periodismo crítico. En esas jornadas, este periodista recibía furiosas presiones por parte del entonces Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, hoy paradójicamente en las antípodas del kirchnerismo. Durante esos malogrados días, comenzaron mis denuncias contra los funcionarios del oficialismo que mostraban cierta simpatía por hacer negocios con el imperdonable negocio de los narcóticos. Una de mis primeras notas fue sobre Aníbal Fernández, entonces Ministro del Interior de la Nación. "Drogas en el conurbano" se llamó el artículo en cuestión y allí se revelaban los detalles de dos expedientes judiciales que lo rozaban en el tema drogas, uno de ellos del año 1994. Eran los idus de mayo de 2004 y los medios seguían de luna de miel para con los Kirchner. A ese artículo le siguieron varios más donde se mostró cómo el hoy Senador de la Nación aparecía relacionado una y otra vez con los estupefacientes: Southern Winds, la mafia de los medicamentos, la muerte del Comisario Oscar Beauvais y hasta el triple crimen de General Rodríguez eran solo algunas de las causas que lo comprometían. En total, publiqué 20 artículos de investigación que desnudaron la figura de Fernández y hasta fueron utilizados por la Justicia para avanzar en las investigaciones de marras. Mientras, el entonces Ministro del Interior iniciaba dos querellas penales contra mí: una por vincularlo con las drogas; la otra por relacionarlo con el triple crimen. En ambos juicios, fui sobreseído. Pero volvamos al principio del kirchnerismo: seguimos en 2004 y nuevamente me tocó denunciar los vínculos de un Intendente K —ex duhaldista— con las drogas, Hugo Curto, mandamás de la localidad de 3 de Febrero... hasta el día de hoy. Nuevamente aparecieron las esperadas cartas documento e intentos de apriete. Los medios seguían embelesados con los K. Llegó septiembre del mismo año y un escándalo salpicó todo el progresismo de los Kirchner: el caso Southern Winds, a través del cual una valija diplomática con 60 kilos de cocaína apareció en el aeropuerto de Barajas, Madrid. Conté entonces cómo y por qué había funcionarios del gobierno metidos en la trama, con Ricardo Jaime a la cabeza. A esa nota, le siguieron media docena más, con la publicación incluso de documentos inéditos que fueron tomados por la Justicia. Ya en el año 2005, seguí revelando más y más historias comprometedoras para el kirchnerismo, esta vez en torno a una firma de micros llamada El pingüino, ubicada en Río Gallegos. El mismísimo Néstor Kirchner indultó en secreto a un directivo de esa firma vinculado con el tráfico de narcóticos. ¿El motivo? Así lo publiqué entonces: "El verdadero dueño de El Pingüino a través de un testaferro llamado Raúl Carlos Lopetegui Benitez, es Néstor K". Ese mismo año, llegó el momento de hacer una suerte de compendio, puntualizando que era imposible que fuera casualidad que funcionarios del gobierno aparecieran una y otra vez rozados por cuestiones vinculadas con las drogas. El artículo en cuestión se tituló "El kirchnerismo y sus vínculos con el narcotráfico". ¿Los medios? Bien, gracias. Aún de luna de miel. La cantidad de notas de investigación publicadas por mí sobre esta problemática, son incontables. En todas se aportaron datos concretos, fuentes y hasta documentos públicos y privados. No solo eso: se comenzó a alertar acerca de los riesgos de que se permitiera el avance del narcotráfico en la Argentina, augurando un destino similar al de México y/o los peores días de Colombia. En 2007, anticipándome a lo que sería el triple crimen y la llegada de mexicanos a la Argentina, publiqué un jugado artículo titulado "El Estado narco", donde se alertó acerca de la elocuencia de que "hombres cercanos a Néstor Kirchner aparecen relacionados con el negocio de los estupefacientes". En esos mismos días, advertí sobre la conformación de una "Comisión Antidrogas" impulsada por Aníbal Fernández a efectos de analizar ese fenómeno en crecimiento. Entonces anticipé que, lejos de combatir el flagelo, lo que se buscaba era despenalizar su negocio y permitir el arribo de narcos foráneos a la Argentina. El tiempo, lamentablemente, me dio la razón. En 2008, me metí de lleno con uno de los hombres más importantes del kirchnerismo: Cristóbal López. Revelé en ese momento algo que nadie sabía aún: que era investigado por organismos federales de Estados Unidos por presumirlo lavador de dinero de negocios ilícitos. Ese mismo año llegó un hecho que conmocionaría a la sociedad y dejaría expuesta la permeabilidad de las fronteras argentinas respecto del crimen organizado: el triple crimen de General Rodríguez. Allí perecieron Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Forza bajo una lluvia de balas. El kirchnerismo intentó por todos los medios posibles vincular ese hecho con sicarios mexicanos y negocios foráneos. Sin embargo, insistí a través de una docena de notas de investigación con que la pista más firme estaba en la Casa Rosada. El tiempo volvió a darme la razón y la Justicia también. No fue premonitorio lo mío, sino pura indagación y la suerte de haber sido el primer y único periodista que entrevistó al joven Forza. Su testimonio, dicho sea de paso, fue entregado a la justicia. En mis artículos desnudé la relación del triple crimen con los aportes de campaña de Cristina Kirchner y Julio Cobos en 2007 y la participación de matones relacionados al hoy Senador Fernández. En ese momento, los periodistas seguían a pie juntillas las "revelaciones" del ex Juez Federico Faggionato Márquez, puesto por el kirchnerismo para desviar la atención mediática. Había pasado un mes del triple homicidio y yo era el único que desnudaba la operación ad hoc. Gracias a mis notas, Faggionato Márquez fue destituido y el expediente se encaminó por la senda correcta. No obstante, lo que publiqué en 2008 fue refrendado por los medios recién un año más tarde, contando exactamente lo mismo que yo había dicho durante meses y, obviamente, sin citarme. Mientras los demás colegas empezaban a acercarse tibiamente a lo que yo ya había desnudado por completo —y que fue confirmado por la Justicia de Mercedes años después— yo ya había llegado al punto de desnudar cómo el narcotráfico había financiado parte de la campaña del Frente para la Victoria en 2007. Se trataba, principalmente, de fondos de cartel de Sinaloa, gerenciado por el hoy célebre Joaquín "Chapo" Guzmán. Cinco años más tarde, varias investigaciones —principalmente la del norteamericano Douglas Farah— revelaron lo mismo. Volviendo a 2008: a fines de ese año, revelé que el kirchnerismo, lejos de haber aprendido la lección que dejó el triple crimen, avanzaba en una serie de leyes que perseguían el blanqueo de dinero, tanto de la corrupción como el narcotráfico. "Gustavo Rodríguez, Presidente del GAFI, ha admitido que la cúpula del organismo muestra preocupación porque en la Argentina no hay un solo condenado por lavado de dinero", dije entonces. En mayo de 2009, fui aún más allá: revelé "los vínculos del kirchnerismo con la ruta de la efedrina". Pero fue en agosto del mismo año cuando llegó el gran golpe para el gobierno: fue al momento de publicar cómo la DEA advirtió al gobierno sobre el tráfico de efedrina en la Argentina. Si bien el kirchnerismo intentó desmentir la información en un principio, la propia agencia lo confirmó tiempo después. Diario Perfil, por caso, reveló lo mismo durante 2013. ¿Qué hicieron los Kirchner? Cajonearon el informe para que nadie supiera acerca de ese señalamiento. La explicación tal vez pueda darse a raíz de la siguiente nota que publiqué al respecto en diciembre de 2009, titulada "los Kirchner, su fortuna y el narcotráfico". El título del artículo lo dice todo. Podría seguir detallando ad infinitum cómo fue mi trabajo durante los más de diez años del kirchnerismo, siempre en casi completa soledad. Como dije más arriba, mientras el periodismo se mostraba enamorado de los Kirchner, el avance de las drogas se hizo carne en silencio. Ello explica por qué en la mayoría de mis artículos hago insistentes llamamientos a detener la oleada narco que ya se avecinaba sobre la Argentina. Fue con genuina preocupación. Ahora... si los funcionarios de turno se hubieran ocupado antes, ¿se podría haber morigerado el daño que hoy producen las drogas en el país? Tal vez sí, tal vez no. Imposible saberlo: es casi historia contrafáctica. Ello nunca podrá saberse, porque no existió —ni existe— voluntad por parte del gobierno de trabajar contra el comercio de narcóticos. Como dijo alguna vez Víctor Kiam, "la desidia es el asesino natural de la oportunidad".

