LA PREGUNTA SOBRE LOS 30.000
Malú Kikuchi (29/7/2017)
La Argentina que amo, donde nací y pretendo morir, es un país realmente muy difícil. Decirlo ya es una perogrullada, pero acá hay que aclarar todo, y dejarlo bien claro. Aun así, lloverán críticas de todos lados.
Críticas probablemente muy merecidas por meterme donde no hay que meterse, so riesgo de ser tildada de lo que una no es. Entonces, aclaro: un desaparecido es criminal y torpe y se paga caro. Los muertos se entregan.
Repartir chicos es una aberración. Por supuesto que supongo que hubo muchas explicaciones para los dos hechos, fueran las que fueran, estuvo mal. Por eso se ganó la guerra con las armas y se perdió en los medios.
No estoy de acuerdo con los métodos, por culpa de ellos la palabra “desaparecido”, así, en español, nos identifica, y no es honorable ni honrosa. Pero aunque no lo quieran admitir, fue una guerra.
Hay límites que hasta en una guerra no se deben pasar. Acá se hizo y el precio a pagar es muy alto. Demasiado alto. Alto porque las injusticias que partieron de actos ilegales, (no devolver cadáveres previamente juzgados), hoy son juzgados con falsedades y toda la injusticia que dicen combatir.
En la ex ESMA, hoy museo de la memoria, falta la otra parte de esa memoria, sin la cual, no podrá haber historia. Se necesitan todas las memorias con sus diferentes vivencias, recuerdos, hechos, puntos de vista, para que el país tenga La Historia más completa y verídica que sea posible.
En noviembre 2010, de visita en Argentina, *Tvzetan Todorov fue llevado a la ESMA. Todorov, gran defensor de la libertad en todas partes del mundo, dijo: “acá falta la otra parte”. Al diario El País de España, el 7/12/2010, declaró: “En el caso de Argentina, un terrorismo revolucionario precedió al terrorismo de los militares, el uno no se explica sin el otro”.
Pregunto desde hace tiempo y no me dan respuestas. Es lógico que una madre, hija, cuñada, hermana, madrina, amiga o cualquier persona allegada a un “desaparecido”, quiera, necesite saber, porque no lo sabe, donde, en qué fecha, a qué hora se llevaron a su ser querido. ¿Dónde lo llevaron, lo torturaron? ¿De qué lo acusaron, si lo mataron cómo y cuándo y dónde están sus restos? Tiene derecho a saberlo, deben saberlo.
Pero lo que no entiendo de este terrible tiempo de nuestra historia, comprendiendo todo lo que los familiares no saben de “su desaparecido” y, sigo insistiendo, tienen derecho a saber, pero hay algo que sin lugar a dudas, saben: el nombre de la persona que buscan. ¿Por qué esos nombres no aparecen en ninguna de las listas de desaparecidos?
Seguimos sin saber si fueron 8.000 o 10.000 (vuelvo a aclarar, uno ya es imperdonable), pero lo que si sabemos es que no fueron *30.000. Ese fue un número necesario, inventado por Luis Labraña (lo dice en los medios y a quien quiera hablar con él), porque necesitaban establecer un genocidio para recibir ayuda económica de países europeos, expertos en pasados genocidios.
¿Por qué insistir con los 30.000? Un respetable intelectual nuestro, argumenta que es una “cifra simbólica” y que hay que dejarla así. No estoy de acuerdo y no acepto que se oficialice una mentira en la provincia de Buenos Aires, a través de una ley que no permite desmentir la cifra. Es anticonstitucional, atenta contra la libertad de expresión.
Sin justicia no hay paz. Con mentiras no hay justicia. Si las mentiras se oficializan, hay menos justicia. Si eso sucede en un país donde ya existe una grieta política, social y económica, agregarle más profundidad a la grieta, es suicida.
¿Tenemos los argentinos vocación de suicidas? Lo veremos en las próximas elecciones donde la opción es clara, elegiremos entre dos sistemas de vida: o vivir en libertad o volver al pasado y ser Venezuela.
*Tzvetan Teodorov, francés/búlgaro, 1939-2017, lingüista, filósofo, historiador.
*La cifra de 30.000 es el mínimo aceptado para declarar “genocidio” y percibir ayuda económica. La ayuda la recibieron, pero nunca se pudo probar, ni en Argentina, ni en ningún otro país, que fueron 30.000.
