DESPUÉS DEL TIEMPO K
Por Ricardo Lafferriere (*)
Habremos pasado casi tres lustros narcotizados por una mezcla de engaño, despilfarro, corrupción y cinismo, edificados sobre una angustiante necesidad de creer luego del dramático fin de época de "los noventa".
No habrá tiempo para demasiados reproches ante la urgencia de volver a juntar reservas, reconstruir lo destruido, volver a mirar al horizonte y retomar la marcha.
Pero habrá una enorme ventaja: predominará en el país una generación que aunque no había nacido en tiempos de los grandes desencuentros, tendrá el recuerdo cercano del terrible efecto colectivo que producen los discursos hirientes, la banalización del poder, la complicidad con las mafias, la corrupción y la ruptura de la solidaridad colectiva cuando es reemplazada por el desprecio mutuo y la intolerancia ante la diversidad.
Tendremos de nuevo un país plural, abierto al mundo en la búsqueda de su destino y apoyado en la capacidad creadora de su gente honesta, que es abrumadoramente mayoritaria.
Y recuperaremos el terreno perdido. Volveremos a jerarquizar la educación. De nuevo apoyaremos el esfuerzo emprendedor, que alguna vez nos hizo grandes. Respetaremos las leyes, fruto de un funcionamiento virtuoso de las instituciones recuperadas. Volveremos a dialogar entre iguales, en tono menor, buscando coincidencias que nos permitan generar espacios de consensos y políticas públicas estables.
Cualquiera podrá estar gobernando. Será seguramente un país que esté orgulloso de su colorido político plural trabajando en conjunto. Alguna vez tuvimos una Argentina con Presidente, Gobernadores e Intendentes de diferentes partidos trabajando sin fisuras por el bien de los ciudadanos, sus empleadores. Tiempos de Arturo Illia…
Todos los compatriotas deberán estar incluidos en este relanzamiento nacional, para lo cual tendremos que acentuar las políticas sociales inclusivas, sostenidas por una economía liberada de sus históricas deformaciones atávicas y relanzada a imbricarse con el portentoso avance del mundo global.
Inversiones y tecnologías, mercados y financiamiento, capacitación y cuidado del ambiente, utilización inteligente, racional y prudente de los recursos naturales, aportarán el marco virtuoso de un desarrollo armónico, social y territorialmente integrado en la dimensión continental de un país que volverá a inspirar respeto y afecto en "los libres del mundo", comenzando por sus vecinos.
No es un sueño. Será, al contrario, el despertar de una pesadilla.
Puede parecer hoy una voluntarista "fuga hacia adelante". Sin embargo, en los difíciles momentos que deberemos atravesar al fin de este triste ciclo decadente, será bueno tener en el pensamiento esa imagen del futuro, para evitar que las fuertes turbulencias nos confundan.
La Argentina es un gran país. El argentino es un gran pueblo. Sólo hace falta que lo dejen ser. Y que se anime a serlo. Lo espera un futuro cercano ciertamente portentoso.
(*) Abogado, Ex Senador y Diputado Nacional, ex Embajador argentino en España.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
TIEMPO
DESPUÉS DEL TIEMPO K
Por Ricardo Lafferriere (*)
Habremos pasado casi tres lustros narcotizados por una mezcla de engaño, despilfarro, corrupción y cinismo, edificados sobre una angustiante necesidad de creer luego del dramático fin de época de "los noventa".
No habrá tiempo para demasiados reproches ante la urgencia de volver a juntar reservas, reconstruir lo destruido, volver a mirar al horizonte y retomar la marcha.
Pero habrá una enorme ventaja: predominará en el país una generación que aunque no había nacido en tiempos de los grandes desencuentros, tendrá el recuerdo cercano del terrible efecto colectivo que producen los discursos hirientes, la banalización del poder, la complicidad con las mafias, la corrupción y la ruptura de la solidaridad colectiva cuando es reemplazada por el desprecio mutuo y la intolerancia ante la diversidad.
Tendremos de nuevo un país plural, abierto al mundo en la búsqueda de su destino y apoyado en la capacidad creadora de su gente honesta, que es abrumadoramente mayoritaria.
Y recuperaremos el terreno perdido. Volveremos a jerarquizar la educación. De nuevo apoyaremos el esfuerzo emprendedor, que alguna vez nos hizo grandes. Respetaremos las leyes, fruto de un funcionamiento virtuoso de las instituciones recuperadas. Volveremos a dialogar entre iguales, en tono menor, buscando coincidencias que nos permitan generar espacios de consensos y políticas públicas estables.
Cualquiera podrá estar gobernando. Será seguramente un país que esté orgulloso de su colorido político plural trabajando en conjunto. Alguna vez tuvimos una Argentina con Presidente, Gobernadores e Intendentes de diferentes partidos trabajando sin fisuras por el bien de los ciudadanos, sus empleadores. Tiempos de Arturo Illia…
Todos los compatriotas deberán estar incluidos en este relanzamiento nacional, para lo cual tendremos que acentuar las políticas sociales inclusivas, sostenidas por una economía liberada de sus históricas deformaciones atávicas y relanzada a imbricarse con el portentoso avance del mundo global.
Inversiones y tecnologías, mercados y financiamiento, capacitación y cuidado del ambiente, utilización inteligente, racional y prudente de los recursos naturales, aportarán el marco virtuoso de un desarrollo armónico, social y territorialmente integrado en la dimensión continental de un país que volverá a inspirar respeto y afecto en "los libres del mundo", comenzando por sus vecinos.
No es un sueño. Será, al contrario, el despertar de una pesadilla.
Puede parecer hoy una voluntarista "fuga hacia adelante". Sin embargo, en los difíciles momentos que deberemos atravesar al fin de este triste ciclo decadente, será bueno tener en el pensamiento esa imagen del futuro, para evitar que las fuertes turbulencias nos confundan.
La Argentina es un gran país. El argentino es un gran pueblo. Sólo hace falta que lo dejen ser. Y que se anime a serlo. Lo espera un futuro cercano ciertamente portentoso.
(*) Abogado, Ex Senador y Diputado Nacional, ex Embajador argentino en España.
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