martes, 15 de abril de 2014

LINCHAMIENTOS

¿Linchamientos, Ruptura de Contrato Social, Justicia, Anarquía? ¿De qué se trata en realidad? por Alesia Miguens Ya mucho se ha dicho y escrito sobre los "supuestos" linchamientos y en torno a si son consecuencia de la ruptura del contrato social o la ausencia del Estado. ¿Pero son verdaderamente esos los problemas? ¿De qué se trata en realidad? Antecedentes: Los Códigos: El Origen de las Leyes. La transición de la Prehistoria Neolítica a la Historia se produce con la aparición de núcleos urbanos, y sobre todo con la escritura. Y la verdadera cuna de la Historia fue la Civilización de Sumer. (El origen étnico de los sumerios es una verdadera intriga, pues no se corresponde con las tribus semitas que poblaban esas tierras ni con ninguna otra conocida hasta ahora). Hacia el 4500 AC se desarrolló en Eridu la cultura Obeid, que fue el primer asentamiento urbano conocido hasta el momento. Más tarde, entre el 3500-3000 AC, aparece la cultura de Uruk, primera ciudad-estado y donde se encontraron los restos de escritura más antiguos de la humanidad. Mucho se discute sobre cuál es el código de leyes más antiguo de la historia. Hay quienes sostienen que es el "Código de Hammurabi" (rey de Babilonia, 1792-1950 AC). Pero lo cierto es que se han hallado códigos con una antigüedad de más de 2000 años AC. El "Códice de Lipit-Ishtar" (2112-2046 AC), el "Código de Urukagina" (2380 y 2360 AC), el "Código de Isin" (ca. 2400-2350 AC), el "Código de Ur Nammu" (2100 y 2050 AC), etc. Aunque no se han encontrado restos del original al "Código de Urukagina", se lo conoce por citas y referencias y constituye el primer código legal escrito. El "Código de Ur Nammu", fechado entre los años 2100 y 2050 AC, es reconocido como "el principio de justicia retributiva o principio de proporcionalidad de la pena" Y NO el de Hammurabi, como sostuvieron Tenembaum y Zlotogwiazda. Hacia el 2100, Urnamu, Gobernador de Ur, se proclama rey de Summer y Akkad y crea el primer Estado central, divide el territorio en provincias y el poder entre civil y militar. Su hijo Shulgi, continuó su legado y logró una época de gran estabilidad, paz y prosperidad que dio lugar al "siglo de oro" en las letras y las artes, destacando los relatos literarios como del Diluvio como castigo a los hombres, el infierno, fábulas, proverbios, e historias épicas, como la vida de "Gilgamesh". (Al igual que el misterio de sus orígenes, también es un misterio la lengua sumeria, que no tuvo parentesco con ninguna otra, ni existió ningún vocablo en el mundo que se le pareciera). Hacia el 1750, un rey amorrita de Babilonia, llamado Hammurabi, famoso posteriormente también por su "Código de Leyes", los conquistó. Y con eso desapareció para siempre el mundo de los sumerios. Sin embargo, su influencia fue tan enorme, que los pueblos, reinos e imperios posteriores, adoptaron la mayor parte de su cultura, sobre todo la escritura. El "Código de Hammurabi", si bien NO es el más antiguo NI es el primero que nos habla del principio de proporcionalidad de la pena, sí es el mejor conservado y fue el mejor elaborado. Encontrado en Susa y conservado actualmente en el Museo del Louvre, París, Fue inspirado por un altísimo sentimiento de orden: "Cuando Marduk me encargó llevar el orden justo a las gentes y mostrar al País el buen camino, puse en la lengua del País la Ley y la Justicia y así fomento el bienestar de las gentes. Por eso he dispuesto El código de leyes que unifica los diferentes códigos existentes en las ciudades del imperio babilónico. Estableciendo leyes aplicables en todos los casos, y así impedir que cada uno tome la justicia por su mano, pues sin ley escrita que los jueces puedan aplicar obligatoriamente, es fácil que cada uno actúe como más le convenga". Es interesante destacar que las reglas de los contratos establecidas por los sumerios están aún vigentes. Este código trata sobre todo. El funcionamiento judicial: La justicia la imparten los tribunales y se puede apelar al Rey. Los fallos se deben plasmar por escrito. Las penas: Aparece inscrita una escala de penas según los delitos y crímenes cometidos, con variantes según el tipo de delincuente, de víctima y la intencionalidad o no del acto. Las leyes: No admitían excusas ni explicaciones. El Código se ponía a la vista de todos, de modo que nadie pudiera alegar ignorancia de la ley como pretexto. ¡Y de aquí viene, y aún está vigente en todo el mundo, eso que nos parece tan moderno! Pero qué es la Ley: Ley viene del latín lex, legis. Es una norma jurídica, un precepto establecido en que se manda o prohíbe algo. Son normas que rigen nuestra conducta social. Es una declaración de la voluntad soberana, que manifestada en la forma prescrita, manda, prohíbe o permite algo en consonancia con la Justicia y para el bien de la sociedad en su conjunto. Por lo cual: LA LEY INJUSTA NO ES LEY. Y como en el "Código de Hammurabi": "Se reputa conocida, nadie puede invocar su desconocimiento o ignorancia para dejar de cumplirla". El Contrato Social: El contrato social explica el origen y el propósito del Estado y de los derechos humanos. Es un acuerdo real o hipotético realizado por los miembros de un grupo, con relación a sus derechos y deberes. Se parte de la idea de que los miembros del grupo están de acuerdo con el contrato social, en virtud de lo cual admiten la existencia de una autoridad, de normas morales y leyes, a las que se someten por igual. Principio de igualdad ante la ley. El primer filósofo moderno que articuló una teoría contractualista detallada fue Thomas Hobbes (1588-1679). "Los hombres en el estado de naturaleza, ceden sus derechos individuales a un soberano fuerte a cambio de protección". Desarrolla la idea del contrato o pacto social, como garantía de seguridad individual y como forma de poner fin a los conflictos que generan los intereses individuales. Sin embargo, al existir una cesión voluntaria de poder, los individuos podrían rebelarse contra el soberano cuando éste causara perjuicios a su integridad o a su libertad. O sea, cuando el soberano no cumpliera su parte del contrato social: defender la libertad de los individuos y asegurar la paz. Jean-Jacques Rousseau (1712 -1778) es quien escribe y publica su obra en 1762 con el nombre de "El Contrato Social: o los principios del derecho político", más conocido como "El contrato social". (Según se dice, este libro fue uno de los que inspiraron la Revolución Francesa). Destaca: "La relación de los magistrados con el gobierno debe ser inversa a la relación de los súbditos con el soberano". Y considera que "para la construcción de la república democrática se requiere, además, de ciudadanos virtuosos". El Estado: El concepto surgió en los diálogos platónicos, pero fue Maquiavelo quien introdujo la palabra y significado moderno propiamente dicho en su obra "El príncipe". Estado proviene del latín "fungere"; significa "hacer", "cumplir"; a su vez, deriva de "finire". La finalidad del Estado es hacer cumplir el fin jurídico en su doble esfera, privada y pública. "Estado es un conglomerado social, político y jurídicamente constituido, asentado sobre un territorio, sometido a una autoridad que se ejerce a través de sus propios órganos y cuya soberanía es reconocida por otros estados. Que debe satisfacer los fines fundamentales: respetar, proteger y defender la vida, la libertad, la igualdad y demás derechos fundamentales del hombre. El Estado de Derecho, incluyen las organizaciones resultantes de la ley y la división de poderes. El ejercicio desorganizado o monopolizado del poder público, conlleva al abuso del mismo". Las personas lo dotan de poder para que cumplan las funciones asignadas en el Contrato: Proporcionar seguridad jurídica y seguridad física a todos sus habitantes. La función fundamental que justifica la existencia del Estado es el orden público, velar por el derecho fundamental, la vida y la seguridad. Función policiva o de prevención del desorden: asegurar el orden interno, la libertad y los derechos de todos los ciudadanos. Función defensiva: protegerlos de enemigos externos, Fuerzas Militares. Función de administrar justicia: dimitir conflictos entre individuos y de estos con la comunidad. A partir de allí, se le fueron asignado Funciones reguladoras: La consecución y administración de los recursos. Y normativas, las cuales dieron pie a la división de poderes, las tres grandes funciones representativas del Estado: Función legislativa. Función ejecutiva. Función jurisdiccional. Como nos podemos dar cuenta, ha sido a partir de Cumplir con su parte Fundamental del Contrato, que se le fueron asignando diferentes funciones. La razón es simple: SI NO PUEDE CUMPLIR SU FUNCIÓN FUNDAMENTAL, MAL PODRÁ CUMPLIR CON LA BUENA ADMINISTRACIÓN Y LA CONSECUCIÓN DE RECURSOS, CON LA SALUD, LA EDUCACIÓN, VIVIENDA, TRANSPORTE, INFRAESTRUCTURA, ETC. La lógica de esto es implacable, y la evidencia de la absoluta incompetencia de nuestro Estado es inapelable. No está de más señalar que el deber del Estado de Proteger la vida y seguridad de los ciudadanos es una obligación jurídica. La obligación jurídica es aquella en virtud de la cual una parte debe observar una conducta, denominada prestación, que puede consistir en dar, o hacer, en interés de otra parte. Anarquía: Viene del griego, ánarchos: an, que significa 'no', 'sin', y archós, que significa 'dirigente', 'soberano' o 'gobierno'. Designa aquellas situaciones donde se da la ausencia de Estado o poder público, volviendo inaplicable el monopolio de la fuerza en el territorio. La anarquía es la falta del orden político. Es el caos político que se produce tras el colapso de un Estado, o por la incapacidad del mismo para poder aplicar la ley sobre su territorio. En la anarquía, las sociedades se organizan sin Estado y hace ejercicio por sí misma de las funciones que a él le corresponderían. Linchamiento: La palabra tiene su origen en el vocablo inglés "lynching" y existen dos teorías. 