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sábado, 29 de julio de 2017
LOS 30.000
LA PREGUNTA SOBRE LOS 30.000
Malú Kikuchi (29/7/2017)
La Argentina que amo, donde nací y pretendo morir, es un país realmente muy difícil. Decirlo ya es una perogrullada, pero acá hay que aclarar todo, y dejarlo bien claro. Aun así, lloverán críticas de todos lados.
Críticas probablemente muy merecidas por meterme donde no hay que meterse, so riesgo de ser tildada de lo que una no es. Entonces, aclaro: un desaparecido es criminal y torpe y se paga caro. Los muertos se entregan.
Repartir chicos es una aberración. Por supuesto que supongo que hubo muchas explicaciones para los dos hechos, fueran las que fueran, estuvo mal. Por eso se ganó la guerra con las armas y se perdió en los medios.
No estoy de acuerdo con los métodos, por culpa de ellos la palabra “desaparecido”, así, en español, nos identifica, y no es honorable ni honrosa. Pero aunque no lo quieran admitir, fue una guerra.
Hay límites que hasta en una guerra no se deben pasar. Acá se hizo y el precio a pagar es muy alto. Demasiado alto. Alto porque las injusticias que partieron de actos ilegales, (no devolver cadáveres previamente juzgados), hoy son juzgados con falsedades y toda la injusticia que dicen combatir.
En la ex ESMA, hoy museo de la memoria, falta la otra parte de esa memoria, sin la cual, no podrá haber historia. Se necesitan todas las memorias con sus diferentes vivencias, recuerdos, hechos, puntos de vista, para que el país tenga La Historia más completa y verídica que sea posible.
En noviembre 2010, de visita en Argentina, *Tvzetan Todorov fue llevado a la ESMA. Todorov, gran defensor de la libertad en todas partes del mundo, dijo: “acá falta la otra parte”. Al diario El País de España, el 7/12/2010, declaró: “En el caso de Argentina, un terrorismo revolucionario precedió al terrorismo de los militares, el uno no se explica sin el otro”.
Pregunto desde hace tiempo y no me dan respuestas. Es lógico que una madre, hija, cuñada, hermana, madrina, amiga o cualquier persona allegada a un “desaparecido”, quiera, necesite saber, porque no lo sabe, donde, en qué fecha, a qué hora se llevaron a su ser querido. ¿Dónde lo llevaron, lo torturaron? ¿De qué lo acusaron, si lo mataron cómo y cuándo y dónde están sus restos? Tiene derecho a saberlo, deben saberlo.
Pero lo que no entiendo de este terrible tiempo de nuestra historia, comprendiendo todo lo que los familiares no saben de “su desaparecido” y, sigo insistiendo, tienen derecho a saber, pero hay algo que sin lugar a dudas, saben: el nombre de la persona que buscan. ¿Por qué esos nombres no aparecen en ninguna de las listas de desaparecidos?
Seguimos sin saber si fueron 8.000 o 10.000 (vuelvo a aclarar, uno ya es imperdonable), pero lo que si sabemos es que no fueron *30.000. Ese fue un número necesario, inventado por Luis Labraña (lo dice en los medios y a quien quiera hablar con él), porque necesitaban establecer un genocidio para recibir ayuda económica de países europeos, expertos en pasados genocidios.
¿Por qué insistir con los 30.000? Un respetable intelectual nuestro, argumenta que es una “cifra simbólica” y que hay que dejarla así. No estoy de acuerdo y no acepto que se oficialice una mentira en la provincia de Buenos Aires, a través de una ley que no permite desmentir la cifra. Es anticonstitucional, atenta contra la libertad de expresión.
Sin justicia no hay paz. Con mentiras no hay justicia. Si las mentiras se oficializan, hay menos justicia. Si eso sucede en un país donde ya existe una grieta política, social y económica, agregarle más profundidad a la grieta, es suicida.
¿Tenemos los argentinos vocación de suicidas? Lo veremos en las próximas elecciones donde la opción es clara, elegiremos entre dos sistemas de vida: o vivir en libertad o volver al pasado y ser Venezuela.
*Tzvetan Teodorov, francés/búlgaro, 1939-2017, lingüista, filósofo, historiador.
*La cifra de 30.000 es el mínimo aceptado para declarar “genocidio” y percibir ayuda económica. La ayuda la recibieron, pero nunca se pudo probar, ni en Argentina, ni en ningún otro país, que fueron 30.000.
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