Un clamor desesperado a la reina de Olivos
Por Carlos M. Reymundo Roberts
Usted sabe, señora, el respeto y la admiración que le tengo. Sabe también que soy un soldado (raso) de la causa, y que no la considero una presidenta, sino una reina. Por eso, desde la humildad de un servidor permítame el atrevimiento de decirle que están pasando cosas raras; señora, se está enturbiando todo. ¡Haga algo! (además de hablar, digo).
El síntoma preocupante que veo es que se le animan todos. No me refiero a Moyano, que es un peso pesado. Néstor lo quería grande y poderoso, y así lo hizo. Tampoco a Scioli, que, aunque no me lo explique, está lleno de votos. Hablo de una sarta de audaces que empezaron a vender un relato distinto. Hasta ahora había un solo relato y una guerra cultural ganada, y de pronto aparecen estos pícaros que dicen o hacen cosas que no me gustan nada.
Un ejemplo es la senadora Rojkés de Alperovich, la mujer del gobernador tucumano. Persona de su confianza, señora, y un cuadro total. Pues bien, esta semana tuvo el tupé de elogiar a Moyano y de decir que usted no va a ir por la re-re. Es gravísimo. La Rojkés antes no iba al baño sin pedirnos permiso. O hacemos algo o se nos va a animar hasta Barone.
Otro que criticó la re-re fue Lorenzetti, el presidente de la Corte. Uno entiende que se muera de ganas de mudarse a la Casa Rosada, pero eso de hacer un raid mediático para tirarnos pálidas me parece, como diría usted, too much (a propósito, felicitaciones, lo está pronunciando mucho mejor). ¿Se acuerda, señora, cuando una llamada suya lo hacía temblar? ¿Este señor no sabe quién tiene el monopolio del micrófono? ¿Y si le volvemos a mandar a Hebe? ¿Y si lo asustamos con Todorreno Oyarbide? No creo que funcione. Zaffaroni nos puede dar una mano, siempre que no esté muy ocupado con sus operaciones inmobiliarias.
El colmo de estos días fue que Aníbal haya reconocido que lo de la inseguridad no es una sensación. Es cierto que tiene sus cuentas pendientes con la Garré, pero no estoy dispuesto a soportar que nos reme en contra. Aníbal es el general del ejército de los sometidos. Si se atreve a deslizar una crítica es porque estamos en el fondo del mar. Hasta prefiero una deserción de Víctor Hugo; total, la gente no le cree ni cuando canta los goles.
También sacó los pies del plato YPF, nuestra YPF, cuando el miércoles subió los precios 7%. Pero cómo, ¿no iba a estar al servicio del pueblo? Señora, llámelo a Kicillof y pídale una explicación. Primero, porque nunca hay que privarse de una clase de mi amigo Kichi, que entre Keynes, Marx, Moreno y Galluccio está logrando una síntesis incomprensible, pero superadora. Y segundo, porque es un chico al que cada tanto hay que tirarle las orejas. La economía cruje y él anda por la vida sonriendo hasta en los velorios.
El fin de semana pasado me saqué con los columnistas políticos de los diarios: parece que se pusieron de acuerdo para especular con que usted, señora, no está bien. No es que antes la trataran con algodones, pero ahora se animaron a poner en duda su... —no sé cómo decirlo—, su... equilibrio emocional. ¡Irrespetuosos! ¡Desfachatados! Confunden carácter con perturbación; confunden un simple cambio de humor con inestabilidad anímica; confunden congoja con depresión.
Sabe qué pasa, señora: se la dan de psicólogos y no entienden nada. Sólo una persona que está en todos sus cabales es capaz de gobernar en medio de una crisis feroz sin escuchar a nadie; sólo alguien que está muy cuerdo puede sobrellevar la compañía de Moreno; sólo el que está en perfecta armonía espiritual y psíquica resiste a un vice como Boudou.
Me molestó muchísimo, además, que algunos de esos escribas a sueldo hayan puesto en boca de gente de su entorno esta frase insidiosa: "Nos preocupa la señora". ¿Preocupación? Ninguna. Si oyera las maravillas que dicen de usted en voz baja. Todos sus colaboradores la ven espléndida, más lúcida que nunca. Me lo decía uno el otro día: "La veo, incluso, mejor que a Isabelita".
Yo esperaba que usted, mi reina, saliera a castigar a esos terroristas de la pluma, pero me sorprendió el lunes cuando pareció darles la razón al admitir que estaba desgastada. Señora, no lo vuelva a hacer. No hable de desgaste: aproveche que nadie se dio cuenta. No hable de cansancio, si total puede esconderlo detrás de una hora de maquillaje. No se muestre irascible y pendenciera, con lo que nos costó revestirla con las túnicas de la Madre Teresa.
Señora, insisto con mi clamor. Haga algo porque se están animando todos. Qué es eso de que Abalito Medina vaya a hacer papelones a Diputados, negando la inflación, la inseguridad y los billetes de Ciccone. No negó la ley de gravedad por falta de tiempo. Sospecho lo peor: se creyó que es jefe de Gabinete.
Qué es eso de que Lorenzino saque la cabeza y hable. Hay que aplicarle un golpe de Kicillof ilustrado. Qué es eso de que Boudou le pide seriedad a Scioli, que todavía se le está riendo.