1- Que se debe a James Lynch Fitzstephen, Alcalde de Galway, Irlanda, quien se hizo famoso cuando en 1493 hizo ahorcar a su propio hijo tras acusarlo del asesinato de un visitante español. 2- Se refiere a Charles Lynch, Juez del Estado de Virginia, quien en 1780 ordenó la ejecución de una banda de "lealistas" sin dar lugar a juicio. Pero ¿qué es en verdad un linchamiento? Un LINCHAMIENTO es un AJUSTICIAMIENTO (ejecución-muerte) extrajudicial; un acto desesperado, espontáneo, sin previa organización por parte de la sociedad, para proteger el ORDEN PÚBLICO. En las sociedades primitivas las cuestiones se resolvían en términos de fuerza y venganza no sólo contra quien había cometido el acto, sino contra su familia, clan, tribu, etc. Lo que permitió el pasaje de la resolución de conflictos por la fuerza al plano de la justicia, es el progreso de la cultura humana, que va de la mano con el desarrollo y la salud de la vida jurídica. Por lo cual, de no mediar la Justicia, las sociedades además de revelarse, se defenderán por sí mismas llevadas por el instinto de sobrevivencia. Ya que los humanos saben que de no haber Justicia, se vuelve a la ley de la selva. Cuando el Estado, quien debe ejercer el monopolio de la fuerza ius puniendi no lo hace, la falta de justicia genera violencia, indignación y la subsiguiente falta de confianza por parte de la población en quienes deben aplicar las sanciones a los infractores; esto produce una conmoción social y el resultante, es el contexto psicosociológico que desencadena los actos de enjuiciamiento". Cuando el Estado y la Justicia son Inexistentes, aparece el impulso de la sociedad por sobrevivir, sancionando a las personas que están fuera del estado de derecho y que amenazan la paz y la convivencia pacífica. Ahora bien, aclaradas estas cuestiones, ¿por qué nos pasa esto? Según mi punto de vista, por lo que estamos pasando, es haber llegado al último estado de decadencia... Pero ¿por qué? Permítanme darles mi versión. A los argentinos hace muchas décadas, nos han "inoculado" el relato del Estado paternalista. Y si no terminamos de entender de qué se trata esto, seguiremos en el círculo vicioso en el que nos encontramos hace más de 70 años. Veamos por qué lo digo. Estado Benefactor: Políticamente se utilizó el término wohlfahrtsstaat para dar nombre a las políticas tomadas en la década de 1870 por el Canciller alemán Otto von Bismarck. De allí deriva la posterior traducción al inglés Welfare State y al español Estado benefactor. Es el inicio del intervencionismo estatal moderno y proclama la idea de la "necesidad" de un gobierno encargado de "proteger" a los desvalidos, en detrimento de ofrecerle los medios para desarrollarse. El Estado se convierte así en "papá o mamá protector", encargado de velar por los "incapaces" (que cada día son más) de salir adelante por sí mismos, mientras se produce un brutal incremento en el gasto público, el cual por supuesto, es cubierto por impuestos de todo tipo. Económicamente el principal promotor fue el economista británico John Keynes, quien propone incrementar el gasto público para lograr la reactivación económica del país durante la gran depresión del 30. En la lógica del keynesianismo, "el empleo y las mejoras salariales implican un aumento de la demanda de productos y por tanto un estímulo para la economía. El Estado a pesar de incurrir en déficit presupuestarios, logrará que se considere como una inversión productiva, un gasto social y una solución a la crisis". Como vemos, surge y fue aplicado de forma momentánea en países y épocas de enorme crisis. Pero no en países que se dice crecen 10 años a "tasas chinas". Me resulta pertinente señalar que los países más desarrollados son aquellos donde el Estado Benefactor NO ha prosperado. A pesar de que sus intenciones fueron buenas. El Estado Benefactor plantea la posibilidad de "obtener todo aquello que cubra mis necesidades, y para eso lo único que tengo que hacer, es votar a quien lo promete y esperar que lo proporcione". Obviamente los políticos se dieron cuenta muy rápido que utilizar estos argumentos satisfaría sus intereses de perpetuarse en el poder. El mensaje utilizado por estos políticos se centra en la pobreza y la brecha entre las clases sociales. Propone la necesidad de "repartir la riqueza, redistribución", (hasta que se acaba y hay que pagar la fiesta). En lugar de generar las políticas necesarias para la "creación de riqueza, desarrollo". No habla de responsabilidad, esfuerzo, estudio, trabajo honrado, producción, ni ahorro. Todas las culpas serán de supuestos enemigos internos/externos responsables de todos los males. Argumento que resultará sumamente atractivo, porque traslada la responsabilidad a los demás: Yo por mi condición de víctima no soy responsable. Y como no puedo ser responsable si soy víctima, la responsabilidad no es mía. Esta consecuencia de "desresponsabilización", además de significar que jamás paguen los culpables/responsables, es mucho más maquiavélica. Porque no sólo el "asistencializado" no pagará, ya que es víctima, sino que de paso tampoco lo hará su protector papá/mamá Estado. Es a través de este manipulador discurso que los políticos han logrado instalar un verdadero "sentido de pertenencia ideológica" hacia las políticas "sociopopulistas", que no es otra cosa que "DOMINACIÓN CONSENTIDA". Un sistema de dominación puede ser mantenido, al ser presentado como legítimo; es decir, como un sistema que es justo y digno de apoyo. Esta legitimación se logra a través de ganar adeptos altamente irresponsables e irracionales, a los cuales va dirigido el discurso populista. "En la medida en que cada individuo descansa en el asistencialismo del Estado, abandona su responsabilidad sobre la suerte y el bienestar de sus semejantes". Wilhelm von Humboldt. Mientras no se tenga claro esto, el círculo vicioso del Estado asistencialista continuará afectando no sólo el desarrollo económico de nuestro país, creando cada vez mas corrupción y clientelismo; sino más grave aún, el sentido de responsabilidad, el desarrollo individual y cultural del ciudadano. "En un país como el nuestro, NO existe que un gobierno no pueda reducir la pobreza. Lo que existe son muchos a los que no les interesa. Porque mientras los pobres sigan siendo pobres logran perpetuarse en el poder, regresando una y otra vez, con los mismos ofrecimientos y promesas". Conclusiones: Habiendo dejado claro que el Estado somos todos y que simplemente delegamos la aplicación de normas cediendo una parte de nuestros derechos (teoría de la representación), y que el derecho que cedemos en totalidad es el uso de la fuerza, para que el Estado tenga el monopolio del uso de la fuerza legítima; tanto para mantener el orden y la sana convivencia al interior de su territorio, como para protegernos de ataques (narcotraficantes) extranjeros. Y que eso es lo que caracteriza al Estado. Y que si el Estado no lo hace o no puede hacerlo, si el Estado no sanciona y no cumple en protegernos; antes o después como en la antigüedad, la soberanía vuelve al pueblo y los castigos se aplicarán ya que las personas se encargarán de hacerlo, y espero que a "todos y todas". En Argentina tenemos un Estado delincuencial que lógicamente protege a sus pares, y no sólo a los ladrones de carteras, también a sus colegas. Tenemos que entender que si el Estado no sancionar al que viola la Ley, no sólo lo está premiando, sino que le está proveyendo Impunidad y con eso otorgándole el derecho de seguir robando... en todas las esferas. Debemos comprender de una vez que "la impunidad en casos de corrupción política es -per se- la ruptura del contrato social". Cumplir y hacer cumplir los deberes del Estado es lo que "juran" los funcionarios y además por lo que les pagamos. Entonces, además de las pavadas que dice la demente presidente... Se supone que tenemos un Ministerio de Seguridad, en el cual debe haber un Ministro de Seguridad... ¿Alguien lo ha escuchado alguna vez? ¿Presentó algún plan contra la "criminalidad", al menos ahora, después de 12 "sanciones sociales" a delincuentes? CERO. NADA. Todo esto, Señoras y Señores, desde el punto de vista sociológico, es anomia absoluta y, desde el punto de vista político, es anarquía. Y cuando esto sucede, el poder de hacer JUSTICIA, 'ejercer sanciones a todos y todas', regresa inexorablemente y por derecho propio, a la GENTE. Después de todo: "Si así no lo hiciéreis, Dios y la Patria os lo demanden..." A llorar al campito.

