Una presidenta que descarriló y
no encuentra el rumbo
Fuente: Diario Hoy (La Plata)
En los últimos meses, a medida que fue empeorando la situación económica y el país fue entrando en recesión, los dislates del Gobierno nacional fueron en aumento. Pero pocos imaginaban un espectáculo como el que ayer encabezó la presidenta Cristina Kirchner.
El conflicto por el impuesto a las Ganancias que pagan los trabajadores tiene su razón de ser en un problema que, con una marcada soberbia, se niega a reconocer la administración K: la inflación. La suba sistemática y generalizada de precios está destrozando el poder adquisitivo de los salarios, lo que lleva a que se pacten incrementos, en las paritarias, que no bajan del 20%.
Por las necesidades de caja del Gobierno nacional, que está raspando la olla para cumplir con los vencimientos de la fraudulenta deuda externa, hacen que en lo que va del año ni siquiera se haya actualizado el mínimo no imponible.
En otras palabras, el Gobierno que se dice “nacional, popular y progresista” está haciendo que el ajuste lo paguen los trabajadores, mientras que los bancos parecen ser intocables.
En la Argentina, no está gravada la renta financiera, un impuesto que permitiría recaudar unos $ 8.000 millones (el doble de lo que recauda con el impuesto al trabajo), siendo un gravamen que existe en países como Estados Unidos, Chile, Paraguay y Brasil.
Pareciera que, para la señora Presidenta, un jefe de familia que cobra más de $ 8.000 es un acaudalado que no solamente se merece tener que pagar el impuesto a las Ganancias, sino también quedar fuera del cobro de las asignaciones familiares. Pero la realidad es que, producto de la inflación galopante, que es consecuencia de un sistema productivo arcaico que sólo se dedica a ensamblar lo que se produce en otros países, una familia tipo -tal como lo reflejó este diario- difícilmente pueda garantizarse un mínimo nivel de vida con menos de $ 10.000 mensuales.
Fue lamentable que, en este contexto, para pegarle a Scioli, la Presidenta se haya puesto ella misma como modelo de gestión y administración. La realidad es todo lo contrario, al punto que los muchachos de La Cámpora rompieron todos los récords: ya se gastaron todo el presupuesto anual asignado a Aerolíneas Argentinas, mientras al mismo tiempo saquean la caja de la Anses, condenan al 70% de los pasivos a sobrevivir con $ 1.600 y ponen en serio riesgo las jubilaciones futuras. Este mismo gobierno, a su vez, fomenta el trabajo esclavo y la evasión tributaria, al punto que hasta exporta el modelo establecido en la feria La Salada, cuyos representantes formaron parte de la última misión comercial a Angola.
Más lamentable aún fue el intento de la Presidenta de endilgarle los gendarmes muertos, en un accidente de tránsito, a los reclamos gremiales y luego utilizar eso como excusa para que haya zona liberada durante la movilización que se realizará hoy a Plaza de Mayo.
No contenta con ello, luego empezó a mencionar los sueldos de hambre que percibían cada uno de los gendarmes, cuando es ella, como máxima autoridad del Estado, la responsable de las paupérrimas condiciones salariales de las fuerzas de seguridad.
En otras palabras, es la propia jefa de Estado la que está generando las condiciones para que haya caos y violencia.
martes, 3 de julio de 2012
DESCARRILADA
Una presidenta que descarriló y
no encuentra el rumbo
Fuente: Diario Hoy (La Plata)
En los últimos meses, a medida que fue empeorando la situación económica y el país fue entrando en recesión, los dislates del Gobierno nacional fueron en aumento. Pero pocos imaginaban un espectáculo como el que ayer encabezó la presidenta Cristina Kirchner.
El conflicto por el impuesto a las Ganancias que pagan los trabajadores tiene su razón de ser en un problema que, con una marcada soberbia, se niega a reconocer la administración K: la inflación. La suba sistemática y generalizada de precios está destrozando el poder adquisitivo de los salarios, lo que lleva a que se pacten incrementos, en las paritarias, que no bajan del 20%.
Por las necesidades de caja del Gobierno nacional, que está raspando la olla para cumplir con los vencimientos de la fraudulenta deuda externa, hacen que en lo que va del año ni siquiera se haya actualizado el mínimo no imponible.
En otras palabras, el Gobierno que se dice “nacional, popular y progresista” está haciendo que el ajuste lo paguen los trabajadores, mientras que los bancos parecen ser intocables.
En la Argentina, no está gravada la renta financiera, un impuesto que permitiría recaudar unos $ 8.000 millones (el doble de lo que recauda con el impuesto al trabajo), siendo un gravamen que existe en países como Estados Unidos, Chile, Paraguay y Brasil.
Pareciera que, para la señora Presidenta, un jefe de familia que cobra más de $ 8.000 es un acaudalado que no solamente se merece tener que pagar el impuesto a las Ganancias, sino también quedar fuera del cobro de las asignaciones familiares. Pero la realidad es que, producto de la inflación galopante, que es consecuencia de un sistema productivo arcaico que sólo se dedica a ensamblar lo que se produce en otros países, una familia tipo -tal como lo reflejó este diario- difícilmente pueda garantizarse un mínimo nivel de vida con menos de $ 10.000 mensuales.
Fue lamentable que, en este contexto, para pegarle a Scioli, la Presidenta se haya puesto ella misma como modelo de gestión y administración. La realidad es todo lo contrario, al punto que los muchachos de La Cámpora rompieron todos los récords: ya se gastaron todo el presupuesto anual asignado a Aerolíneas Argentinas, mientras al mismo tiempo saquean la caja de la Anses, condenan al 70% de los pasivos a sobrevivir con $ 1.600 y ponen en serio riesgo las jubilaciones futuras. Este mismo gobierno, a su vez, fomenta el trabajo esclavo y la evasión tributaria, al punto que hasta exporta el modelo establecido en la feria La Salada, cuyos representantes formaron parte de la última misión comercial a Angola.
Más lamentable aún fue el intento de la Presidenta de endilgarle los gendarmes muertos, en un accidente de tránsito, a los reclamos gremiales y luego utilizar eso como excusa para que haya zona liberada durante la movilización que se realizará hoy a Plaza de Mayo.
No contenta con ello, luego empezó a mencionar los sueldos de hambre que percibían cada uno de los gendarmes, cuando es ella, como máxima autoridad del Estado, la responsable de las paupérrimas condiciones salariales de las fuerzas de seguridad.
En otras palabras, es la propia jefa de Estado la que está generando las condiciones para que haya caos y violencia.
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