miércoles, 11 de septiembre de 2013
EL PERDÓN
Es absolutamente comprensible el dolor que manifiesta la Sra. Enriqueta G. L. de Loyudice en su carta del sábado pasado, con respecto a la forma cruel e inhumana en que el Estado trata a los militares detenidos. Lo dijo también oportunamente el periodista Nelson Castro a propósito de la muerte de Jorge Videla. A lo mismo se refirió, valientemente, el Sr. Héctor Leis (ex integrante de Montoneros). En ese sentido, resulta de enorme interés el artículo (en la Web) del Dr. Mariano N. Castex, que tituló "Yo acuso", en el cual alude lúcidamente a lo que sucedió con el general Ibérico Saint Jean y el escandaloso obrar del Tribunal Oral en lo Federal Nº 1 de La Plata. Evidentemente, también allí el odio y la impudicia pudieron más que la justicia.
Decía, entre otras cosas, el Dr. Castex, quien fue designado perito médico y psiquiatra en ese proceso, que "un gobernador del gobierno militar, nonagenario, vio revocada su prisión domiciliaria y trasladado a una cárcel común, luego de una farsa vergonzosa. La consecuencia fue su muerte, una muerte anunciada por los forenses independientes, un homicidio silenciado por quienes manipulan sin pudor alguno la tragedia argentina de la década del 70. Ibérico Saint Jean fue asesinado in obliquo por el Tribunal Oral Federal de La Plata. El tribunal hizo caso omiso de la prevención, designó a dedo a "especialistas" que "convenían", basureó a los forenses oficiales, maltrató a un anciano indefenso, revocó la prisión domiciliaria y lo sepultó en la cárcel de Marcos Paz. En pocas palabras, lo llevó, "carente de la capacidad para estar en juicio", a un cadalso, sabiendo cuál era la situación. Se justifica esta nota porque testigos que hablen quedan muy pocos, ya que reina el miedo, y en el futuro los archivos y la escasa prensa independiente que queda deberán hablar. Que su muerte y otras muchas de las que no se habla por temor sean un llamado de atención para que de una vez por todas cese el carnaval instaurado por la venganza y que la justicia vuelva a brillar en el suelo argentino que clama por paz.
Me pregunto: ¿cuándo los argentinos podremos perdonarnos unos a otros? ¿Cuándo seremos capaces de poner la otra mejilla, siguiendo los consejos del coronel Argentino del Valle Larrabure, en su lecho de muerte y luego de ser severamente torturado durante su secuestro de 372 días?
Recién allí, seguramente, comenzará el camino de las soluciones que tanto anhelan los ciudadanos argentinos.
Francisco García Santillán
DNI 10.661.522
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