domingo, 13 de abril de 2014

LA PALABRA

clip_image002 Me Queda la Palabra “Si abrí los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria. Si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra”. Blas de Otero Obviamente, el título de esta nota se vincula al raro acto, transmitido en cadena nacional, que la señora Presidente protagonizó en Tecnópolis para inaugurar, precisamente, el “Encuentro Federal de la Palabra”. Cuando Pepe Soriano, parafraseando a Neruda, dijo “se llevaron el oro, se llevaron la plata, se llevaron todo, pero nos dejaron las palabras”, se produjo uno de esos momentos mágicos que, cada tanto, la historia nos regala; bastaba con ver la cara desencajada de doña Cristina para saber a quiénes cabía el sayo. El otro episodio curioso, por no decir trágico, fue la distinción del doctorado honoris causa que tanto la viuda cuanto su fallecido marido recibieron de la Universidad Nacional de La Plata, mientras la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la misma otorgaba un premio, en principio destinado a honrar la libertad de expresión, a los miembros de la familia imperial. Si bien es cierto que antes habían recibido la misma distinción esos otros campeones del respeto a la prensa libre que son el extinto Hugo Chávez y su homólogo ecuatoriano, el contradictorio Rafael Correa, no deja de llamar la atención que ahora sean premiados los Kirchner, que han recurrido a todas las bajezas imaginables para intentar destruir a los medios independientes, como las que ahora están encarando contra Vicente Massot y La Nueva Provincia. Pero lo más trascendente de lo ocurrido en la semana que pasó fue, claro, el exitoso paro nacional –en la práctica, un verdadero plebiscito desaprovechado por los timoratos opositores, que salieron a despegarse- que motorizaron la CGT Azopardo (Moyano), la CGT Azul y Blanca (Barrionuevo), la CTA (Micheli), UATRE (Venegas) y FAA (Buzzi), organizaciones a las cuales acompañaron las esenciales UTA (Fernández), APTA (Cirielli) y La Fraternidad (Maturano), ya que garantizaron la masividad de la medida. Tal como había supuesto, los afiliados a los gremios comandados por dirigentes cooptados por la Casa Rosada se plegaron masivamente a la huelga. Después de la simpática conferencia de prensa que ofrecieron esos dirigentes, el viernes todos los analistas –algunos, como Carlos Pagni, con excelencia- se ocuparon de desmenuzar motivos, ayudas y consecuencias de la medida, por lo que me siento relevado de hacerlo. Las imágenes que nos brindó la televisión permitieron confirmar una segunda presunción de quien esto escribe: en el futuro, para reprimir la protesta social, el Gobierno sólo contará con la Gendarmería, que no tiene suficientes efectivos para lograr un eficiente control de todo el territorio; las policías no fueron convocadas, como era dable esperar, para disolver los piquetes que la izquierda más combativa organizó para exagerar, con poco éxito cuantitativo, la importancia de su nueva presencia en la escena política nacional. Sin embargo, creo que lo más notorio, y lo más preocupante, es el brete de hierro en el que el Gobierno se ha metido, y con él al país entero, por obra y gracia de la peor y más torpe conducción económica que la Argentina recuerde. Para confirmar estos calificativos basta con tomar nota de la enorme oferta de fondos que recibió Grecia, hasta ayer uno de los países más denostados por los mercados internacionales, que finalmente aceptó “sólo” US$ 3.000 millones a una tasa anual de 4,5%, o sea, la mitad de lo que nos vemos obligados a pagar. Los líderes sindicales, que sufren la presión de esas izquierdas en sus bases, ya que les han arrebatado en muchos casos importantes seccionales y muchas comisiones internas de fábricas, no pueden menos que actuar para evitar la pérdida masiva del poder adquisitivo de los salarios, corroídos por la inflación –el piso de este año será superior al 40%- y por la falta de actualización del impuesto a las ganancias, que llevará a las arcas oficiales gran parte de los aumentos de sueldos que los gremios obtengan. Por supuesto, además, el arco de reclamos incluye a la extensión de los subsidios familiares, la actualización de la asignación universal por hijo, las míseras retribuciones que perciben el 80% de los jubilados, la situación de los trabajadores informales –el 40% de la población-, la negación de la pobreza y la indigencia en los índices oficiales, la indebida retención de $ 22.000 millones de las obras sociales, y la inseguridad, que está al tope de las inquietudes de la ciudadanía. En resumen, los gremialistas se ven obligados a reclamar algo que los empresarios, masivamente golpeados por el estancamiento de la economía, por la caída del consumo interno y por la imposibilidad de exportar con éxito, no pueden otorgar. Sumemos a ello que, desde hace varios años, el empleo se ha mantenido sólo por la contratación de un millón de personas por el Estado, en sus tres niveles; así, ahora el propio Gobierno debe actuar como empleador en una convención paritaria en la que le exigirán, también a él, incrementos que no puede dar, so pena de caer en hiperinflación. Más allá de las perversas alusiones de la señora Presidente a los millones de argentinos que veranean o llenan los restaurantes, resulta claro que la frazada del “modelo” se ha encogido y no permite, a la vez, atender a las dos partes en natural pugna; de allí que resulte fácil predecir que la conflictividad social se incrementará, y mucho, este mismo año; seguramente, estas huelgas generales se reproducirán en el futuro inmediato, y la CGT Balcarce (Caló) y la CTA oficialista (Yasky) verán cómo migran sus afiliados, que sufren las mismas penurias, hacia los gremios opositores o hacia la izquierda combativa. Y ello porque, pese a lo que dijo esperar Camión en la conferencia de prensa, no es razonable pensar que el Gobierno cederá en los reclamos después del paro, porque aparecería como vencido por la medida, algo imposible por sus características tan similares a las del famoso escorpión, que no pudo contrariar su naturaleza y murió ahogado. Dedicaré un párrafo a la monumental sentencia que la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal dictó en la causa de los sobornos en el Senado, en la que se encontraba imputado Fernando de la Rúa. En su meduloso análisis, los jueces demostraron que el delito no existió y que, para construir esas acusaciones, el Estado nacional, mediante la actuación de los fiscales y de falsos testigos, inventó pruebas para incriminar, por decisión del kirchnerismo, al ex Presidente y a varios senadores, algunos inclusive del propio partido gobernante. Y merece recordarse porque lo mismo –la inexistencia del crimen- ha sucedido, y sigue pasando, en la enorme mayoría de los juicios a los militares y civiles imputados en las causas de lesa humanidad. He presenciado algunas de las audiencias de esos procesos y he sentido vergüenza, después de 47 años de ejercicio profesional, ante estos pseudo tribunales que degradan y hasta “desaparecen” a la Justicia, manipulando a los testigos, falsificando “hechos”, forzando hipótesis y situaciones y condenando, a veces, porque “deben haber sabido” por el mero hecho de dormir en dependencias castrenses. El martes 15, a las 20:00 hs., en el programa “Un país distinto”, que conduzco y se emite por www.canaltlv1.com, estarán Susana Merlo y Agustín Monteverde, con quienes conversaremos sobre la situación de la economía y del campo. Para terminar, permítame reproducir una frase que no me pertenece: “No linche a los ladrones, deje de votarlos”. Gracias a Dios, aún “me queda la palabra”, especialmente por aquéllos que no la tienen. Bs.As., 13 Abr 14 Enrique Guillermo Avogadro Abogado

sábado, 12 de abril de 2014

QUIÉN GANÓ ???

¿QUIÉN GANÓ? Calendar abril 12, 2014 | Posted by Malú Kikuchi Por Malú Kikuchi (13/4/2014) Vamos por partes, total, Argentina ya está descuartizada. Es por un problema de orden en el caos que nos rodea, cuestión de intentar, ojalá lo consiga, entender algo. Aunque sea un poquito. ¡Primer paro nacional! Ya sé que no es el primero, pero casi, y sé que no fue nacional, pero casi. Lo más destacable: un paro peronista a un gobierno que se dice peronista cuando le conviene y ahora le conviene. Más debilitada está Cristina, más necesita del PJ. ¿Pero el PJ necesita a Cristina? Pregunta que sólo un peronista puede contestar. Julio Bárbaro,¡auxilio! El paro, liderado por Moyano, Barrionuevo y Micheli (el sabio Maquiavelo decía que “no siempre el amigo de nuestros amigos, es nuestro amigo; pero siempre el enemigo de nuestros enemigos, es nuestro amigo”. El paro del 10/4 lo confirma. Y no lo armó Magneto, ni la SRA, ni contó con apoyo de la CIA. El paro tenía 8 razones para ser un paro casi nacional. Recuerdo algunas: paritarias libres, subir el mínimo no imponible, el 82% móvil, la inseguridad, el ajuste, la inflación, y algunas otras. Según Aragón (que la pega con todas las encuestas), el 60% de los argentinos no sabía por qué se paraba. Estoy segura que más del 60% quería el paro ¡porque están, estamos HARTOOOOSSSS! ¿Quedó claro? Hasta acá vamos bastante bien. Pero el diablo, perdón, la izquierda metió la cola y decidió hacer piquetes para imposibilitar las entradas a la ciudad de Buenos Aires. Los dueños del paro repudiaron los piquetes. Querían un paro en paz. Lo más increíble es que los apóstoles de los piquetes, o sea el gobierno, también los repudiaron, hasta reprimió el de la Panamericana. iLas cosas que hace la realidad cuando es adversa! De no creer. ¿Qué pasó con eso de “no judicializar la protesta” y “no dejar los principios en la puerta de la Rosada? El hecho es que a pesar de los cortes de la izquierda no queridos por los padres del paro, ni por el gobierno, estos demostraron que siempre los que no se quieren se pueden poner de acuerdo en algo, es cuestión de esforzarse y encontrar un enemigo común. Ninguno quería los cortes. Los del paro para demostrar que el paro era voluntario, el gobierno para permitir que los que querían trabajar pudieran hacerlo. ¡Ojo!, la izquierda crece todos los días. Y como la naturaleza es enemiga del vacío, si la oposición (-no se ría-, escribí “oposición”, de alguna manera hay que llamarla), no se despierta de la siesta y muestra alguna disposición de querer ser gobierno, la izquierda está de pie y viene marchando. El paro fue político, todo paro es político. Este en particular representó una demonstración de fuerza ante el gobierno. Una forma elemental pero contundente de decirle a Cristina, al Chino, a Axel y a alguno más, podemos parar el país y hacerlo en paz. No necesitamos ni choris, ni gaseosas, ni planes que ya escasean. La lucha, se disfrace como se disfrace, con palabras grandielocuentes y objetivos altruistas, siempre es por el poder, desde Aníbal Barca pasando por las Cruzadas. Siempre es el poder. Y el poder es dinero. Ha sido así desde el principio de los tiempos y lo será hasta que el ser humano decida crecer por dentro. Y para eso nos falta mucho. Conclusiones primitivas y subjetivas. El paro fue un éxito rotundo en todo el país. El agua y el aceite se pueden mezclar si enfrentan un enemigo común. Los pedidos que dieron forma al paro no serán ni siquiera discutidos por el gobierno. Cristina necesita llegar al 10/12/2015 en las mejores condiciones posibles y para eso tendrá que seguir tragando el aceite de ricino de las recetas ortodoxas en materia económica. La izquierda sigue avanzando, dando a su vez muestras de un poder que crece sin que nadie se anime a detenerla. Por lo menos no se avizora en el horizonte al que sea capaz de hacerlo. El gobierno sale debilitado. Por supuesto que no se va a dar por enterado y Cristina nos regalará una vez más con alguna otra “condena” nacional, quizás esta vez con una vedette realizando el baile del caño. Desde Tecnópolis y sin Tinelli. El paro pasó. ¿Quién ganó? El gobierno perdió. Los “gordos”, los de la CGT de Caló, perdieron. La inexistente CTA de Yasky, perdió. Moyano, Barrionuevo y Micheli ganaron (¡juntos! difícil de imaginar), pero no solucionaron nada. La izquierda creció. La inseguridad continúa (mataron a una embarazada más) y la inflación sigue engordando precios. Los jubilados siguen condenados a una paupérrima supervivencia y los despidos seguirán el ritmo de la inflación que traerá más recesión. Puede que suban el mínimo no imponible. Pero la devaluación ya fue y la próxima vendrá y los chicos perdieron un día más de clases y casi nadie trabajó. Por lo tanto, ¿quién ganó? Perdimos todos. Perdió el país.

jueves, 10 de abril de 2014

LA PALABRA......