Señora, reaccione. Ya sé que esta semana habló todos los días, que hizo estallar el anunciómetro y que tiene previsto pelearse con la otra mitad del mundo en las próximas horas. Pero quizá con eso no alcance. Se disgrega la tropa y se nos atreven hasta los cuatro de copa. De buena onda le pregunto: ¿no habrá algo para corregir, para cambiar? Me parece estar escuchando su respuesta: "Retírese"
lunes, 9 de julio de 2012
CLAMOR
Un clamor desesperado a la reina de Olivos
Por Carlos M. Reymundo Roberts
Usted sabe, señora, el respeto y la admiración que le tengo. Sabe también que soy un soldado (raso) de la causa, y que no la considero una presidenta, sino una reina. Por eso, desde la humildad de un servidor permítame el atrevimiento de decirle que están pasando cosas raras; señora, se está enturbiando todo. ¡Haga algo! (además de hablar, digo).
El síntoma preocupante que veo es que se le animan todos. No me refiero a Moyano, que es un peso pesado. Néstor lo quería grande y poderoso, y así lo hizo. Tampoco a Scioli, que, aunque no me lo explique, está lleno de votos. Hablo de una sarta de audaces que empezaron a vender un relato distinto. Hasta ahora había un solo relato y una guerra cultural ganada, y de pronto aparecen estos pícaros que dicen o hacen cosas que no me gustan nada.
Un ejemplo es la senadora Rojkés de Alperovich, la mujer del gobernador tucumano. Persona de su confianza, señora, y un cuadro total. Pues bien, esta semana tuvo el tupé de elogiar a Moyano y de decir que usted no va a ir por la re-re. Es gravísimo. La Rojkés antes no iba al baño sin pedirnos permiso. O hacemos algo o se nos va a animar hasta Barone.
Otro que criticó la re-re fue Lorenzetti, el presidente de la Corte. Uno entiende que se muera de ganas de mudarse a la Casa Rosada, pero eso de hacer un raid mediático para tirarnos pálidas me parece, como diría usted, too much (a propósito, felicitaciones, lo está pronunciando mucho mejor). ¿Se acuerda, señora, cuando una llamada suya lo hacía temblar? ¿Este señor no sabe quién tiene el monopolio del micrófono? ¿Y si le volvemos a mandar a Hebe? ¿Y si lo asustamos con Todorreno Oyarbide? No creo que funcione. Zaffaroni nos puede dar una mano, siempre que no esté muy ocupado con sus operaciones inmobiliarias.
El colmo de estos días fue que Aníbal haya reconocido que lo de la inseguridad no es una sensación. Es cierto que tiene sus cuentas pendientes con la Garré, pero no estoy dispuesto a soportar que nos reme en contra. Aníbal es el general del ejército de los sometidos. Si se atreve a deslizar una crítica es porque estamos en el fondo del mar. Hasta prefiero una deserción de Víctor Hugo; total, la gente no le cree ni cuando canta los goles.
También sacó los pies del plato YPF, nuestra YPF, cuando el miércoles subió los precios 7%. Pero cómo, ¿no iba a estar al servicio del pueblo? Señora, llámelo a Kicillof y pídale una explicación. Primero, porque nunca hay que privarse de una clase de mi amigo Kichi, que entre Keynes, Marx, Moreno y Galluccio está logrando una síntesis incomprensible, pero superadora. Y segundo, porque es un chico al que cada tanto hay que tirarle las orejas. La economía cruje y él anda por la vida sonriendo hasta en los velorios.
El fin de semana pasado me saqué con los columnistas políticos de los diarios: parece que se pusieron de acuerdo para especular con que usted, señora, no está bien. No es que antes la trataran con algodones, pero ahora se animaron a poner en duda su... —no sé cómo decirlo—, su... equilibrio emocional. ¡Irrespetuosos! ¡Desfachatados! Confunden carácter con perturbación; confunden un simple cambio de humor con inestabilidad anímica; confunden congoja con depresión.
Sabe qué pasa, señora: se la dan de psicólogos y no entienden nada. Sólo una persona que está en todos sus cabales es capaz de gobernar en medio de una crisis feroz sin escuchar a nadie; sólo alguien que está muy cuerdo puede sobrellevar la compañía de Moreno; sólo el que está en perfecta armonía espiritual y psíquica resiste a un vice como Boudou.
Me molestó muchísimo, además, que algunos de esos escribas a sueldo hayan puesto en boca de gente de su entorno esta frase insidiosa: "Nos preocupa la señora". ¿Preocupación? Ninguna. Si oyera las maravillas que dicen de usted en voz baja. Todos sus colaboradores la ven espléndida, más lúcida que nunca. Me lo decía uno el otro día: "La veo, incluso, mejor que a Isabelita".
Yo esperaba que usted, mi reina, saliera a castigar a esos terroristas de la pluma, pero me sorprendió el lunes cuando pareció darles la razón al admitir que estaba desgastada. Señora, no lo vuelva a hacer. No hable de desgaste: aproveche que nadie se dio cuenta. No hable de cansancio, si total puede esconderlo detrás de una hora de maquillaje. No se muestre irascible y pendenciera, con lo que nos costó revestirla con las túnicas de la Madre Teresa.
Señora, insisto con mi clamor. Haga algo porque se están animando todos. Qué es eso de que Abalito Medina vaya a hacer papelones a Diputados, negando la inflación, la inseguridad y los billetes de Ciccone. No negó la ley de gravedad por falta de tiempo. Sospecho lo peor: se creyó que es jefe de Gabinete.
Qué es eso de que Lorenzino saque la cabeza y hable. Hay que aplicarle un golpe de Kicillof ilustrado. Qué es eso de que Boudou le pide seriedad a Scioli, que todavía se le está riendo.
Señora, reaccione. Ya sé que esta semana habló todos los días, que hizo estallar el anunciómetro y que tiene previsto pelearse con la otra mitad del mundo en las próximas horas. Pero quizá con eso no alcance. Se disgrega la tropa y se nos atreven hasta los cuatro de copa. De buena onda le pregunto: ¿no habrá algo para corregir, para cambiar? Me parece estar escuchando su respuesta: "Retírese"
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