La palabra y la barbarie – Por Agustín Laje agus5Por Agustín Laje (*) A dos días del segundo paro nacional contra el Gobierno, y en el marco un clima social enrarecido por los desbordes de inseguridad que han puesto de manifiesto la ausencia del Estado en materia de Seguridad y Justicia, Cristina Kirchner irrumpió nuevamente en nuestros televisores y radios el martes pasado. La una vez más insufrible Cadena Nacional no tenía por objeto comunicar medidas económicas racionales para el control de la inflación frente a la que, en definitiva, reaccionan los trabajadores plegados al paro de hoy. Mucho menos tenía el fin de comunicar un nuevo plan de Seguridad que transmitiera tranquilidad a los atemorizados e indefensos vecinos. Nada de eso. Se trató, simplemente, de la apretura que, con su posada voz de maestra jardinera, Cristina encabezaba de lo que se dio en llamar “Encuentro Federal de la Palabra”, una suerte de “feria del libro” en Tecnópolis. A los adulones de siempre y las marionetas que enrojecen sus manos de tanto aplaudir, se le sumó esta vez una comparsa de “artistas populares” –curioso eufemismo para designar a hacedores de morisquetas de baja estofa– que acompañaron a la presidente con shows de “hip-hop”, “stand-up”, entre otras “expresiones nac&pop”. Semejante circo oficial en el marco de semejante crisis económica y social, contribuye a convencernos una vez más de que el estudio del kirchnerismo está pasando del dominio de los politólogos al campo de los psicólogos sociales. La verdad sobre el rimbombante “Encuentro Federal de la Palabra” colisiona con la alocución inaugural de Cristina Kirchner que, en resumidas cuentas, hizo de la “palabra” y el “diálogo” fuentes de paz y concordia. En efecto, la génesis del mentado “Encuentro Federal de la Palabra”, al contrario, es la discordia, la fragmentación y la vocación para el monólogo que caracteriza al kirchnerismo. Lo cierto es que a mediados del año pasado, el Secretario General de la Presidencia Oscar Parrilli empezó a mantener reuniones con Gustavo Canevaro, titular de la Fundación El Libro. Las intenciones estaban cantadas: el kirchnerismo pretendía apropiarse de la 40º edición de la Feria del Libro que tendría lugar en abril del 2014, mudándola del Predio de La Rural a Tecnópolis y, con ello, no sólo capitalizar políticamente un evento que adquiere mayor significancia todos los años y que la tendrá especialmente en su cuadragésima entrega sino, también, arrebatarle el acontecimiento al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y fastidiar a la Sociedad Rural. Pero las maniobras del kirchnerismo no dieron fruto, y los organizadores de la tradicional “Feria del Libro” decidieron mantenerla en La Rural. ¿Los motivos? Fundamentalmente, factores como la inseguridad, el clima (Villa Martelli, donde se encuentra Tecnópolis, suele inundarse en caso de lluvias), dificultades de acceso, y el tamaño de los predios (La Rural tiene más de 45.000 metros cuadrados mientras que Tecnópolis cerca de 10.000), provocaron la negativa rotunda que se le dio al kirchnerismo. De hecho, el 70% de los expositores –según la revista especializada Ferias y Congresos– se manifestó en contra de trasladarse a Tecnópolis. El “Encuentro Federal de la Palabra” es, entonces, fruto de una fallida movida política y reflejo de una sociedad fragmentada por quienes hacen de la palabra un instrumento de discordia social. Con toda la desfachatez que le es connatural, Cristina Kirchner aleccionó durante la apertura del evento en cuestión que “en tiempos que hay quienes quieren volver a la barbarie, tenemos que estar muy fuertes para que sea la palabra y la racionalidad las que primen en nuestra sociedad”. Perdido en la desmemoria colectiva quedó un hecho incontrastable: el kirchnerismo ha sido desde sus orígenes amo y señor de una palabra puesta al servicio de la barbarie; una palabra monopolizada por la prepotencia y la arrogancia que, en virtud del engañoso espejismo de una “democratización mediática”, viene silenciando voces que no se ajustan al monocorde discurso oficial. ¿O acaso ya hemos olvidado la palabra bárbara de Cristina Kirchner defenestrando frente a todo el país por Cadena Nacional al “abuelito amarrete” que se le había ocurrido presentar un amparo frente a la Justicia contra el cepo cambiario porque quería defender su derecho a comprar moneda extranjera para hacerle un regalo al nieto? ¿No recordamos la barbarie que supuso el uso de la palabra por parte de Cristina Kirchner en Harvard, donde ninguneó a distinguidos estudiantes argentinos que osaron hacerle preguntas espontáneas? ¿Y qué hay de aquella vez en que Cristina Kirchner hizo uso de la palabra a través de Cadena Nacional para escarchar –datos de AFIP en mano– al agente inmobiliario que osó en decir que la política cambiaria del gobierno había perjudicado al sector inmobiliario? Cristina Kirchner no percibe sus contradicciones morales sencillamente porque la ética le está vedada. La autocrítica, en efecto, es desconocida por la barbarie. La misma que en la “feria K” de Tecnópolis habló del valor de la palabra “para difundir amor” es la que ha venido haciendo uso de la palabra con pretensiones monopolísticas desde 2007 hasta la fecha para fragmentar a la sociedad. En esta sintonía, Cristina acaba de recibir el “Premio Rodolfo Walsh a la Libertad de Expresión”, brindado por supuesto por la ultrakirchnerista Universidad de La Plata, que ya ha premiado con la misma distinción a otros dictadores del Siglo XXI como Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, y a la apologista del terrorismo internacional Hebe de Bonafini. Mientras el kirchnerismo prosigue con sus habituales payasadas y contrasentidos, el país se para hoy jueves y un cachetazo nos devuelve de las sandeces del “Encuentro Federal de la Palabra” a la realidad de una Argentina que se cae a pedazos junto a un gobierno con final anunciado. (*) Agustín Laje dirige el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad, y es co-autor del libro “Cuando el relato es una FARSA”. Twitter: @agustinlaje

lunes, 7 de abril de 2014

La danza del chorro

EL VIRUS

El virus de la mentalidad progresista – Por Nicolás Márquez Nota de portada 6 nico2Luego del fracaso mundial en el que ha incurrido el régimen comunista (derrota formalizada y simbolizada con la caída del Muro de Berlín en 1.989), resulta sumamente dificultoso explicar y analizar por qué sus adherentes, en vez de efectuar un riguroso acto de constricción y reflexión mudando de tan horrorosa ideología hacia aquellas que han demostrado eficacia y vigencia, prosiguen aferrándose al marxismo y sus derivados a modo de masoquismo intelectual o espiritual. Creemos que una de las causas que quizás explique esa perseverancia, en parte consiste en que mayormente no se suele juzgar a esa ideología en función de sus infructuosos resultados, sino en función de la aparente bondad de sus objetivos. De todos modos y a pesar de su insistencia en permanecer en el desacierto, existe en los numerosos prosélitos de este espectro ideológico una notable mutación en las formas y en el lenguaje con respecto a la radicalizada militancia de otrora. En efecto, una vez ya devaluado el “comunismo” y por ende el término “comunista”, la mayor parte de sus simpatizantes de inmediato maquillaron el actuar y en primera instancia salieron a la palestra aplicando un discurso vagaroso nutrido de una fraseología repartidora y distribuidora de culpas alegando que “es el fin de las ideologías” (metiendo a todas ellas en una difusa licuación derrotista) cuando en verdad, prima facie, solamente era el fin de la ideología comunista que había fracasado, pero no de las exitosas que perduraron. Dentro de esta estrategia disuasiva, se solía decir (y se sigue diciendo) que las categorías “derecha-izquierda” son caducas; pero sin embargo, los izquierdistas (concientes o no) insistentemente tildan de “derechista” a todo aquel que no piense como ellos, lo cual resulta contradictorio, puesto que como el concepto ¨derecha¨ se vincula necesariamente con el de ¨izquierda¨, al declararse que la “izquierda” después de la caída del Muro de Berlín ha desaparecido, por lógica debería dejar de usarse la palabra ¨derecha¨. Asimismo, el término “derecha” nunca es definido de manera concreta o taxativa, y se suele llamar de ese modo a todo aquel que no sea de izquierda. Ocurre entonces que la izquierda no ha desaparecido sino cambiado de cáscara. El hecho de que en la actual coyuntura no le convenga cuestionar del todo el Derecho de Propiedad (aunque se lo relativice) ni la Economía de Mercado (aceptada a duras penas no sin regulaciones estatales y todo tipo de dirigismos) no implica la extinción de la izquierda, y muchísimo menos el aminoramiento de la cuantía de sus militantes e ideólogos. Que el debate actual se haya perfilado hacia un costado menos economicista y se haga mayor hincapié en aspectos culturales o morales, ello no impide que tal antinomia se encuentre a la orden del día. Pero este “agiornamiento” no es absoluto, pues aunque en minoría, subsisten sectores pertenecientes a una nostálgica izquierda tan bulliciosa como dogmática y dividida en tantos partidos como militantes. Estos, aunque numéricamente modestos, muchas veces y en determinados puntos concretos marcan objetivos que luego son alcanzado no por ellos, sino por el progresismo (poseedor de mayor poder político) que los conciente cómplice y silenciosamente. Esta izquierda rabiosa, según lo describe la fastuosa pluma del Profesor Antonio Caponnetto, está compuesta por variados grupos que “Ideológicamente hacen gala de anarquismo y marxismo explícitos, de guevarismo y comunismo directo y brutal, y de una forma mentis signada por la promiscuidad, el hampa, la roña moral y física, y el odio a todo lo que represente la más elemental noción de autoridad humana o divina. Son en sentido estricto, irrecuperables hordas rojas, llámense quebrachos, polos obreros, corrientes clasistas y combativas, izquierdas unidas o delincuentes rejuntados”.[1] Empero, como ya fuera dicho, el grueso de la “izquierda” actual no está representada por estas infelices comparsas sino que, utilizando diferentes solapas, rara vez suele presentarse en sociedad como tal. Pues el comunismo residual y sus adaptados simpatizantes comenzaron a utilizar denominaciones que resultasen más almibaradas ante la opinión pública, suavizando entonces los rótulos y así como la expresión “socialdemócrata” o “reformista” fueron los eufemismos favoritos y más utilizados durante las décadas 80/90, actualmente la denominación predominante y en boga es el “progresismo”. La propia etiqueta nos lleva a relacionarla instantáneamente con la palabra “progreso” que resulta “talismánica” al sonar agradable a los oídos de cualquier interlocutor. Tradición, Progreso y Progresismo En efecto, el vocablo “progresismo” utilizado a modo de desprendimiento del término “progreso”, es asociado ipso facto con el “avance”, a lo que se suele vincular instantáneamente “mejoría” o “bienestar” en cualquier área que se trate. Asimismo, quien se oponga a alguno de los “cambios” (selectivamente promovidos por los hábiles manipuladores de esta corriente) de inmediato es calificado difamatoriamente como un “retrógrado”. Si bien oponerse a novedades nocivas no implica ser tal cosa, la etiqueta ya queda colocada y luego es difícil erradicarla cuando detrás del estigma hay además una profusa campaña mediática dirigida a consolidar el mote de arcaico. Este tipo de trampas lingüísticas no es nuevo ni exclusivo, puesto que así como nadie puede estar en contra -en materia penal- de las “garantías jurídicas”, estas nada tienen que ver con el “garantismo” (que es la corriente criminológica del progresismo), doctrina tendiente a beneficiar siempre y de cualquier modo a los delincuentes. Mutatis mutandis, nada tiene que ver el “progreso” con el “progresismo”. ¿Y cuál es la verdadera naturaleza de aquello que se denomina “progresismo”?. Aquí tendríamos que efectuar una clasificación divisoria: Por un lado encontramos lo que denominaremos el “Progresista Activo”, que es el ideólogo, el militante conciente, portador de un objetivo concreto. Por el otro, encontramos al “Progresista Pasivo” (la inmensa mayoría de sus miembros) que son simples adherentes al discurso superficial del progresismo. Es decir: tenemos progresistas abiertamente comprometidos y compenetrados con una causa específica, y progresistas que repiten y acatan el discurso con motivo y ocasión de una extraña mezcla compuesta por el hábito, la ingenuidad, la hipocresía y el snobismo. A estos últimos también les cabe el mote de “idiotas útiles”, pues en palabras de Chesterton: “hay dos clases de dogmáticos: los que saben que lo son y los que lo son si saberlo”. En extrema síntesis, podemos decir que el progresismo constituye una tendencia propensa a abrazar todo aquello que es nuevo o transgresor por el sólo hecho de serlo. Vale decir, se nutre del hecho sintomático de aplaudir y promover las novedades como un fin en sí mismo, sin siquiera analizar la fecundidad de la novedad en cierne. Pero en rigor de verdad, es dable efectuar la siguiente aclaración: el objetivo enmascarado de los verdaderos ideólogos del “progresismo” (el progresismo activo) no consiste en barrer con todo lo actual como un fin que se agota allí sino para luego, y como objetivo ulterior, construir otro esquema de valores y de sociedad (de tinte igualitaria y emparentada con el socialismo). La consigna es entonces: “destruir para construir”, o como lo pregonaba en otro contexto el lider comunista Mao Tse Tung: “desaprender lo aprendido para aprender”. La enmascarada finalidad de los “progresistas activos” consiste entonces en “destruir” la cultura, las Instituciones y los valores tradicionales o naturales, no para generar un gigantesco escombro socio-cultural como un daño per se, sino para, sobre sus ruinas, edificar todo aquello que no se pudo efectuar por la vía armada y la coacción. En cambio, el “progresista pasivo” (probablemente bienintencionado) no tiene conocimiento sobre estas metas ulteriores, pero resulta involuntariamente funcional a los retorcidos intereses escondidos por los “progresistas activos”, que obran como verdaderos titiriteros. Para estos últimos, el objetivo de plazo inmediato es cambiar todos los paradigmas antedichos y a la postre, modificar las estructuras políticas. A modo ejemplificativo de lo que conforma este fundamentalismo de adhesión a lo flamante, tomemos en cuenta que el lema escogido por el brillante pensador marxista italiano Antonio Gramsci (considerado como el padre de la “revolución cultural”) para la revista Ordine Nuovo: “La Verdad es Revolucionaria”, y tangencialmente, como la “revolución” es por definición algo necesariamente “nuevo” que viene a suplantar a lo vigente, lo “nuevo” es luego ofrecido como algo necesariamente verdadero. A esto debemos agregar el siguiente detalle: el marxismo nunca tuvo por objetivo buscar la verdad, sino “construir” una verdad, y sobre esta “verdad artificiosa” o premisa falsa, construir una nueva estructura social. Dentro de su composición interna, los “progresistas activos” no siempre trabajan en forma conjunta, pero tampoco inorgánica. Por lo general se mueven en el marco de plataformas autónomas, pero unidas o entrelazadas por objetivos comunes. O sea, el progresismo no tiene una textura uniforme y está integrada por diversas expresiones, dirigentes, grupos u O.N.Gs., que se especializan o dedican cada una a temáticas concretas, que van desde los “ecologismos”, “pacifismos”, “ecumenismos”, “feminismos”, “derechos humanos” y “pansexualismos” entre otros “buenos propósitos”. Prima facie, ninguna de estas consignas conlleva un objetivo malsano, sino que la perfidia suele esconderse detrás de sus atractivos carteles. Desde lo cotidiano, y concentrándonos en el perfil del “progresista pasivo”, éste defiende las principales ideas-fuerzas direccionadas por el “progresismo activo”, pero difícilmente consienta el objetivo ulterior que se halla enmascarado. Siguiendo la pluma del citado profesor Caponnetto, a este variado espectro lo componen por igual “funcionarios y piqueteros, periodistas y legisladores, partidócratas y punteros de comité, abortistas y manfloros, sedicentes defensores de los derechos humanos y esa inmensa ralea en la que tanto cabe el cantautor como el comunicador social, el universitario progresista, el marginal salteador, el atildado dirigente oficial, el curerío apóstata, los jueces garantistas y la turba juvenil o senil a la que han llenado el alma de resentimientos e historias mendaces”.[2] Según lo señala el impecable análisis de Juan José Sebreli, el progresismo argentino constituye una “franja compuesta por un sector de la clase media semiculta de los grandes centros urbanos, agrupada bajo la denominación vagarosa de “progresismo”…Sus principios confusos y contradictorios, mezcla de ingenuidad e hipocresía, de contestación y conformidad con las bogas vigentes y beata devoción por las “buenas causas”, asemejan a los progresistas de hoy a los “idiotas útiles” de los tiempos dorados del estalinismo. “Los progresistas inciden en la opinión pública, ya que muchos son profesores, escritores, periodistas, psicoanalistas, artistas, comunicadores sociales, a los que se suman ricos con sentimiento de culpa, o gente exitosa en el mundo del espectáculo, el deporte o los negocios. Para muchos de ellos, el progresismo, en la acomodada madurez, representa la fidelidad al ultraizquierdismo cultivado en su juventud. Rasgos característicos del progresismo son la confusión entre la moral y política, entre moral y economía, el rechazo por toda forma de realismo político, la sustitución de los análisis concretos por la denuncia y la lamentación, el reemplazo de propuestas viables por la sujeción a principios abstractos, a bellos deseos imaginarios, una obstinada negación a ver la cruda realidad y una memoria histórica maniquea y distorsionada…La indignación del progresismo es una actitud moralista y sentimental que, en abierta contradicción con el marxismo clásico, consideran reaccionaria la preocupación por los datos de la economía, por los fríos y deshumanizados números…Por su incapacidad de crear un nuevo partido o un movimiento homogéneo, el progresismo está obligado a adoptar alternativamente a los dos partidos mayoritarios (radical y peronista) aunque de tanto en tanto, rompe esta rutina con la aparición de algún nuevo partido de trayectoria fugaz… El progresismo, que nada aprende, repite eternamente los mismos errores y su arrogancia no le permite admitirlos, prefiere creer que fue traicionado por estos partidos aunque las expectativas no cumplidas solo estaban en su propia imaginación y no en la voluntad de los dirigentes políticos; el engaño será siempre posible mientras existan quienes desean ser engañados y necesitan engañarse a sí mismo”.[3] Progresismo Pasivo -Hipocresía, Igualitarismo y Snobismo Respecto al defecto de la “hipocresía” señalado por Sebreli, cuya definición es “Fingimiento o falsa apariencia”, es ésta característica (tan común en vastos sectores de nuestra clase media y alta) la que provoca que este espectro poblacional adhiera al progresismo, al advertir que ser ¨progre¨ suena ¨chic¨, y públicamente se definen de ese modo o defienden y sostienen posiciones enroladas en él. De este modo, el “progresista pasivo” a favor del “amor libre” (siempre y cuando no lo practiquen su mujer y su hija); aplaude efusivamente la novedad del ¨casamiento gay” (siempre que el contrayente pederasta no sea su hijo); en materia criminológica el “garantismo” se considera “un avance de los derechos humanos” (hasta que le roban la casa e ipso facto peticiona la pena de muerte); mira con antipatía al sistema económico capitalista, pero cuando tiene que emigrar al extranjero en busca de prosperidad, ni se le ocurre escoger un país que no sea capitalista y así, se sirve y disfruta del comfort y la tecnología occidental, aunque con entusiasmo repudie la “sociedad de consumo”. Fustiga con virulencia a la Iglesia, hasta que padece una enfermedad o situación grave y se rodea de Rosarios y estampas con Santos de los más variopintas; en economía se abomina del individualismo y se pregona un “distribucionismo solidario”, hasta que le retienen o confiscan sus depósitos en algún ¨corralito¨ bancario y en defensa de su patrimonio, no vacila en derrocar a un gobierno al que votó (tal lo ocurrido en Argentina en el año 2.001) y así, se divulgan inacabables declaraciones de principios nunca practicadas con el ejemplo personal, que ratifican la doble faz entre el discurso y el actuar concreto. En torno a este último ejemplo, un viejo chiste decía que ¨socialista es todo aquel quiere repartir lo que no le pertenece¨. Pero todas las novedosas consignas que estamos viendo y que en materia cultural se pretenden instalar como algo natural y cotidiano, no son arrojadas a la opinión pública indiscriminadamente, sino que la mayor parte de las ideas-fuerza promovidas poseen un inadvertido denominador común: todas profesan el igualitarismo (columna vertebral del marxismo) que trae como secuela la nivelación hacia abajo. De esta manera, en lo económico, la postura “distributiva” pretende nivelar la remuneración del vago con el laborioso o del productivo con el improductivo; en lo criminológico el “garantismo” o el “abolicionismo” asimila al hombre honesto con el delincuente; el “relativismo moral” iguala al asceta con el depravado y así, numerosos ejemplos nos conducen a la misma finalidad igualitaria. La prédica “igualitaria” del progresismo llega a absurdos tan grandilocuentes que no vacila en exaltar por ejemplo la “igualdad de oportunidades”, que por definición es enemiga de la “igualdad ante la ley”. Cuenta Benegas Lynch que “si se enfrenta un lisiado con una atleta en un partido de tennis, para otorgarles igualdad de oportunidades habrá que maniatar al atleta con lo cual se habrá conculcado su derecho… de lo que se trata es de que la gente tenga más oportunidades pero no iguales. La igualdad entonces es ante la ley, no mediante ella”.[4] Es por ello que Milton Friedman alertaba: “Una sociedad que coloque a la igualdad por encima de la libertad terminará sin libertad y sin igualdad”. Agrega Benegas Lynch que hay tres factores que conducen al igualitarismo: “la envidia, la inseguridad respecto a las propias capacidades y la hipocresía. De los tres, tal vez este último sea el elemento que, con más frecuencia, aparece como rasgo sobresaliente en los “apóstoles de la igualdad” y con pluma festiva se pregunta “¿cuáles son entonces las ventajas que reporta la tan cacareada “justicia social” y su correlativa “distribución de ingresos”? Ningún beneficio reporta, sólo quita incentivo para la optimización de la capacidad creadora…Para ilustrar la idea, recurramos a un ejemplo sencillo: si el gobierno decide nivelar las fortunas “en 100″ – y todo excedente se expropia para entregarse a los que tienen ingresos menores que 100— nadie en su sano juicio producirá mas de 100, aunque su potencialidad fuera de 10.100”.[5] La prédica “igualitaria” va tomando entonces tanta fuerza y aceptación que, alegando el loable propósito de destruir privilegios y desigualdades excesivas, se puede ir más allá, y abolir también gradualmente desigualdades naturales y legítimas. A medida que el rodillo compresor del igualitarismo se vaya tornando más pesado y destructivo, la sociedad irá aceptando el igualitarismo como algo normal, aunque no lo sea. A modo de mero ejemplo cotidiano, es pacíficamente consentido por la masa el concepto del “impuesto a la riqueza” (lo que es algo así como una sanción al éxito comercial), o en otros campos (como el político) la absurda imposición del cupo mínimo de mujeres en una lista partidaria (tratando a la mujer de infradotada al presumir que no tiene capacidad de ganarse un espacio propio) y así, un inacabable etcétera. No sin relevante dosis de snobismo, el “progresista pasivo” es además propenso a tomar posiciones favorables a temas de moda (ahora centradas en un exaltado racionalismo) y así, opinará que en el Siglo XXI hablar de Religión ya es algo propio del “oscurantismo medieval”, y no vacilará en plegarse a despiadadas críticas a la Iglesia Católica (algo que siempre queda bien y jamás hay represalia por blasfemar gratuitamente). “¿Cómo vamos a creer en esas cosas en la era de Internet?” afirmará teologalmente en la mesa de comensales nuestro “progre” lenguaraz, mientras le alcanza el salero a uno de sus contertulios y sin vacilar lo apoya en la mesa (no en la mano), caso contrario trae “mala suerte”. Seguidamente el mentado “racionalista” ya “liberado de las ataduras religiosas”, lo primero que lee en el diario es el “horóscopo” (los hombres particularmente la “suerte numérica” y las mujeres los temas referidos al “corazón”) y probablemente participará en reuniones de “meditación”, “gimnasias orientales” e “imposición de manos” entre otras “ciencias milenarias” a efectos de “armonizar los chacras energéticos”. Del mismo modo, y con el objeto de atraer las “energías positivas”, perfumará su casa con “sahumerios”, decorará el interior de la misma con colores perfecta y “científicamente” combinados a fin de ahuyentar las “malas ondas” y no escatimará en consumir devotamente toda la proliferación de textos de “autoayuda”, los cuales suelen traer una serie de aforismos y moralejas pretendidamente profundas. Al mismo tiempo, el progresista solerá tener una porción notable de soberbia contraída a partir de la elevada capacidad intelectual que él mismo supone tener (o que le han hecho creer que tiene) quizás por haber transitado en educación terciaria o universitaria, convirtiéndose así en un verdadero “especialista en generalidades” siempre predispuesto a “reflexionar” y opinar autorizadamente sobre cualquier tema, siendo tan capaz de analizar profusamente la política trasnacional como de armar (en una servilleta de papel) la lista del equipo de fútbol imbatible. Políticamente correcto y teorizador de un difuso “deber ser”, adhiere en la mesa de café al “pacifismo universal”, y se indigna con igual intensidad tanto por los “pingüinos que están impregnados de petróleo”o “las injusticias que hay en el mundo” como por los “niños que mueren de hambre” entre otros sollozos líricos. Propuestas económicas para solucionar los problemas que tanto parecen acongojarlo no se le suelen ocurrir demasiado, aunque a veces recurre a soluciones asombrosas proponiendo “vender las riquezas que hay en el Vaticano”. Pero como el “progre” no necesariamente se limita al análisis de temas contemporáneos, también se da el gusto de viajar cinco siglos en el tiempo y en dos segundos afirmar que somos pobres por el “sometimiento del que somos objeto tras la colonización europea”, teoría conocida y repetida, aunque demasiado rebuscada al provenir de un “progre” argentino (de apellido paterno y materno de origen europeo) que quizás no posea el mínimo rasgo aborigen. Tampoco advierte que el supuesto “saqueo” al que alude no fue hecho contra él y los suyos, sino por su familia y cosanguíneos ascendentes, ni se le ocurre pensar por qué la Argentina hace no cinco siglos sino cinco décadas era económicamente superior a España, Portugal e Italia juntos. Como característica destacada, agregamos que el “progresista pasivo” incurre en la insistente indignación y no sabe ni propone ninguna solución concreta a los temas universales que por el lapso de cinco minutos diarios lo apesadumbran. En algún sentido, el progresista es un “utopista”, y para el “utopista” la vida no puede tener normalmente un sentido legítimo de lucha, de prueba y de expiación, sino solamente de una paz blanda y regalada. [1] Revista cabildo – Kirchner Jefe y Garante del delito – Antonio Caponnetto –oct/nov 2005). [2] Caponetto mazo abril 2004- Estado de Descomposición. [3] (Crítica a las Ideas Políticas Argentinas – Juan José Sebreli – 402). [4] (Alberto Benegas Lynch – Las Oligarquías Reinantes-102). [5] Revista de la Cámara de Comercio de Guatemala, Nº 8, febrero de 1975.

domingo, 6 de abril de 2014

DESGRANADA SOCIEDAD

Desgranada Sociedad “La marcha convocada por Leopoldo López, más que abrir un agujero a la dirigencia, muestra una respuesta de buena parte de la sociedad que no aguanta más el lento reaccionar de los jefes, que aún piensan que estamos en la vieja democracia” Nelson Bocaranda El martes pasado comencé a conducir un ciclo de televisión, “Un país diferente”, que podrá verse cada semana en www.canaltlv1.com. Pretendo que se transforme en un ámbito en el cual se discutan los temas más importantes para el futuro de la Argentina. Para la primera emisión invité al Ing. Emilio Apud, integrante del grupo de los ochos secretarios de energía; conversamos sobre la situación del mercado, a raíz de la quita de subsidios, y de las perspectivas mediatas en materia energética . Si tiene interés, puede ver ese primer programa pinchando en https://www.youtube.com/watch?v=2C-9t8hI0SU&list=UUgF9ahMxHViwYu-wF8OD0Dw. El 8 de abril me acompañarán Julio Bárbaro y Ricardo López Murphy, y el 15 Agustín Monteverde. La inseguridad, primera en las preocupaciones de los ciudadanos, copó los titulares de la mano de los más de doce linchamientos –uno se transformó en asesinato- que, pese a ser relativamente usuales en los últimos meses, adquirieron visibilidad cuando la escena se trasladó a un barrio de Buenos Aires, cercano al centro de la ciudad. No voy a explayarme sobre el particular (sólo mencionaré la edad de los “ajusticiados” que, cuando llegó el kirchnerismo, tenían diez a doce años), ya que de ello se han ocupado pensadores, funcionarios, periodistas y compatriotas de a pie; pero voy a recordar una respuesta de Borges cuando un periodista malintencionado le preguntó en Europa si en la Argentina había caníbales: “no, ya no; nos los comimos a todos”. Se ha hablado mucho de la ausencia del Estado; algo realmente sorprendente en una Argentina donde éste ha tomado un rol preponderante en montones de actividades que le hubieran debido resultar ajenas: el fútbol, Tecnópolis, Aerolíneas Argentinas y hasta el mercado de telefonía celular, entre muchas más. Es claro que, dada que su capacidad de presencia eficiente no es infinita, ha dejado de ocuparse de otros asuntos que sí le son propios y esenciales: salud, vivienda, educación, seguridad, defensa y justicia; de todos estos temas, los ciudadanos con capacidad para hacerlo afrontan el doble costo -el primero, los impuestos- de proveerse privadamente. Lo curioso es que la Presidente se comporta, frente a una sociedad yaciente y desgranada, como si recién hubiera llegado al poder, olvidando que los miembros de su familia llevan once años sentados en el sillón de Rivadavia; pretender, todavía, que los Kirchner no tuvieron nada que ver con los actuales niveles de pobreza e indigencia, el deterioro de la enseñanza y, sobre todo, el grave desgarramiento del tejido social de la Argentina es, como mínimo, hipócrita. Doña Cristina debiera tener más respeto por sus conciudadanos, no súbditos, cuando exagera la frecuencia de la cadena nacional para hablar de pavadas, mientras manda al Coqui Capitanich a “relatar” la realidad, es decir, a intentar convencernos de que no es lo que es, o viceversa. Un hecho que, a pesar de cuanto muestra sobre la forma en que se conducen tanto las relaciones exteriores como el “capitalismo de amigos” en esta época, no deja de ser cómico, fue el decreto de quiebra de la empresa que, en teoría, fabricaba cosechadoras y había vendido, en versión oficial, dieciocho unidades durante la visita presidencial a Angola y que, en realidad, no era más que una gran estafa. Ahora resulta aún más insolita la rara movida de Patotín y el entusiasmo de doña Cristina en Luanda, cuando llegó al extremo de aletear desde el atril. Incluyo este comentario porque, en estos días, parece más probable la teoría que esbocé en una nota que escribí entonces, a la que titulé “¿Son eternos los diamantes?”, que puede verse clickeando en http://egavogadro.blogspot.com.ar/2012/05/son-eternos-los-diamantes.html, básicamente porque no hay más explicaciones racionales para la visita. La conmoción producida por la auto-denuncia de British Petroleum (BP) ante el mercado de valores (SEC) de Nueva York, por haber pagado coimas en la Argentina, alcanza al Portugués Das Neves, ex Gobernador hoy militante del massismo, y a funcionarios nacionales de primer nivel, como el incombustible Ministro de inexistente Planeamiento, Julio De Cobrado, y a varios de sus segundos, encabezados por Daniel Cameron, el Secretario de Energía; en algún momento, , las compras de gas de Enarsa y los contratos de Bridas con Chubut, de Timba López con Petrobras, de Chevron y Apache con YPF, y del Gobierno con Repsol, guardados siete llaves, verán la luz y exhibirán el inmundo hedor de uno de los costados más graves de la monstruosa corrupción de esta década. El jueves 10, por primera vez desde 1975, el sindicalismo concretará una huelga general contra una administración peronista que, con seguridad, paralizará al país entero; la adhesión a la medida de colectiveros y ferroviarios, gremios enrolados en la CGT oficialista, garantizan ese resultado. Por lo demás, la izquierda ha comenzado a presionar a las cúpulas eternizadas para incrementar el nivel de protesta con cortes y concentraciones, y Camión Moyano se ha mostrado favorable a las posturas de Bandeja Barrionuevo, que pretende la organización de un plan de lucha con paros de duración creciente. Metalúrgicos, comerciales, estatales de UPCN y algunos otros sindicatos importantes se han mostrado permeables a las exigencias de la Casa Rosada para firmar convenios muy por debajo de la inflación reconocida; eso producirá, y es fácil predecirlo, la migración de muchos de sus afiliados, descontentos con la fuerte poda que implicarán sobre los salarios y la falta de actualización de la base del impuesto a las ganancias, que se comerá el aumento que obtengan. Habría que recordarle a Caló, el jefe de la alianza más cercana a la Casa Rosada, que cuando los dirigentes aceptaron una quita importante en los sueldos, los convenios fueron desconocidos por los afiliados, y ése fue el principio del fin de la era de Isabelita. La falta de recursos del Gobierno ha congelado el monto de los planes sociales y de las jubilaciones, y los damnificados engrosan cada día las filas de los descontentos con el “modelo”, que se manifestarán en el único lugar en que su protesta puede adquirir visibilidad, la calle. Ante la segura inacción de las policías, descontentas por la marcha atrás en los aumentos concedidos bajo presión en diciembre, por las permanentes purgas e inficionadas por la corrupción y el narcotráfico, sólo le quedará a la señora Presidente el recurso de la Gendarmería, muy bien equipada y pagada, pero insuficiente en número para controlar el escenario en todo el país. Habrá llegado así la hora del Tte. Gral. Milani, cuyo concurso resultará esencial para ese objetivo; resta saber qué sucederá si, como presumo, las bases –los oficiales con mando de tropa- no acatan las órdenes de represión de la rebelión social, sobre todo porque saben que, en el futuro, serán encarcelados por ello, aún cuando se dicten leyes y decretos que lo habiliten. La existencia de mil seiscientos camaradas presos, muchos de ellos sin condena y, casi todos, ya en edad provecta y muy enfermos, actuará como fuerte disuasivo para la obediencia reglamentaria. El “modelo”, hoy en manos de los imberbes de La Cámpora, está haciendo agua en el imaginario de todo el universo social, pero con una marcada incidencia en los sectores más humildes, tradicional base electoral del PJ; pretender, entonces, que reuniones de figurones piantavotos –como las que están haciendo bajo el control del Chino Zannini- consiga restaurar los daños producidos en esa cadena de poder y reunifique al partido bajo autoridades groucho-marxistas, no pasa de ser una ilusión, como tantas otras en las cuales creyó la familia imperial a lo largo de su prolongado período. Resulta razonable pensar, como muchos, que es preferible esperar hasta diciembre de 2015, sin hacer olas que pudieran presentarse como excusa para la fuga con honor y, de ese modo llegar, hasta lograr que las muchas bombas de tiempo que el kirchnerismo ha plantado estallen. Sin embargo, viendo cuantos inversores están aguardando un cambio de gobierno para traer sus dólares, a esta altura tan necesarios como el oxígeno mismo, me pregunto por qué hacer que los ciudadanos, sobre todo los más indefensos, sufran tanto, y permitir que los delincuentes que han asaltado el poder dispongan de tiempo para poner a buen recaudo sus bienes mal habidos. El cambio de percepción de los mercados sería muy rápido y se generaría trabajo y riqueza. Argentina tiene enormes posibilidades de desarrollo, pero sólo se transformarán en realidades cuando este régimen haya terminado y el respeto a la ley y la Justicia independiente dejen de ser una utopía. Continúo sosteniendo que, para ello, deben utilizarse todos los mecanismos previstos en la Constitución Nacional para destituir a los mandatarios, y no acompañaría un golpe de estado salvo, como dijo el Gral. San Martín, “cuando la Patria está en peligro, todo está permitido menos dejarla perecer”. Bs.As., 6 Abr 14 Enrique Guillermo Avogadro. Abogado

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